Está acusado de haber cometido más de 20 ataques sexuales ocurridos entre 1989 y 1992 La Gaceta 162
Está acusado de haber cometido más de 20 ataques sexuales ocurridos entre 1989 y 1992 La Gaceta 162

E.R.C trató de recordar lo mejor posible cuando se presentó ante el fiscal entrerriano Juan Ramírez Montrull en septiembre de 2012. Tenía ya 37 años; no le fue sencillo volver a 1991 en su mente, cuando ocupaba un pupitre y una cama en el Seminario de sacerdotes Paraná, con el padre Justo José Ilarraz como su prefecto de disciplina. Bajo el régimen de alumno pupilo en su temprana adolescencia, solo podía salir cada dos meses aproximadamente. Los domingos por la tarde recibían visitas de sus familiares. Ilarraz, por su parte, sabía todo, incluso qué había en la mente de sus seminaristas. En 1991, mientras tenía 15 años, en un campamento en Córdoba, E.R.C le reveló al sacerdote lo que sería un tabú para cualquier joven aspirante a cura: le contó que se había enamorado de una chica. Sorprendentemente, el prefecto no lo fustigó por tentarse con el camino de la carne. Le dijo, según las propias palabras del seminarista al fiscal de la causa "le agradecía la confianza que le había tenido y que siempre había querido acercarse a él y no sabía cómo".


Así, E.R.C entró, precisamente, al círculo de confianza del cura, y a su habitación personal en el Seminario, donde sus estudiantes favoritos se reunían con él tras la cena para charlar y jugar al ajedrez, al menos mientras las luces estuviesen encendidas. El contacto físico comenzó rápidamente: "Luego comenzó a acostarse e Ilarraz le hacía masajes en la espalda y luego le pedía que le hiciera masajes a él, posteriormente avanzó más ya que lo acariciaba en el rostro y en el cabello y luego, lo besaba en la boca", aseguró ante la Justicia en su testimonio.


Los abusos siguieron, de acuerdo a su testimonio, durante todo 1991. Ante el fiscal del caso, E.R.C -una sigla de fantasía empleada para proteger la identidad del seminarista, como todas las de esta nota- detalló todo lo que pudo. El objeto procesal para este caso en particular se vio reflejado en el procesamiento dictado en contra de Ilarraz por la jueza Susana Firpo en julio de 2015, un documento de 120 páginas al que Infobae accedió en forma completa. Así, la magistrada imputó a Ilarraz de "haber procedido a besarlo en la boca, efectuarle tocamientos en los genitales y hacérselo tocar, lavarle el pene, para luego intentar penetrarlo analmente, diciéndole que si lo penetraba no era pecado siempre que no hubiese derrame de líquido, en oportunidad que se encontraban a solas en la habitación que tenía asignada".


E.R.C no salió indemne: dos peritos psiquiátricos del Cuerpo Médico Forense entrerriano declararon que evidenció al momento de ser analizado evidenció "indicadores de una experiencia traumática grave sufrida durante su adolescencia con secuelas patológicas severas en su aparato psíquico" y "signo-sintomatología de TEPT (estrés pos-traumático crónico) asociado a trastorno del ánimo depresivo reactivo, como así también dificultades para sociabilizarse y mantener relaciones interpersonales". No fue el único caso: otros seis seminaristas se constituyeron en una querella junto a él para llevar a la Justicia al padre Ilarraz.


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El caso del sacerdote ya había sido revelado en 2012 tras los primeros testimonios y la investigación realizada por el periodista Daniel Enz. Hoy, cobra una nueva relevancia. No solo fue mencionado en una larga lista de hechos de abuso y encubrimiento dentro de la Iglesia en Spotlight, ganadora del Oscar a Mejor Película. También, la suerte del cura deberá ser decidida por la Corte Suprema de la Nación. El máximo tribunal requirió la causa completa para resolver el histórico planteo de la defensa de Ilarraz: que los delitos por los cuales fue procesado, al haber ocurrido presuntamente entre 1989 y 1992, prescribieron.


Fueron casos de abuso los que denunciaron los siete seminaristas ante la Justicia. Infobae detalla una parte de ellos en esta nota, tomados del procesamiento contra Ilarraz que firmó la jueza Firpo. Lo vivido por el seminarista E.R.C es solo un comienzo. D.G.N, nuevamente una sigla de fantasía para proteger su identidad, enfrentó algo más escabroso.


D.G.N tenía la misma edad que su compañero; E.R.C acudió a él como confidente años después para hablar de lo que sufrió en un acto de catársis. Para D.G.N, los ataques habían comenzado un año antes, en 1990, cuando estaba en segundo año. Afirmó que una noche "se encontraba en el pabellón durmiendo y se despertó porque sintió algo y al abrir los ojos vio que Ilarraz lo estaba besando en la boca y le acariciaba el rostro" y "que la noche en la que Ilarraz se le acercó y lo besó estaba ya la luz apagada, pero pudo reconocerlo por la claridad de la ventana. Como Ilarraz era su autoridad máxima, su tutor no tuvo reacción ante su actitud, es decir no se opuso e incluso pensó que era algo que sucedía en el seminario. Ante ello Ilarraz continuó acariciándolo y besándolo y luego se fue del lugar".


