La forma de beber influye y mucho: si se toma en ayunas, llega antes al torrente sanguíneo y precipita sus efectos, que pueden llegar a su clímax entre 30 minutos y dos horas después del consumo. En cambio, cuando se bebe después de alguna comida, los efectos secundarios del alcohol se minimizan. Esto permite considerar que el estómago "está vacío" cuando han pasado entre dos y cuatro horas de la última ingesta.
Así lo ha demostrado un estudio realizado por investigadores del Hospital Universitario de Linköping, en Suecia, y publicado en el Journal of Forensic Sciences. "La mayor parte del alcohol se absorbe en el intestino delgado, de forma que al beber con el estómago vacío pasa rápidamente al intestino, produciéndose un pico elevado de concentración en sangre. Por el contrario, si se bebe con el estómago lleno, el alcohol se absorbe lentamente porque el vaciado gástrico tarda más en producirse y el pico de concentración en sangre es más moderado, por lo que resulta menos tóxico para el organismo", explica esta investigación, la cual se focaliza en el problema de beber sin haber comido.
Despacio y con el estómago lleno