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Hemos visto que durante la primera guerra mundial Einstein se distinguió como un ferviente pacifista e internacionalista y que, una vez finalizada la contienda y abolido el antiguo régimen imperial, celebró la llegada de la República de Weimar. No es sorprendente, por consiguiente, que por muy grande que fuese su prestigio científico le surgiesen (o se manifestasen con mayor libertad que antes) enemigos políticos. Ahora bien, en principio, tales adversarios centraron sus ataques en cuestiones científicas, en particular en la teoría de la relatividad.

La primera vez que se manifestó en toda su virulencia la oposición a Einstein, como judío, pacifista y simpatizante de ideas socialistas, fue en 1920

Aunque ya se encontró con otros problemas (por ejemplo, en un curso que dio en la Universidad de Berlín en febrero de 1920), la primera gran ocasión en que se manifestó en toda su virulencia la oposición a Einstein, a su persona como judío, pacifista y simpatizante a las ideas socialistas, y a su ciencia, fue el 24 de agosto de 1920, durante una reunión organizada por una Arbeitsgemeinschaft deutscher Naturforscher zur Erhaltung reiner Wissenschaft e. V. (Sindicato de Científicos Alemanes para la Conservación de la Ciencia Pura) y preparada por el activista antisemita radical y populista Paul Weyland, que fue, asimismo, el primer orador.

Entre las acusaciones que Weyland vertió figuraban las de "búsqueda de publicidad" y "plagio", añadiendo que en su opinión la teoría de la relatividad no era más que "psicosis de masas", "producto de una época confusa que ya había provocado algunas otras cosas repugnantes entre la multitud". [...]

Ahora bien, Weyland no estaba solo, ni rodeado únicamente de arribistas ignorantes en materias científicas. Estuvo apoyado por Philipp Lenard y Johannes Stark, como ya dije premios Nobel de Física en, respectivamente, 1905 y 1919, y futuros nazis destacados.

Einstein asistió a la representación de la Sinfónica de Berlín del 24 de agosto y una semana después publicó un artículo en el Berliner Tageblatt, en el que escribía: "Un variado grupo se ha reunido para formar una asociación bajo el pretencioso nombre de Sindicato de Científicos Alemanes, con el único propósito, de hecho, de denigrar la teoría de la relatividad y a mí como su autor ante los ojos de los no físicos. Recientemente, los señores Weyland y Gehrcke pronunciaron una conferencia con este fin en la sala de la Filarmónica de Berlín, a la que asistí personalmente. Soy totalmente consciente de que ambos conferenciantes no merecen una contestación de mi pluma, pero, tengo buenas razones para creer que existen otros motivos, que no son la búsqueda de la verdad, detrás de su comportamiento. (Si yo fuese un nacionalista alemán, llevase o no una esvástica, en lugar de un judío de inclinación liberal internacionalista...) Solamente respondo porque he recibido repetidas peticiones de ámbitos bien intencionados para que haga público mi punto de vista". Y, en este punto, Einstein pasaba a comentar los pseudoargumentos científicos y filosóficos de sus oponentes.

La inquina continuaría los años siguientes. Así, en 1922, Philipp Lenard, junto con el también físico Ernst Gehrcke (que había sido el segundo orador en el acto del 24 de agosto de 1920) y diecisiete más, la mayoría físicos, matemáticos, astrónomos y filósofos, firmaron una protesta pública en contra de la teoría de la relatividad, con ocasión de las celebraciones del centenario de la Gesellschaft Deutscher Naturforscher und Ärzte (Asociación Alemana de Científicos de la Naturaleza y Médicos). Su protesta fue publicada en la prensa. En 1931, dos años antes de que Hitler llegase al poder, se publicó un librito de 104 páginas titulado Hundert Autoren gegen Einstein (Cien autores en contra de Einstein), preparado bajo la dirección de tres personas, Hans Israel, Erich Ruckmann y Rudolf Weinmann (1931), sin ninguna formación científica.

