Fotos: el drama de las ancianas tatuadas de Argelia

A muchas mujeres de la etnia Chaouia, que viven en los montes Aurés, les hacían tatuajes en el rostro como símbolo de belleza. Hoy son hostigadas por musulmanes ortodoxos, para quienes es pecado

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En la cultura occidental, los tatuajes están asociados a la juventud y, en algunos casos, a un acto de rebeldía frente a las tradiciones. Es exactamente al revés entre los Chaouia, donde es habitual ver mujeres en las que los dibujos del rostro se confunden con los pliegues de las arrugas.

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"Tatuarse la cara era la regla, lo que indicaba la moda", contó Fatma Tarnouni, que recordó sus años de juventud. "Para ser hermosa tenías que tatuarte. Así que yo lo hice", explicó.

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Pero hoy, muchas décadas después, no son pocas las que se arrepienten. En los últimos años, interpretaciones radicales del islam que condenan el arte corporal han ganado mucho terreno en Argelia, y ellas lo sufren.

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En compensación, los guardianes de la fe les exigen donaciones. "Tuve que entregar todas mis joyas de plata, llorando", contó Aisha Djelal, de 73 años.

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No obstante, estas mujeres no sólo son víctimas de los nuevos imperativos morales y estéticos. También sufrían los del pasado. Si bien algunas se tatuaban voluntariamente, otras eran forzadas.

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"Todavía me acuerdo. Fue muy doloroso y lloraba sin parar. No quería que me tatuaran", dijo Djena Benzahra, que ahora tiene 74 años, pero que tenía sólo nueve cuando la madre la obligó. Ahora, ella también tuvo que donar sus joyas por pecar sin saberlo.

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Algunas se atreven a desafiar a los fanáticos. Khadra Kabssi, de 74 años, tatuada voluntariamente por su prima a los 21, es un ejemplo. "En ese momento éramos muy jóvenes, no creíamos que estábamos cometiendo un pecado. Yo sólo quería ser linda", dijo.

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"No creo en lo que dicen respecto del castigo que tendré que soportar después de la muerte, para nada. Si la serpiente quiere comerme, como ellos dicen, que se sienta libre de hacerlo. Voy a estar muerta, así que no voy a sentir nada", concluyó.

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