En un comunicado, la Asociación de la Industria del Azúcar (SIA) atacó el estudio "Isocaloric fructose restriction and metabolic improvement in children with obesity and metabolic syndrome" ("Restricción isocalórica de la fructuosa y mejora metabólica en niños con obesidad y síndrome metabólico"), que se difundió en la publicación científica Obesity y probó que en sólo 10 días de restricción de consumo de azúcar mejoran todos los patrones de salud metabólica: la presión sanguínea, los triglicéridos, el colesterol LDL (el malo); los niveles de tolerancia a la glucosa y los de insulina circulante.
"Fracasa en el intento de dar exactitud científica a preguntas importantes que necesitan respuestas legítimas", expresó la SIA —que representa a las grandes compañías azucareras de los Estados Unidos, como Domino Sugar y C&H Sugar— sobre el estudio que encontró "poco fidedigno" y "con fallas".
—¿Qué opina de las críticas al estudio que hizo la industria del azúcar? —preguntó Infobae a uno de los autores del trabajo, Alejandro Gugliucci, profesor de Bioquímica y decano adjunto de Investigación en Touro University.
—Estábamos preparados para las críticas. Algunas son originalmente fundadas y otras son defensa de territorio. Obviamente, todo aquel que vende azúcar no va a estar contento con esto, a menos que sea una persona de criterios altruistas morales muy elevados. Es lo natural. Creo que si esto se ratifica con múltiples estudios epidemiológicos, que hay muchísimos, va a haber un ataque de la industria del azúcar y de las compañías productoras contra los datos, y luego habrá un periodo en el cual se realizarán más estudios hasta que la evidencia sea incontrovertible y en ese momento los gobiernos tomarán medidas. Va a llevar varios años, porque será lo mismo que pasó con el tabaco.
"Obviamente, todo aquel que vende azúcar no va a estar contento con esto"
—¿El caso social del reconocimiento del tabaco como malo para la salud se puede repetir con el azúcar?
—Hace 50 años las compañías decían que el tabaco no producía cáncer. Y financiaban estudios que sostenían que el tabaco no producía cáncer. La comunidad científica se tuvo que adaptar a producir cada vez más estudios sobre el tema hasta que fue incontrovertible, y los comités nacionales reconocieron que la evidencia era tan grande que había que parar. Se puso entonces la leyenda "El tabaco es perjudicial para la salud", y se difundió que es cancerígeno. Es muy probable que con el azúcar suceda, a lo largo de los años, un proceso similar de acción y reacción. Pero nadie va a culpar a las compañías por defender su cuota de mercado. Simplemente, en algún momento van a tener que darse cuenta de que se tienen que reconvertir a otra cosa: se puede vender agua, se puede vender stevia.
¿Cuestión de peso?
La SIA atacó la baja de peso de los participantes que no podían comer todo lo que se les daba, aunque el valor energético era el mismo: sucedía que las calorías del azúcar mantenían abierto el apetito, y las de otros hidratos de carbono complejos permitían la saciedad.
"El estudio se organizó para asegurar que los sujetos mantendrían su peso corporal, pero a medida que se desarrolló los sujetos no lo mantuvieron", dijo el comunicado de la entidad. "Treinta y tres de los 43 participantes perdieron peso: un promedio significativo de 2 libras por persona en nueve días. Eso hace imposible separar los efectos de la pérdida de peso de los cambios dietarios en las variables de salud medidas".
Sin embargo, la pérdida de peso no fue siquiera estadísticamente relevante: niños de 150 kilos perdieron, como máximo, dos.
—¿Qué significa que los niños no hayan podido comer sin azúcar la misma cantidad de calorías que comían con azúcar?
—Fue uno de los pequeños problemas que hubo: no se podían comer todo. Tratamos de que no hubiera pérdida de peso, pero ocurrió en la mitad de ellos. Pero son niños que pesan 150 kilos y perdieron uno a dos kilos. Con cálculos estadísticos se puede obviar el pequeñísimo cambio de peso; nadie puede esperar que cuando uno pesa 150 kilos y pierde uno le mejoren todos los valores. Pero eso hay que aclararlo porque una pérdida de peso significativa cambia la insulina.
—Si eso no fue, ¿qué pasó?
—Sucede es que la fructuosa no estimula la saciedad, y cuando hay un nivel muy alto de insulina hay una hormona, la leptina —que es la forma en que el tejido graso se comunica con el cerebro— que no puede avisar que hay que dejar de comer. Cuando uno tiene mucha insulina circulante está doblemente maldito, porque la insulina impide que el tejido graso se comunique con el cerebro para que se deje de comer: es un ciclo vicioso. Lo que probablemente sucede con estos niños es que al sacarles el azúcar se sacian más rápido. Y al saciarse más rápido, a la larga, si se los deja, van a perder peso. Lo cual sería bueno para ellos: vienen a una clínica porque son obesos, a tratar de resolver su problema de peso.
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