No tardó mucho Hitler en comenzar a implementar su ideología racial

Paralelo a todo aquello fue el ascenso social del Partido Alemán Nacionalista (Deutsche-Nationale), que en las elecciones de 1920 obtuvo 66 escaños en el Reichstag; cuatro años después, este número ascendía a 96. Ya antes de estas elecciones, una facción antisemita más extremista se separó de este partido, uniéndose al Partido Obrero Alemán Nacional-Socialista (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei), dirigido desde 1921 por Adolf Hitler (1889-1945), que venía manteniendo posiciones ideológicas en contra de los judíos desde, al menos, 1920 (parte de su programa de 25 puntos era que sólo camaradas raciales, Volksgenossen, podían ser ciudadanos, y que los judíos estaban excluidos de esa categoría). Los dos grupos juntos obtuvieron 32 escaños en las elecciones de 1924. Como se sabe, las graves crisis por las que atravesó Alemania después de 1929 aumentaron la popularidad y poder de los nacionalsocialistas (nazis), que en las elecciones de 1930 obtuvieron 6.400.000 votos y 107 diputados; en las celebradas en julio de 1932 pasaban a obtener el 37 por ciento de los votos (unos 14 millones). Con sus 230 diputados y la ayuda de los partidos conservadores, Hitler consiguió formar Gobierno y ser nombrado canciller el 30 de enero de 1933.

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No tardó mucho Hitler –dos meses, nada más– en comenzar a implementar su ideología racial. El 31 de marzo, algunos jueces fueron apartados de sus funciones en Prusia por ser judíos. Una semana después, el 7 de abril, firmada por Hitler, como Canciller, Wilhelm Frick, el ministro del Interior, y por el conde Schwerin von Krosigk, ministro de Economía, se promulgaba la famosa "Ley de restauración de la carrera del funcionariado" (Gesetz zur Wiederherstellung des Berufsbeamtentums), con la que de hecho se pretendía purgar todas las escalas de funcionarios, profesores universitarios incluidos, por supuesto. El parágrafo número 3 era el que se refería a los no-arios:

1. Serán apartados de sus puestos todos los funcionarios que no sean de origen ario. En lo que se refiere a los funcionarios honorarios, serán apartados de todo tipo de funciones oficiales.

2. El parágrafo 1) no se aplicará a aquellos funcionarios que lo fuesen el 1º de agosto de 1914, que luchasen en el frente defendiendo al Imperio Alemán o a sus aliados durante la Guerra o cuyos padres o hijos cayesen en la guerra.

"Mientras se me permita elegir, sólo viviré en un país en el que haya libertades políticas, tolerancia e igualdad de todos ante la ley" (Einstein)

Asimismo, se determinaba que se suspendería a "los funcionarios cuyas actividades políticas previas no ofrezcan la seguridad de que apoyarán invariablemente y sin reserva al Estado nacional". Con respecto a sus salarios, los recibirían durante tres meses después de ser cesados; a partir de ese momento, tendrían tres cuartos de la pensión que les correspondiese. En otras palabras: los funcionarios que habían conseguido su puesto durante la República de Weimar, que no eran de ascendencia aria o cuyas actividades políticas no garantizasen que servirían sin reservas al nuevo régimen, tenían que abandonar sus puestos. En teoría, los no arios que habían obtenido sus puestos antes del comienzo de la primera guerra mundial, que habían luchado en el frente durante aquella guerra o cuyos padres o hijos habían fallecido en acto de servicio en la guerra, podían conservar sus empleos. En la práctica, sin embargo, también estas personas perdieron sus puestos con bastante rapidez. [...]

