Suelen conocerse –y cada vez más a menudo– historias de parejas que se separan y que tras la ruptura, o bien debido a problemas en la relación, alguno de los dos termina haciendo públicas imágenes que habían sido tomadas en la total confianza de la intimidad.
Si se tiene en cuenta que cada minuto Facebook cuenta con más de 3 millones de posteos nuevos, en sólo 60 segundos se cargan 41.640 fotos en Instagram y 120 horas de video en YouTube, y se envían más de 13 millones de mensajes por Whatsapp, podrá tenerse una dimensión del volumen de información que circula día a día.
Y en esa nube de información que circula a diario transitan, casi como quien no quiere la cosa, videos, fotos y audios de parejas en situaciones muy íntimas. Es que en el afán por compartir y mostrar todo, parecería que en un momento se pierde la noción de qué es apto para exhibir y qué no.
Consultado por Infobae sobre qué rol juega la privacidad en esta época en que todo se hace público, el médico psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin consideró que si bien la sexualidad sigue siendo un asunto privado, que se realiza en la intimidad del mundo propio, "puede sorprender como una paradoja que tanta exposición de lo sexual tenga aún aspectos escondidos que apenas se asoman por las puertas de los cuartos".
"Sucede que lo que se muestra con bombos y platillos, con osadía y sin pudor, no es lo que sucede en el ámbito privado. La exposición pública del sexo no condice con el comportamiento que se desarrolla en la intimidad –reflexionó–. La sexualidad de los medios de comunicación, de internet, ni la que se juega en el discurso de las redes sociales es la de la intimidad: el mundo público y el privado aún se hallan distantes y con interferencias en el diálogo".
Si bien existe más desinhibición y búsqueda de nuevos estímulos, el pudor, el miedo a fallar, la desconfianza, el no estar a la altura de la circunstancia siguen apareciendo en las relaciones amorosas y eróticas.
Tras asegurar que "la llegada de internet permitió el acceso rápido a cualquier material erótico, con sexo explícito, o bien la filmación de películas caseras o fotos de alto voltaje", el especialista analizó que "hoy en día las parejas encuentran diferentes opciones para enriquecer el encuentro sexual; están convencidas de que la intensidad del deseo se apaga bajo la rutina y que algo hay que hacer".
"La pérdida de la comunicación, el estrés y las diferentes responsabilidades a asumir día a día son exigencias que afectan cada vez más la vida amorosa –analizó–. Las parejas van aprendiendo que 'con el amor no basta' y que se hace imprescindible 'trabajar' para mantener el deseo e ir descubriendo diferentes formas de contactarse sexualmente".
Y profundizó: "Si antes el estímulo visual con material ajeno servía para excitarse, ahora se elige el recurso de lo propio (fotos y videos caseros), no sólo como una forma de exposición, sino de definir la personalidad mediante el cuerpo como instrumento erógeno".
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