Gutemberg creó la imprenta en 1455 y apenas medio siglo después, en los albores de la Edad Moderna, la prensa sensacionalista ya hacía furor entre los lectores. En hojas de gran formato, impresas de un solo lado, se relataban crímenes, catástrofes naturales o eventos extraordinarios.
El historiador francés Maurice Lever los recopiló en un libro en un libro, "Pasquines sangrientos" [Canards sanglants. Naissance du fait divers. Fayard, 1993]. Aquí damos una muestra de algunos de ellos, reservando para el final el increíble caso de la mujer que simulaba ser hombre y llegó a casarse.
Estos pasquines no tenían periodicidad, eran "ocasionales", y se vendían puerta a puerta. Presentaban al público con la mayor cantidad posible de detalles lo que hoy llamaríamos noticias sensacionales, o "todo lo que molesta e intriga, fascina y asusta", dice Lever en su estudio preliminar. El autor considera a estas páginas como el nacimiento de la sección policiales: "La tragedia instantánea, el horror inmediato, el asesinato intransitivo".
Asomarse a ellos es experimentar la sensación de que no hemos inventado nada. Estos "ocasionales" muestran que el hombre, desde tiempos inmemoriales, disfrutó de esa "voluptuosidad suprema" que consiste en "el escalofrío del miedo al abrigo de todo riesgo, la imagen del sufrimiento al abrigo del dolor", escribe Lever.
Ente los títulos compilados se lee por ejemplo: "Crueldad más que bárbara de tres soldados españoles contra una joven señorita flamenca, los que luego de haberle robado por la fuerza el tesoro de su virginidad, le hicieron sentir la muerte. Además, el justo castigo de sus secuestradores asesinos, el 6 de abril de 1606".
Indudablemente el voyerismo engendró y engendra aún muchas de las formas más masivas de "espectáculo". Hoy, la televisión remplaza a la arena del circo, pero lo que está en juego es lo mismo: el espectáculo de un ser humano lidiando con el dolor, la violencia y la muerte.
Pierre de l'Estoile (1546-1611) es un coleccionista francés que consumía estas hojas informativas y las consignaba en su diario: "Hoy, la mujer de un panadero, sorprendida en adulterio, se precipitó de lo alto de una ventana y se mató"; "el jueves 11, el hijo de La Martinière, director de Cuentas, apuñaló en París, de 15 golpes, a su propia hermana, gruesa de 6 meses, (historia) llena de un maravilloso juicio de Dios [sobre] toda esa casa, cuya ignominia no puede cubrirse con el silencio"; "el lunes 29 fue colgado en París, en un extremo del puente Saint-Michel, un adúltero que...."; etcétera, etcétera.
Los primeros ocasionales de esta índole datan de 1529. El texto sol ía ir ilustrado con un grabado rústico, para sumar atractivo. El hecho real era adornado por la imaginación de los autores –también sucede hoy- que le aseguran al lector que se trata de casos reales: historia verídica, retrato cierto, discurso muy verdadero. Pero también se encuentran adjetivos que apelan a lo increíble: maravilloso, admirable, prodigioso, verdadero o incluso prodigioso y verdadero.
Los autores son anónimos. Y de nivel cultural muy variado, que va de una prosa bastante elemental al alardeo de erudición, lo que lleva a Lever a pensar que muchos de ellos deben ser clérigos. Otra pista sobre la identidad religiosa de los cronistas es la frecuencia de la inducción profética y de la condena celestial: "Nunca se vivió un siglo más infame que el nuestro"; o bien: "No quiero negar que el libertinaje esté tan en boga (que) Dios, irritado contra nuestros pecados, nos deje librados a la hambruna , a la peste contagiosa y a la guerra..."
Cada artículo viene precedido de una justificación. La finalidad moral permite eludir la censura, la exposición de hechos pecaminosos se justifica por su función edificante y disuasiva. "Es necesario que la vida de los malos sea representada para que enmendemos la nuestra..."
En las historias con ingrediente sexual, la mujer ocupa posiciones extremas: o es la inocente a quien roban el más preciado tesoro –su virtud, sinónimo de virginidad- o es la aliada del diablo en atraer al hombre al pecado: astuta, infiel, transgresora y portadora del mal que aterroriza, la enfermedad venérea.