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Afortunadamente, cuando Hitler llegó al poder, Einstein estaba pasando, como desde hacía un par de años, el semestre de invierno en el California Institute of Technology de Pasadena (por entonces también había aceptado una fellowship permanente en Christ Church College de Oxford que lo obligaba a pasar allí un trimestre cada año (...). Enseguida, decidió romper sus relaciones con la nación que lo había visto nacer. El manifiesto que hizo público en marzo de 1933 contiene la esencia de la filosofía que defendió a lo largo de su vida en cuestiones sociales:

"Mientras se me permita elegir, sólo viviré en un país en el que haya libertades políticas, tolerancia e igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. La libertad política implica la libertad de expresar las propias opiniones políticas verbalmente y por escrito; la tolerancia implica el respeto por todas y cada una de las creencias individuales. Estas condiciones no existen en Alemania hoy en día. Quienes más han hecho por la causa de la comprensión internacional, entre quienes se encuentran muchos artistas, sufren, en ella, persecución."

"No existen motivos para lamentar la renuncia de Einstein" (comunicado de la Academia Prusiana de Ciencias)

Lejos de comprender sus razones, sus compañeros de la Preussische Akademie der Wissenschaften (Academia Prusiana de Ciencias) reaccionaron en su contra, haciendo pública el 1 de abril la siguiente declaración:

"Con verdadera indignación, la Preussische Akademie der Wissenschaften, a través de los periódicos, ha sabido de la participación de Albert Einstein en la campaña de difamación emprendida en Francia y en América. Esta institución exige una inmediata explicación. Entretanto, Einstein ha anunciado su renuncia a la academia, fundamentándola en que no puede continuar al servicio del Estado prusiano bajo su presente gobierno. Como ciudadano suizo, también se propone renunciar a la nacionalidad prusiana, que había adquirido en 1913, al ser aceptado como miembro de la academia. La Preussische Akademie der Wissenschaften se siente particularmente molesta por las actividades de agitador que Einstein lleva a cabo en países extranjeros, dado que tanto esta institución como sus miembros siempre se han sentido hondamente ligados al Estado prusiano y, si bien en política se han mantenido al margen estricto de toda parcialidad partidista, siempre han sostenido y guardado fidelidad a la idea nacional. Por estas razones, no existen motivos para lamentar la renuncia de Einstein."

Albert Einstein siempre vestía de gris. El frondoso bigote negro lo acompaño desde muy joven 162
Albert Einstein siempre vestía de gris. El frondoso bigote negro lo acompaño desde muy joven 162

El 5 de abril, ya de regreso a Europa e instalado en Le Coq-sur-Mer, una pequeña localidad belga de la costa atlántica, bajo la protección de los reyes belgas, con los que mantenía relación desde hacía años, Einstein contestaba negando haber "tenido jamás participación en ninguna campaña de difamación en ningún sitio" y señalando que las declaraciones que había "brindado a la prensa estaban relacionadas con mi intención de renunciar a mi puesto en la academia y de renunciar a la nacionalidad prusiana". "Mi decisión se basa –añadía– en que no quiero vivir en un país donde los individuos no gozan de igualdad ante la ley ni de la libertad de cátedra y de expresión." [...]

Y, así, Einstein abandonó definitivamente Alemania. [...]

Es cierto, como hemos tenido oportunidad de comprobar en varias ocasiones, que el espíritu, la mentalidad alemana, estaba muy alejada de su propia personalidad, pero aun así es preciso distinguir con claridad que su aversión por mucho de "lo alemán", no significa que no amase, y muy profundamente, dominios básicos de la cultura germana o, mejor, centroeuropea de habla alemana; que no amase, en primer lugar, su idioma, que siempre manejó con amor y sencillez, pero también con elegancia, un idioma que le permitía giros y combinaciones que encajaban magníficamente con su personalidad, plena de humor e ironía. Ni que no valorase especialmente la filosofía de habla alemana: en sus labios aparecían con frecuencia los nombres de Schopenhauer, Kant o Mach. ¡Y qué decir de la física y los físicos! Como vimos, desde joven había bebido de las fuentes de los Kirchhoff, Helmholtz, Hertz, Mach o Boltzmann; estimaba especialmente a Max Planck, no tanto por sus aportaciones científicas, que desde luego valoraba, sino por la persona que era, aunque mantuvieran en ocasiones posturas encontradas. Y junto a Planck, Max von Laue, ario, y Fritz Haber, judío. Tampoco nos debemos olvidar de la música, que para él representó siempre un lugar de reposo y consuelo. Amaba con pasión a Bach y a Mozart, mientras que a Beethoven lo admiraba más que amaba: "Para mí, Beethoven es demasiado dramático y personal", escribió.

