fue elegido nuevo
. El alcalde de la
se impuso por un claro margen en el ballotage que lo enfrentó contra
, el hombre designado por la mandataria
para intentar retener el poder. Asumirá la primera magistratura el próximo 10 de diciembre.
Macri, quien representó a la coalición opositora Cambiemos, ganó en la segunda vuelta electoral y desterró de la primera magistratura al Frente para la Victoria (FPV), el partido político fundado por el matrimonio de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, quien mantuvo el poder durante doce años, luego de una crisis política y económica severísima, que conmovió al país en los primeros años del siglo.
Bajo ese sello, FPV, la mandataria argentina impuso a Scioli, el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, como su propio candidato. Sin embargo, el apoyo dado por la presidente y por todo el aparato político de ese distrito -el más importante en votos y en presupuesto- no fueron suficientes para contrarrestar el malestar generado en la sociedad durante los cuatro últimos años.
Ese malestar no pudo ser disuadido por el candidato oficialista, quien bajo la sombra de Cristina Kirchner, no logró conquistar a una masa de electores defraudados por una corrupción descontrolada, falta de respuesta en materia de seguridad, un dramático crecimiento del narcotráfico en los distritos más populosos, una economía desordenada e índices de inflación alarmantes que golpearon el salario de los trabajadores y de la clase media argentina durante gran parte de la administración saliente.
El largo camino a la presidencia
En 2015, los argentinos debieron sufragar tres veces para conocer quién sería el nuevo presidente por los próximos cuatro años. El inicio de ese camino fue el pasado 9 de agosto en lo que se denomina por ley Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO). En esa instancia el frente Cambiemos conformado por Macri, Elisa Carrió y Ernesto Sanz consiguió un 30.12 por ciento de los votos. El FPV alcanzó lo que sería su victoria más amplia en el proceso electoral, aunque insuficiente: 38.67 por ciento.
En octubre pasado, los números sorprendieron a ambos partidos. Con la elección ya en su recta final, el electorado equilibró la balanza. Scioli cosechó el 37.08%, en tanto que Macri superó las expectativas de propios y extraños: 34.15 por ciento. Ambos debían volver a enfrentarse en un histórico e inédito ballotage. Pero la percepción que flotaba en el aire era que el "cambio" era inevitable. "Cambio" fue justamente el eslogan que inundó la campaña del jefe de Gobierno porteño.
Ese día, y pese al estrecho triunfo del FPV, la jornada estuvo marcada por la victoria de Cambiemos en la Provincia de Buenos Aires, el bastión gobernado por Scioli e históricamente simpatizante del partido oficialista. Esa derrota configuró un golpe imposible de asimilar para Cristina Kirchner y para el propio candidato presidencial oficialista.
Las cuatro semanas que separaron esa primera vuelta del ballotage descubrieron a un Scioli diferente y apartado de la imagen que había proyectado durante toda su carrera política, iniciada allá por los años noventa de la mano del ex presidente Carlos Saúl Menem. El ex vice de Néstor Kirchner desnudó un perfil más agresivo con el cual pretendió propagar miedo a la ciudadanía. No le alcanzó y Macri lo dejó en evidencia durante el debate electoral: "¿En qué te has transformado, Daniel? ¿En qué te han transformado?", le recriminó públicamente el ahora presidente electo.
Los desafíos de un país dividido
Con el triunfo de este domingo, Macri tiene por delante no sólo el objetivo de emprolijar la economía, profesionalizar y hacer más eficiente el estado, desterrar el narcotráfico y reducir los índices de inseguridad. Quizás la mayor de esas metas sea poder barrer con una política que pretendió dividir a una sociedad fácil de enojar, a la que durante doce años se le inculcó que existían dos veredas: no estar con el gobierno implicaba estar contra él.
El esperado "cambio" repetido como un karma por el candidato y sus seguidores deberá también tener en cuenta ese "cambio" y transformar un país dividido en un bloque único, sin diferencias irreconciliables.
Macri también podría marcar un rumbo diferente en la región. O al menos, intentarlo. Es por eso que buscará la expulsión del régimen venezolano como miembro del Mercosur, por no respetar la cláusula democrática. Si lograra este movimiento en el tablero latinoamericano, el gobierno de Nicolás Maduro podría quedar más aislado aún, sólo con el acompañamiento de Evo Morales (Bolivia) y Rafael Correa (Ecuador).
Sin embargo, para lograr eso, Macri deberá convencer a otros presidentes. Restará saber qué opinarán sus pares continentales: la brasileña, Dilma Rousseff, el uruguayo Tabaré Vázquez y el paraguayo Horacio Cartes. El flamante mandatario electo tiene buen vínculo con éste último, lo que podría derivar en una acción coordinada para expulsar a Nicolás Maduro de ese bloque económico del Cono Sur. Ese también sería un gesto importante hacia el mundo y un verdadero "cambio" de rumbo.
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