Kabbalah: Secretos de una vida con sentido

La sabiduría ancestral del pueblo judío, reinterpretada como una herramienta de crecimiento personal. La Doctora Fabiana Kramarz revela cómo la Kabbalah privilegia consumar frente a consumir. Claves para una vida valiosa

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Dice el Talmud: "Cuando llegues a un lugar y veas mármol brillante, no grites: ¡Agua, agua!". Las imágenes engañan. El mármol brillante puede ser percibido como agua. Igual que cuando viajamos por una ruta soleada y creemos ver charcos donde no los hay. La apariencia distrae y hace perder el sentido.

Elegir lo permanente, lo que se gesta con el tiempo, los lazos que construimos con otros y saber que en lo efímero, en el brillo del mármol, no hay nada en el orden de lo verdadero, es uno de los caminos que propone la Kabbalah para acceder a la estructura secreta de la realidad y hallar el sentido, el cómo hacer de la vida algo que valga la pena.

Un antiguo texto del Talmud narra cómo cuatro sabios lograron entrar al Paraíso. Uno murió. El segundo enloqueció. El tercero renunció a todo lo que era, a todo lo que creía, a su historia. El cuarto, Rabi Akiba, salió en paz y aún más sabio. Cada uno de ellos había llegado al mismo lugar, pero cada uno reaccionó según su propia mirada. Guiados por espejismos, por reflejos, no lograron conectarse con la verdadera experiencia del Paraíso.

Verdad en hebreo se dice "emet". La palabra resulta de la suma entre el término "met", que significa "muerte", y la letra "Alef", que significa "uno" o "lo uno". Si privo a la verdad de su sentido trascendente, de su contacto con lo Uno, con lo sagrado, lo que queda es "lo agónico", lo sin vida.

Los objetos pueden aparecerse como proveedores de cierta verdad, de sostén, pero se trata de una percepción engañosa. El brillo del mármol –el objeto de consumo– no deja de ser dador de goce efímero.

Para lograr una vida equilibrada, es esencial mirar más allá. Trascender el brillo. Eso es Kabbalah.