¿Cómo olvidar lo que Einstein debió a Alemania?

Ante la insistencia del editor alemán de una revista que en 1928 quería que Einstein le respondiese unas preguntas sobre Bach, contestó: "Esto es lo que tengo que decir sobre la obra de Bach: escuchen, toquen, amen, reverencien y mantengan sus bocas cerradas". También estimaba a Schubert, uno de sus favoritos, por "su superlativa habilidad para expresar emoción y sus enormes poderes de invención melódica"; a Schumann, por sus trabajos menores, en los que mostraba su "originalidad y riqueza de sentimientos", aunque, añadía, su "falta de grandeza formal me impide disfrutarlo completamente". Por último, admiraba la inventiva de Wagner, pero veía "su carencia de estructura arquitectónica como decadencia" y encontraba "su personalidad musical indescriptiblemente ofensiva", lo que hacía que "la mayor parte de las veces le escuchase sólo con disgusto".

En vista de todas estas influencias y amores, ¿cómo olvidar lo que Einstein debió a Alemania? En alguna medida, atemperado por su propio, personal e irreductible, genio, Einstein formó parte de la cultura científica, filosófica y artística germana de finales del siglo XIX y comienzos del XX, no importa lo mucho de detestable que esa misma cultura también terminó produciendo.

Pero continuemos. La aversión de Einstein por Alemania culminaría tras la segunda guerra mundial: "un país de asesinos de masas", la denominó en una carta que escribió el 12 de octubre de 1953 a Max Born, que también tuvo que abandonar Alemania (terminó instalándose en Edimburgo) debido la política racial implantada por Hitler.

Einstein fue una auténtica bestia negra para los nazis

De hecho, Einstein, al contrario que muchos de sus colegas (Born incluido), nunca aceptó volver a pisar suelo germano, que había abandonado en 1932; cuando, en 1949, lo invitaron a reanudar sus relaciones con la principal organización científica germana, la antigua Kaiser-Wilhelm-Gesellschaft, ahora rebautizada como Max Planck-Gesellschaft, Einstein contestó:

"El crimen de los alemanes es verdaderamente el más abominable recogido nunca en los anales de la historia de las así llamadas naciones civilizadas. La conducta de los intelectuales alemanes –vista como un grupo– no fue mejor que la de la chusma. Incluso ahora no veo indicios de ningún arrepentimiento ni de ningún deseo verdadero de reparar incluso lo más pequeño que ha quedado para restaurar después de los gigantescos asesinos. En vista de estas circunstancias, siento una irreprimible aversión a participar en cualquier cosa que represente aspecto alguno de la vida pública en Alemania."

Albert Einstein escribe la ecuación de la Teoría de la Relatividad Especial ( un paso anterior a la General), en el pizarrón del Observatorio Wilson de Pasadena, en California, EE UU. 162
Albert Einstein escribe la ecuación de la Teoría de la Relatividad Especial ( un paso anterior a la General), en el pizarrón del Observatorio Wilson de Pasadena, en California, EE UU. 162

Einstein fue una auténtica bestia negra para los nazis. Su personalidad política y el hecho de ser judío constituían obstáculos insalvables para el régimen de Hitler. Y no sólo fue repudiada su persona sino también su ciencia: surgió un movimiento en favor de una Deutsche Physik ("Física Alemana"), uno de cuyos presupuestos era que la relatividad einsteiniana representaba una aberración. Científicos tan notables como Philipp Lenard y Johannes Stark se erigieron en líderes de semejante movimiento. En febrero de 1936, Stark escribía:

"Ahora Einstein ha desaparecido de Alemania y ningún físico serio ve ya su teoría de la relatividad como una revelación intocable (...)".

