Catalina Island: el imperdible tesoro californiano

Palmeras exuberantes, playas de arena blanca y las aguas más cálidas de la costa oeste. Qué hacer en una ciudad que vive de día y no duerme de noche

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Desde el puerto de San Pedro en Los Ángeles, el Catalina Express demora una hora en llegar a Santa Catalina Island –o directamente "Catalina", como la llaman los lugareños-, distante 35 kilómetros de la costa del sur de California. Los ferries tienen salidas regulares durante todo el año desde cuatro puertos continentales (Long Beach, Dana Point, Newport Beach y San Pedro). Durante el cruce, hay que mantener los ojos bien abiertos porque con frecuencia se observan delfines y ballenas.

Con sus palmeras exuberantes, playas de arena blanca, las aguas más cálidas del verano, y puestas de sol que emocionan, Catalina se destaca como un isla ideal para una escapada de fin de semana que permita disfrutar todas las atracciones deseables para un refugio apartado –alojamientos agradables, restaurantes de mariscos frescos, gran cantidad de deportes acuáticos para toda la familia- y además algunos hallazgos inesperados, entre ellos, la historia de una estrella (aquí vivió Marilyn Monroe), aventuras extraordinarias en áreas silvestres e, incluso, una bodega de vinos propia.

Vida marina

Llego al muelle de Avalon, la capital, y la vista me recuerda una Riviera del Mediterráneo como si, de golpe, una hora después de salir de Los Ángeles hubiera llegado a Europa.

Visitar una ciudad que sólo se puede recorrer a pie, en bicicleta o en carrito de golf dice mucho sobre el ritmo de las cosas. Por suerte, la ciudad principal de Avalon tiene una superficie de apenas una milla cuadrada, lo que permite caminar con tranquilidad hasta la mayoría de las atracciones.

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Pero lejos de ser eso una molestia es una gran ventaja. Saben que mi gran aliada de los viajes es la bici, así que alquilo una para toda mi estadía. Enfilo con la bici a Descanso Beach, que es el centro de diversas actividades y deportes acuáticos. Está a más o menos 2 kilómetros del puerto de Avalon. Allí se pueden alquilar kayaks y hacer paddleboard (hay lecciones y paseos guiados), lo que es una excelente manera de avistar delfines, focas, leones marinos y, con suerte, peces voladores.

Me alquilo un equipo de snorkel y entro en un mar brillante, azul. Aquí se puede tener contacto con una excepcional y abundante vida marina. Si bien las aguas del Pacífico californiano son agradablemente refrescantes aquí (22°C en verano), la mayoría de los buceadores y practicantes de snorkel usan trajes de neopreno para explorar el mundo submarino; la isla ofrece equipos e instructores.

Un día deportivo y noche de casino

Al dia siguiente, llego con mi bici al Catalina Island Conservancy, una organización fundada en 1972 y que constituye uno de los fideicomisos de tierras privadas más antiguos del sur de California. Hoy protege el 88% de la Isla Catalina a modo de reserva cuidadosamente administrada. La isla es el hogar de más de 60 especies de plantas, animales e insectos endémicos que no habitan ningún otro lugar de la Tierra, el denominado "interior" de Catalina alberga especies raras, entre ellas, el zorro de Isla Santa Catalina.

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De allí tomamos una ecoexcursión guiada en jeep y recorremos caminos de terracería con naturalistas experimentados, quienes comparten sus conocimientos e información sobre los zorros y otras especies nativas, así como sobre los residentes más inesperados de la isla, una ruidosa manada de bisontes americanos (cuyos antepasados ??fueron llevados a Catalina en 1924 como extras para una película).

La noche se presenta ideal para conocer el Casino. Desde su majestuoso entorno ubicado en el extremo norte del puerto de Avalon, este impactante edificio circular se erige como un centinela que da la bienvenida a quienes llegan desde el continente desde poco antes de la Gran Depresión.

Este majestuoso edificio Art Decó fue el sueño de William Wrigley Jr., quien compró una participación mayoritaria de Isla Catalina en 1919.

Un poco de historia y aventura

Dedicado al arte, la cultura y la historia de la isla, el Museo de Catalina constituye un excelente medio para orientarse al visitar Avalon por primera vez. Actualmente situado en el primer piso del Casino de Catalina, el museo incluye una pequeña sala de cine digital, galerías históricas y una sala especial, con espectáculos muy variados, entre ellos, muestras de residentes famosos, como Norma Jean, más conocida como Marilyn Monroe.

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El paseo permite conocer a los habitantes originarios de Catalina, la tribu Pimungan, así como a los primeros colonos europeos, que trabajaban como mineros o cazadores de nutrias. También, obviamente, está presente el legado de William Wrigley, Jr., quien adquirió la mayor parte de los derechos de la isla en 1919 y la convirtió en el destino vacacional isleño que es hoy. La familia Wrigley todavía es propietaria y administra gran parte de la isla.

Vida silvestre

Cañones remotos, cimas azotadas por el viento, cuevas y playas secretas: este es un lugar donde podés recargar la batería de tu mente en lugar de la de tu teléfono. El interior inmaculado —nombre que se le asigna al 88 % de la isla que no ha sido explotada— está administrado por Catalina Island Conservancy y conforma una pequeña zona silvestre, perfecta para un día de senderismo alejado del mundo, a la que se puede acceder sólo mediante un permiso.

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Para alejarse verdaderamente de todo, habría que evaluar pasar una noche en uno de los cinco campamentos de la isla o en las zonas de camping a las que se puede acceder por kayak o botes, pero, bueno, mi tiempo solo da para esto.

Vuelvo al centro del Conservancy y estoy listo para la última aventura de la estadía; la ecoexcursión de Catalina en tirolesa, un descenso de casi 1,220 metros por el cañón hasta Descanso Beach. Ya con el atardecer encima, vuelvo al Lodge para hacer mi bolso y alcanzar el ferry de vuelta a Los Ángeles. Catalina me deslumbró, por eso nunca hay que dejar pasar un buen dato.