Ilarraz no se habría detenido ahí con D.G.N. La jueza Firpo le imputó que "entre fines del año 1990 y en el transcurso del año 1991, siempre luego de las 22:30 horas, en forma reiterada y en oportunidad de que se encontraba a solas en su habitación con el menor con motivo de mantener una charla con el mismo por ser su guía espiritual" abusó de D.G.N "llevándolo al pasillo que unía su despacho con la habitación, acariciándolo en el rostro y tocándole sus partes íntimas por debajo de la ropa, momento en que le expresaba que mientras más se acercaba y quitaba las prendas de vestir mayor iba a hacer la confianza entre ellos, diciéndole que no le contara lo sucedido, ni haga lo mismo con sus compañeros". Hubo un episodio siguiente: "en el transcurso del año 1991 en horas de la siesta, luego de realizar una actividad deportiva, Ilarraz invitó al menor a su habitación y le pidió que se bañaran juntos, lo besó en la boca para luego masturbarlo, diciéndole que antes de terminar le avisara para evitar que eyacule", asegura el documento.


Para D.G.N, el ultraje máximo de parte de su presunto guía espiritual habría llegado a mediados de 1992, ya a sus 16 años. El ex seminarista no pudo recordar la fecha exacta. Estaba a solas en su habitación. Luego de una charla, lo llevó a su cama, "quitándole la ropa y acariciándolo en sus partes íntimas, le tomó el pene y se lo introdujo en la boca, luego de lo cual le pidió que se diera vuelta e intentó penetrarlo".


El más chico de todos

A.R.N tenía 13 años en 1992. Fue quizá la víctima más precoz del cura Ilarraz. Los presuntos ataques comenzaron cuando tenía apenas 12 años. Cursaba séptimo grado y tenía vocación sacerdotal, forjada por retiros espirituales con su párroco de confianza. Se hacían, precisamente, en el Seminario. Allí lo conoció a Ilarraz. Con el tiempo, el cura se convirtió en su confesor, pidiéndole que anote sus pecados en una libreta para contárselos cada viernes. El cura llenaba, al menos, un vacío. "En ese momento el dicente tenía muchos problemas familiares, su padre era muy violento, por lo que tenía una ausencia absoluta de la figura paterna, de esta manera encontró en Ilarraz una persona que le abría sus brazos, su confianza, le brindaba su afecto y a partir de ahí hablaban mucho de lo que le pasaba", asegura el expediente.


La evaluación psicológica realizada por los psiquiatras forenses designados que designó la Justicia de Entre Ríos, que descartaron cualquier signo de fabulación, no devolvió resultados alentadores para A.R.N: "Predomina la cavilación de ideas en relación a la temática de abuso y de características displacenteras. La búsqueda constante de respuestas a sus preguntas lo llevan a sumirse en estados de introspección con tendencia al aislamiento social", razonaron los peritos. "Las secuelas que este hecho traumático ha ocasionado en la salud del peritado se advierten sobre todo a nivel de la esfera psíquica, configurando un trastorno de evolución crónica y de evolución tórpida", continuaron. Dicho en simple, los supuestos abusos dañaron profundamente su mente y su vida.


Ante el fiscal de la causa, recordó un primer ataque, en su cama a medianoche, ya como seminarista a sus trece años. Ocurrió en "el pabellón en donde dormía el menor junto a los demás internos. Ilarraz, de acuerdo al relato, llegó para "meterse debajo de las sábanas, acariciarle el vientre rozando el calzoncillo hasta llegar a excitarlo, momento en que le hablaba en el oído acerca de la amistad profunda que había entre ellos; luego le tocó los genitales, masturbándolo y lo besaba en el cuello, en el rostro y en la boca, sacando su lengua, le tomó la mano y se la llevó hasta sus genitales y comenzó a masturbarse, le pidió que lo besara y que sacara su lengua como él lo estaba haciendo; ante todo ello el menor eyaculó por lo que le tapó la boca para evitar que sea escuchado por sus otros compañeros, sacó su mano y le dijo 'bueno te quiero mucho, esto queda entre nosotros', se levantó y se fue del lugar".


 La Gaceta 162
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Ese mismo año, ocurrió un segundo hecho, mismo escenario y horario. El cura "se acercó a su cama y le dijo que lo esperara en el fondo; por lo que el menor se levantó y se dirigió hacia el baño que se encontraba al final del pabellón, junto a los lavaderos y los tendederos de ropa y, estando en su interior se hizo presente Ilarraz, quien lo colocó contra la pared y comenzó a besarlo en la boca, ante la resistencia del menor, siguió insistiendo de que fueran a la zona de las duchas de dicho baño, las que estaban frente a los bebederos y sin ninguna luz, pero como el menor se negó se retiró del lugar".