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Antes de partir para América, Einstein pasó el mes de junio en Oxford, donde se entrevistó con Winston Churchill. De allí viajó a Suiza, su última visita al país que tanto había amado, [y] embarcó rumbo a Norteamérica, junto a Elsa, Helen Dukas y Walther Mayer, desde Southampton el 7 de octubre de 1933.

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Un personaje molesto para algunos judíos alemanes

Habitualmente se habla únicamente de la persecución de los nazis alemanes a Einstein y de cómo, en el caso de Einstein al igual que de los judíos en general, la población germana permaneció en silencio, argumentando más tarde que "ellos no sabían" o que tenían demasiado miedo, pero hay otro elemento del que se ha hablado poco y es la reacción de repulsa de algunos judíos alemanes ante Einstein, al que acusaban, al menos en parte, de la persecución que sufrían en la Alemania de Hitler. Una carta que Elsa Einstein dirigió a Antonina Vallentin, el 11 de abril de 1933, habla por sí sola:

"La tragedia sobre el destino de mi marido es que todos los judíos alemanes lo hacen responsable de las terribles cosas que les están sucediendo allí. Creen que su conducta les produce represalias y, en su cortedad de miras, han establecido el santo y seña de rehuirlo y odiarlo. Así, recibimos más cartas de judíos que de nazis. Pero la verdad es que él se ha sacrificado por los judíos. No tuvo miedo y no los abandonó. ¿No es trágico que la misma gente que lo había tomado como un icono esté ahora echando barro sobre él? Están tan intimidados y atemorizados allí que emiten una declaración tras otra, asegurando lo bien que lo están pasando allí y que no tienen nada que ver con Einstein ni quieren saber ni tratar nada con él [...]. Mi marido está recibiendo constantemente cartas desagradables. Las pobres, ciegas, estúpidas gentes de allí. Los judíos alemanes lo consideran su perdición. Sólo lee esas grandísimamente indignas declaraciones dictadas por el miedo y la desesperación de la Asociación Central de la comunidad judía."

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Problemas en Estados Unidos

En general, la vida que Einstein llevó en Estados Unidos, nación cuya ciudadanía adoptó en octubre de 1940, transcurrió sin demasiados problemas, salvo los continuos requerimientos que recibía constantemente, pero, en un país tan extenso, variado y complejo, no faltaron quienes no recibieron con agrado la presencia del gran genio de la ciencia. Los archivos del Federal Bureau of Investigation, el FBI, muestran que así fue.

En 1932, antes por tanto de que Einstein se instalara definitivamente en Estados Unidos huyendo del régimen de Hitler, la Corporación de Mujeres Patriotas envió un escrito al Departamento de Estado pidiendo que se prohibiese la entrada del físico alemán en el país. Como soporte legal se remitía a la Ley de Exclusión y Deportación de Extranjeros que, revisada en julio de 1920, prohibía la entrada (o si ya habían entrado, la permanencia) en Estados Unidos de anarquistas o quienes escribieran, hablaran o incluso pensaran como anarquistas. Además de considerarlo un anarquista de hecho o en potencia, esta Corporación de Mujeres Patriotas pedía, de la mano de su presidenta, la señora Randolph Frothingham, que se impidiera la entrada a Einstein por ser el "líder del nuevo pacifismo militante":

"¿Quién es líder mundial reconocido, quién, por su pertenencia directa a grupos y organizaciones comunistas y anarco-comunistas y por sus propios esfuerzos personales, está haciendo más para sacudir la maquinaria militar [como] condición preliminar para cualquier revolución popular?"

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(Extractado de "Albert Einstein, su vida, su obra y su mundo", de José Manuel Sánchez Ron, Crítica, 2015)