"Periodismo, reportaje, crónica judicial, ficción novelada: en estos pasquines hay un poco de todo eso a la vez, sin dejar de constituir en sí mismo un género literario, o infra-literario", dice Lever.
Estos "pasquines sangrientos" son crudos pero inocentes a la vez; frutos de una época de pensamiento todavía mágico. Sin embargo, el morbo que revelan está lejos de haber sido superado: ¿qué diferencia hay entre esta exposición de crímenes brutales y otros eventos fúnebres, con la prensa sensacionalista o los reality shows de hoy? ¿O entre la afición por asistir a ejecuciones en la plaza pública medieval y el voyerismo que garantiza hoy el éxito de toda historia que prometa sangre y sexo?
En el fondo de todo, está, como señala el compilador, "esta suerte de fascinación turbia, mezcla de repulsión y atracción, que el hombre siempre sintió frente a lo extraño y lo anormal".
Criminales arrepentidos y castigos ejemplares
Constantes de estas historias son el arrepentimiento del criminal, que con frecuencia pide su propio castigo y además le habla al público antes de morir, para prevenirlo contra las conductas que pueden llevarlo a correr su misma suerte. ¿Verdad o adorno del cronista?
Los títulos son un resumen del contenido. Por ejemplo: "Discurso de una muy grande crueldad cometida por una señorita llamada Anne de Buringel, la cual hizo envenenar a su marido, su padre, su hermana, dos pequeños sobrinos (...), todo por libertinaje. Y, como se casó con su libertino (Maurice Talleys) y Dios permitió que la verdad fuese conocida, (discurso) del castigo de ellos por la justicia. El todo sucedido en Lucera, [Italia], en abril de 1587."
La múltiple asesina no pudo disfrutar mucho del amante por el cual cometió estos desenfrenos. Porque el tal Talleys, "consumado el matrimonio, viendo que tenía lo que deseaba, empezó a desbordarse, rondar juegos, festines y banquetes, de lo cual Anne empezó a entrar en celos y a odiarlo". Ambos terminaron incriminándose el uno al otro. La pena fue terrible. Primero fueron llevados frente a una Iglesia para, con una soga al cuello, dar gracias a Dios y a la justicia. De ahí a la plaza pública, donde "tuvieron la lengua y el puño cortados; hecho esto, fueron decapitados, las cabezas puestas en sitio eminente para memoria, y los cuerpos quemados".
Moraleja: "(Dios) no permite que estos actos malvados permanezcan impunes, a fin de que todos tomen ejemplo, principalmente los niños, para mantenerlos siempre en temor, en el amor de Dios, y de sus padres, madres, parientes y amigos".
Monstruo serial
Hay también historias de asesinos seriales: "Discurso admirable de los homicidios cometidos por un llamado Cristeman, alemán ejecutado en la ciudad de Berckessel, cerca de Mainz, quien en su juicio confesó haber matado 964 personas".
"Esto resultaría increíble –admite el cronista- si no se hubiese encontrado en su refugio una lista de todos los que mató, escrita por su mano, con el día y la forma en que todo había sucedido". Alguna parte humana tenía el monstruo, ya que un día se prendó de la hija de un tonelero y, en vez de matarla, la raptó. "La llevó a su caverna y durante los siete años que estuvo allí, ella le dio seis hijos, a los que les torcía el cuello apenas nacían", dice el pasquín. La infortunada logró fugarse un día y lo denunció.
"Fue condenado a tener las piernas y brazos descoyuntados y luego se lo puso en la rueda para languidecer, donde vivió nueve días enteros, durante los cuales se lo sustentaba con carne y bebida par alargar lo más posible su suplicio", explica con saña el autor.
No falta el drama social, como el que trasunta este boletín: "Historia sanguinaria, cruel y fascinante de una mujer de Cahors en Quercy, quien desesperada por el mal gobierno y administración de su marido, y por no poder aplacar la hambruna insoportable de su familia, masacró inhumanamente a sus dos pequeños hijos, y consecutivamente a su marido, por cuyos asesinatos fue ejecutada el 5 de febrero de 1583".