A mediados de ese año, cerca de las 16 horas, Ilarraz, declaró A.R.N, lo convocó a su habitación para llevarlo a su cama, desnudarse y desnudar al joven seminarista. Lo que ocurrió después es una de las máximas escenas de degradación y ultraje a un menor en todo el expediente: "Tomó su cabeza y se la llevó hacia sus genitales y lo forzó a que se metiera su pene en la boca, ante la resistencia que ofrecía el mismo y luego de que le dieran arcadas, le soltó la cabeza; luego le pidió que se acostara en su cama y se acostó junto a él, momento en que como el niño cerraba los ojos le pidió que lo mirara, que no tuviera vergüenza, luego comenzó a levantar su cuerpo hasta llegar con su pene a la mitad del cuerpo del menor, quien se dio vuelta contra la pared, por lo que comenzó a masturbarlo hasta que el mismo eyaculó, ante lo cual se enojó, se levantó y se vistió".


Sin embargo, en la larga lista, es una rareza que Ilarraz cometa sus supuestos ataques fuera del ámbito institucional de la Iglesia. Un seminarista detalló un juego macabro ocurrido en un departamento de Paraná junto a otro chico. El mismo seminarista describió cómo en noviembre de 1989, por la medianoche, el cura lo penetró en su propia habitación, otra rareza en sus presuntos ataques, basados en tocamientos y masturbaciones.


Esta es la cita completa del procesamiento: "Sin poder precisar fecha exacta, pero a fines del año 1992, siendo alrededor de las 16:30 horas, con la excusa de que irían a la casa de un familiar suyo, trajo al menor y a otros de sus compañeros a un departamento sito en esta ciudad, desconociéndose la ubicación precisa, y luego de decirles que se quedaran en el comedor porque él se iba a bañar, apareció en dicho lugar todo desnudo y luego de preguntarle al menor 'te queres bañar', se acercó al mismo y lo desnudó tocándolo en todo el cuerpo hasta lograr que los miembros de ambos quedaran erectos; luego se acercó al primer menor, lo desnudó y comenzó a masturbarlo, momento en que le metió los dedos en la cola, logrando que el mismo eyaculara y mientras desplegaba dicho accionar llevó la mano del menor hacia sus genitales para que lo tocara; asimismo y mientras lo masturbaba le pidió al segundo menor que se acercara y pasara su cola sobre los genitales del primer menor".


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Cómo sigue la causa

La Corte Suprema, por lo pronto, no tiene fecha fija para expedirse sobre la suerte de Ilarraz, hoy con 57 años de edad y domicilio fijado en San Miguel de Tucumán. La diputada provincial Rosario Romero, una de tres abogados de la querella, apunta a Infobae: "Nosotros le pedimos días atrás por escrito a la Corte que devuelva el expediente principal. Ya lo habíamos planteado ante el recurso extraordinario de la defensa, también con un pedido para que confirmen los 4 fallos de la Justicia provincial, fundamentalmente el del Tribunal Superior de Justicia, que ratificó que los abusos no prescriban basado en lineamientos de la Corte Interamericana". La querella planea pedir una audiencia en conjunto con el fiscal de la causa. El pedido de la querella del caso se encuentra a despacho, un signo alentador.


Será, entonces, la Justicia del Estado la que defina el destino de los gravísimos hechos que se le imputan a Ilarraz. La Justicia de la Iglesia, por su parte, no hizo demasiado. Muchos de los seminaristas afirmaron haber tomado parte en un juicio diocesano que llegó directamente al arzobispo de Paraná y hoy cardenal emérito Estanislao Karlic. La cúpula de la Iglesia, en vez de denunciarlo penalmente, decidió reciclarlo lejos de Entre Ríos. Infobae pudo saber que, hasta al menos cinco años atrás, ofició los sacramentos como párroco en la localidad tucumana de Monteros.


Un ex seminarista que estudió en Paraná apunta: "Ingresé dos años después de todo lo que había ocurrido. No puedo explicar el silencio que había con respecto al tema. Es increíble cómo lograron silenciar algo y llegar a tanto hermetismo al punto que ni conocíamos de la existencia del cura Ilarraz". El silencio de la cúpula eclesiástica, luego bajo monseñor Puiggari, no fue acompañado por el resto de los sacerdotes: varios curas de la diócesis de Paraná insistieron en denunciar el caso en 2010 con una carta al entonces arzobispo y se volvieron parte del expediente. "Arriba no les dieron bolilla, se fueron yendo, cansados", afirma una voz que conoce las internas de la curia entrerriana.