No luce el pelo negro del personaje Loki que interpreta en Thor sino su rubio natural. Tom Hiddleston se muestra feliz por estar en esta ciudad por segunda vez en su carrera. Hace unos años estuvo en San Sebastián con el objetivo de presentar The Deep Blue Sea, dirigido por Terence Davis. En esta oportunidad, acompaña el largometraje que protagoniza junto a Sienna Miller y Jeremy Irons, High-Rise, dirigido por Ben Wheatley, que compite en la sección oficial de la 63a edición del Festival de San Sebastián.
La película, basada en la novela de J. G. Ballard, tiene como figura central un rascacielos que, suspendido a trescientos metros del suelo, alberga a las más diversas personalidades. Figuras fuertes, encantadoras, sobrenaturales. Todo un muestrario de seres humanos. Allí, en ese edificio singular, se refugia el señor Lang para ocultarse del dolor que le infringe la pérdida de un ser querido. Pero la sensación de anonimato durará poco ya que deberá enfrentar situaciones insospechadas, la más peligrosa de ellas: la amenaza del habitante del pent-house, interpretado por Jeremy Irons.
De alguna manera, Lang es un jugador tan solitario como Loki, se le pregunta al actor británico quien debe su salto a la popularidad al hermano perverso de Thor. "Es cierto que hay una similitud entre el rascacielos y Asgard -responde Hiddleston-, una verticalidad, la cuestión de la altura. Loki seguramente viviría en el último piso. Pero creo que la verdadera similitud es que me atraen los personajes complicados que para mí son iguales a las personas del mundo real; tienen distintas capas. A los villanos raros, les busco una capa simpática y a los villanos simpáticos, les busco su capa oscura. Lang es un personaje fascinante que elige esconderse en esa especie de Olimpo que es el rascacielos. Quiere desaparecer: su traje es gris, el suelo es gris, el cielo es gris. Y como es médico también se ubica en un punto alejado del ser humano. No hay que perder de vista que para él las emociones son sustancias químicas y hormonas".
A la hora de explicar a la prensa por qué elige papeles tortuosos, el actor planteó una analogía original: "Honestamente me atrae el territorio desconocido como si fuera un corresponsal extranjero. Vas a un territorio desconocido, explorás, investigás y después volvés a casa".
La película que en su realización puede referenciarse con Brazil, de Terry Gilliam, y La naranja mecánica, de Stanley Kubrick, se basa en la novela homónima de J.G. Ballard, un autor que Hiddleston ha leído a lo largo de su vida. "A Ballard le obsesiona la proximidad entre nuestra civilidad externa y nuestra locura interna. Al estilo de Robinson Crusoe, le gusta tomar un personaje de un mundo civilizado y colocarlo en un ambiente donde tiene que poner en juego sus instintos de supervivencia más animal. Eso también lo hace en otro libro, uno de mis preferidos, Concrete Island que revisita el mismo tema que abordamos en la película".