Sorprendentemente, antes de ser ejecutada, la infeliz tuvo el coraje de pronunciar un discurso: "Oh, ustedes, hombres que Dios hizo a su imagen y semejanza, y por el mismo medio superiores de la mujer, refrénense les ruego de los dados, cartas y otros de la suerte. [....]... y si no pueden distraerse del juego, por lo menos dejen algún medio a sus mujeres para su alimento y el de sus hijos (...) como no aconteció en mi caso y de lo cual cuatro muertes se sucedieron..."
Pese al alegato, fue ahorcada en la plaza pública. La clemencia no era el tono de la época.
La mujer, perdición del hombre
"Suplicio de un hermano y una hermana decapitados en Grève por adulterio e incesto", es un título de 1603. El padre de los infortunados pidió clemencia, que le fue negada por estar la joven casada, lo que a todas luces era un agravante. "No hay inmundicia que provoque tanto la ira de Dios y atraiga tantas crueles venganzas como el adulterio (...) Y sin embargo no hay delito más común", reflexiona el autor, que luego se entrega a una disquisición sobre quién es más culpable en estos casos, el hombre o la mujer.
"Es algo todavía no decidido –dice- cuál de los dos da más motivo y ocasión al mal, visto los adornos, perlas, botones, escotes, coloretes, polvos, rizos y artificios, miraditas, caricias...." Enumeración que revela a un hombre observador y sensible a las "telarañas y redes" que las féminas tendían a los incautos.
La enseñanza es evidente: "Oh, qué terrible es la muerte de estos pecadores y qué peligroso y espantoso es caer vivo de las manos de Dios! (...) Juventud ociosa, mírate en este espejo".
Bailes peligrosos, caníbales, demonios y lobizones
"Historia lamentable de una joven señorita que tuvo su cabeza cortada en la ciudad de Burdeos por haber enterrado vivo a su niño al fondo de un sótano". Crónica es para escarmiento de las jóvenes, que deben evitar los bailes -en uno de ellos perdió la virtud la muchacha en cuestión -, "fuentes de deshonestidad, cobertura de vicios lujuriosos, ruina de la castidad, bailes en los que entran adornadas de la preciosa joya de la virginidad para salir generalmente corrompidas...".
Tampoco falta el canibalismo: "Historia horrible y aterrorizante de un hombre más que rabioso que degolló y comió a siete niños en Châlons en Champagne".
O: "Historia prodigiosa de una joven de Dole, Franche-Comté, la que hizo comer el hígado de su niño a un gentilhombre que había violado su pudor bajo cubierta de un falso casamiento".
Y esta otra que suma la superstición: "Fallo memorable de la Corte del Parlamento de Dole del 18º día de enero de 1574 contra Gilles Garnier, por haber, bajo forma de lobizón, devorado varios niños y cometido otros crímenes". Con un agregado erudito: "Enriquecido de algunos puntos recogidos de diversos autores para esclarecer la materia de esta transformación".
Son varias las historias en las que el diablo mete la cola y obliga a cometer delitos atroces a los poseídos, cuando no los comete él mismo.
"Historia milagrosa y admirable de la condesa de Hornoc, flamenca estrangulada por el diablo en la ciudad de Anvers (...) el 15 de abril de 1616"; "Historias espantosas de dos magos que fueron estrangulados por el diablo en París en la Semana Santa" (abril 1615).
"Historia nueva y prodigiosa de una joven mujer que colgó a su padre por haberla casado contra su voluntad, sus negativas y sus lágrimas, con un viejo impotente en amor, celoso de su sombra, y que la atormentaba sin cesar. Ejecutada en Niza, el 14º de marzo de 1609". El cronista se muestra lleno de piedad por esta pobre "Diana" que debió soportar que su padre la entregara a un monstruo y a la vez sorprendido por la ira que lleva a la joven a ahorcarlo haciendo pasar una soga por una viga del techo, "algo increíble, si la potencia del diablo no se hubiese inmiscuido".
Deformidades congénitas y fenómenos extraordinarios
"Discurso prodigioso y verdadero de una mucama que produjo un monstruo luego de haber estado en compañía de un simio, en la ciudad de Mesina. En este discurso son recitadas las palabras que la susodicha profirió estando en el suplicio, (el) día en que fue quemada con el monstruo y con el simio". Podemos imaginar la dantesca escena...
