Noche de comida fusión para las hijas y la suegra de Obama en Palermo

La presencia de Malia, Sasha y la madre de Michelle convulsionó al barrio. Las atendió una camarera colombiana y gastaron casi $ 7.000 entre ocho personas. Qué comieron

A las 22.59, Malia, Sasha y la abuela Marian se retiraron del restó de Humboldt al 1500 Nicolás Stulberg 162
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Por una noche, el corazón de Palermo Hollywood pareció detenerse. La escena ocurrió en el corazón del barrio, un coqueto restaurante llamado Olaya, ubicado en Humboldt entre Gorriti y Cabrera. Grandes camionetas negras, con hombres vestidos con camisas cuadriculadas y móviles policiales a lo largo de toda la cuadra. Cuando el reloj marcó las 22.59, todo se movilizó: las hijas y la suegra del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, acababan de terminar la cena en la primera jornada de la familia en la Argentina.

Malia, de 17 años, Sasha, de 14 y Marian Robinson, la madre de Michelle Obama, se acercaron a uno de los barrios con más vida de la noche porteña para degustar algunos de los platos más exquisitos de comida fusión en Palermo. Las tres encabezaron una comitiva de 17 personas y convulsionaron a todo el barrio. Desde los vecinos, que se acercaban en short y ojotas a la vereda de enfrente del local, periodistas y hasta los jóvenes bien vestidos y con gel en el pelo que se preparaban para vivir la noche de inicio de su fin de semana largo.

Visitar Palermo, el gran objetivo

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"A mis hijas no les voy a dejar disfrutar la noche en Palermo, porque son chicas. Van a tener que volver cuando sean más grandes", había dicho Barack Obama por la tarde, durante su charla con jóvenes emprendedores en La Usina del Arte. Pareció que mientras el presidente y la primera dama estadounidenses celebraban la cena de honor en el CCK, las chicas se empecinaron en conocer Palermo y acudieron al barrio para cenar junto a su abuela.

Las Obama llegaron al restaurante poco después de las ocho de la noche. Como reza el protocolo: fueron acompañadas por dos camionetas negras ocupadas por agentes de seguridad del servicio secreto, tres motos, dos patrulleros y otros tres vehículos de civil de la Policía Federal.

"Hoy, cuando me levanté en mi casa, vi por televisión todo el lío que se armó en la ciudad con la llegada de los Obama. Jamás, pero jamás, imaginé que iba a terminar el día sirviendo y hablando a las hijas del presidente de los Estados Unidos. Sin duda, fue el día más especial desde que estoy en Buenos Aires", le reveló la joven de 28 años en exclusiva a Infobae.

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Malia, Sasha y Marian se sentaron en la mesa principal en un grupo de ocho personas. Allí también estaba el novio de la mayor y otras cuatro amigas de la familia. En algunas mesas aledañas, se sentaron representantes de la embajada de Estados Unidos en Argentina y miembros de seguridad.

Las Obama se mostraron muy entusiasmadas por poder probar los mejores platos de Buenos Aires. Por eso, encargaron una especie de picada con más de diez raciones de comida diferentes para degustar así la gran variedad de carnes y pescados que les ofrecía el bar palermitano. Se les sirvió desde langostinos a la mantequilla, hasta ceviche mixto, pulpito Olaya (pulpo al olivo), trucha ahumada o mariscos del mejor nivel. "Lo que más querían era probar todas las variedades de comida fusión que teníamos. Lo que más les gustó fue el ceviche", reconoció la camarera.

Para el postre, las hijas y la suegra del presidente estadounidense pidieron cuatro platos: Doña Vicky (brownie caliente), Suspiro Limeño, un plato típico de la gastronomía peruana, un volcán de té verde y un sashimi de piña. "Creo que tuvieron una buena variedad de dulces. Por lo que me enteré, se fueron encantadas con el postre", aseguró a Infobae José Gabriel Mendivil, el chef del restaurante.

En total, las jóvenes Obama, su abuela y sus cinco acompañantes en la mesa principal gastaron cerca de 7.000 pesos, que fueron pagados con tarjeta de crédito por el Servicio Secreto estadounidense. "Fueron muy generosos con la propina", añadió la camarera que las atendió.

Tensión en la calle

El único momento de tensión de toda la noche se vivió poco después de las 22, cuando en la calle Cabrera sonó un estruendo de lo que pareció ser un petardo. De manera inmediata, 20 hombres vestidos con camisas cuadriculadas, pantalones beige y un look casi hipster salieron disparados de las dos camionetas negras con ametralladoras cargadas y se apostaron alrededor de toda la cuadra para evitar cualquier peligro.

Todos los testigos presentes quedaron en pánico: algunos se metieron dentro de los edificios desde donde espiaban y hasta hubo quienes se escondieron detrás de los autos estacionados.

Ya a un minuto de cumplirse las 11 de la noche, Malia, Sasha y su abuela Marian se subieron a una camioneta gris y junto a la inmensa comitiva se esfumaron en apenas segundos. Allí fue cuando el caos de Palermo Hollywood recuperó su normalidad.

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