El nacimiento de siamesas es lógicamente noticia: "Discurso prodigioso de dos niñas nacidas en París el 17 de enero de 1605 (...), unidas por el vientre inferior, teniendo dos cabezas, cuatro ojos, cuatro brazos y dos naturalezas". Y amerita interpretación: "De nuevo París [...] donde toda corrupción y abominación se practica y se comete...."
"Discurso sobre el cometa aparecido sobre la ciudad de París los 29 y 30 de noviembre de 1618". Mal augurio, sin duda, pero "la misericordia de Dios" puede "proteger a los hombres".
Propaganda política
Algunas catástrofes naturales son leídas en clave de lucha entre católicos y protestantes o de guerra al "infiel".
"Los espantosos terremotos y fuegos milagrosamente caídos del cielo, que arruinaron seis ciudades, derribadas y fulminadas, tanto por el fuego del cielo como por el terremoto [en el actual Yemen]. Junto con el discurso de los que se convirtieron a la fe por la predicación de un religioso que iba en viaje hacia Jerusalén. Cosa horrible, maravillosa y espantosa, y necesaria de ser leída y retenida por cada cristiano" (publicado en 1580).
"Prodigios espantosos ocurridos a la ciudad de Constantinopla. Los que no significan otra cosa sino que nadie más que el muy cristiano rey de Francia debe poner fin a la tiranía de los turcos". Mensaje político transparente.
"Castigo de Dios a los holandeses [protestantes], en su ciudad capital de Ámsterdam, por un abismo de fuego, que consumió y quemó el nuevo templo y veintidós casas", febrero de 1618.
Estos pasquines hasta tienen corresponsales, como el embajador de Francia en Turquía, que envía una "relación" sobre "el nacimiento del Anticristo en Babilonia", de lo que "tuvo noticia encontrándose en Constantinopla" (Estambul).
Final feliz
Dejamos para el final una historia realmente "extraordinaria" pero con final feliz, y cuya trama no tiene nada que envidiarle a la telenovela: "Discurso maravilloso (de) una joven flamenca, nativa de Mons, Hainaut, que huyendo del mal deseo de su padre que la quería forzar, se disfrazó de hombre, y habiendo cambiado su nombre, fue casada con la hija de un mercader de Tournai, donde, acusada de haber violado a niños pequeños, fue condenada a la hoguera: lo que se comprobó falso mientas la llevaban al suplicio".
¿Increíble pero cierto? Martina, de 15 años, huye del "amor ilícito" de un padre viudo y libidinoso a quien roba dinero y un caballo, adopta aspecto masculino, evidentemente por seguridad, y va a parar a otra ciudad donde, con el nombre de Martín, entra al servicio de un mercader que lo adopta como "hijo" y llega a verlo como un buen partido de su única heredera, Jacqueline. Poniendo "todo bajo la gracia divina" (sic), Martín acepta casarse.
¿Cómo hizo para seguir simulando ser hombre en la noche de bodas? Respuesta: "Llegada la noche, al terminar el festín, la desposada y el marido se acuestan juntos en el lecho nupcial, donde Martín todo tembloroso, sabiendo que no tenía el remedio para curar la pasión amorosa de la casada, la calma con infinidad de besos, y fingiéndose enfermo se duerme hasta el amanecer cuando se levanta apresurado. La casada, por esta primera noche, no se espanta para nada –aunque el asunto le resultó bien amargo. Pero viendo esta cosa seguir por veinte o treinta noches durante las cuales Martín se declaraba siempre enfermo, empezó a decirle: "(...) Tengo entendido que uno se casa para tener hijos, pero no hay riesgo de que nosotros los tengamos..."
No le quedó más remedio a "Martín" que revelar su secreto: "Mi amiga, soy una muchacha virgen, como creo es usted". Y acá viene lo más extraordinario: "La recién casada prometió no decir ni palabra, y por el amor que se tenían una a otra, guardar su virginidad y pasar su vida con Martina, apodada Martin". ¡Y así lo hicieron durante 5 años! Pero un día Martín fue acusado de haber violado a dos pequeñas sobrinas, lo que obligó a revelar su verdadera identidad sexual, para demostrar que eso no era posible. Martina se reconcilió con su pervertido padre y se casó con un joven gentilhombre, mientras que su ex hizo lo propio y conoció al fin los placeres de la carne. Al menos así lo consigna el novelesco pasquín.
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