Angustia y desamparo, los otros males que dejaron las inundaciones

Los damnificados por las tormentas en territorio bonaerense sufren de estrés postraumático y depresión por su precaria situación. Los expertos enfatizan la importancia de brindar asistencia psicológica

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 AP 162
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Que la lluvia haya pasado no significa que terminó el temporal. Muchos de los miles de evacuados y damnificados por las inundaciones que azotaron el norte de la Provincia de Buenos Aires como Luján, Areco, La Plata, Pilar, Mercedes y Arrecifes, siguen viviendo una tormenta: la angustia por la pérdida de todos los bienes materiales del esfuerzo de una vida; el estrés postraumático por los momentos de nerviosismo que vivieron aislados, sin alimentos, ni servicios ni medios para salir de ese infierno hasta que llegaron los grupos de rescate; la impotencia de haberlo perdido todo y no tener los recursos para recuperarlo; y las falsas promesas de años de obras hídricas que amenazan con repetir la historia cada vez que se anuncian lluvias .

Cuando el temporal cesa, el problema se disuelve en la agenda política y ellos vuelven a quedar desahuciados. Mientras esperan los subsidios e indemnizaciones por parte del gobierno provincial, muchas familias debieron abandonar sus casas por completo porque están destruidas. Se acomodaron como pudieron en centros de evacuados y algunos pocos fueron alojados temporalmente por familiares cercanos y amigos. Esa incertidumbre genera grandes picos de ansiedad, desamparo y estrés en quienes la padecen.

Al respecto, Mónica Ventura, coordinadora de la Dirección de Promoción de la Salud de la Cruz Roja, explicó a Infobae que cualquier persona "puede sufrir estrés postraumático posterior a cualquier evento crítico como desastres naturales, violencia, abuso, desplazamiento, accidentes, directa o indirectamente experimentados. "Los Voluntarios sabemos que el estrés postraumático no lo padecerán todos (en este caso evacuados), pero debemos estar preparados para reconocer los síntomas y si estos se evidencian, derivar a las personas a servicios especializados".

 AFP 162
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En sintonía con lo anterior, el psicólogo y especialista en Estrés Postraumático Alejandro Potenzone, argumentó que "el TEPT es un conjunto de síntomas que pueden aparecer en un individuo o grupo que han sido expuestos a una situación de peligro de tal magnitud que amenaza la integridad física", como las guerras, accidentes automovilísticos, abusos sexuales y catástrofes naturales. "Las inundaciones revisten características de un evento traumático, pero también deben considerarse los aspectos de la personalidad del individuo como sus recursos de afrontamiento", explicó.

En este caso hubo más de 2000 evacuados, muchos de los cuales se rehusaban a abandonar sus casas (completamente inundadas) por miedo a los saqueos y robos y ante la desesperación por amontonar rápido los electrodomésticos y muebles para salvar aunque sea algo. Ventura –quien participa de la mayoría de las tareas de rescate de la Cruz Roja- sostuvo que "la mayoría de personas experimentan algún tipo de ansiedad o se sienten deprimidas tras una situación de crisis o vuelven a experimentar el suceso en su mente. Usualmente estas reacciones se desvanecen poco a poco y posteriormente desaparecen. Sin embargo, en algunos casos pueden persistir por un largo período de tiempo y empeorar, por lo que se debe asistir psicológicamente a las víctimas".

La mujer explicó que muchos viven con el temor de que la situación que generó disgusto se repita, lo que además provoca enojo e impotencia. "Las personas reaccionan de manera diferente: algunas sienten miedo, confusión, se ponen nerviosas, su ánimo se ve alterado, mientras que otras se preparan para un posible evento futuro. Cuando la lluvia se efectiviza, esos síntomas recrudecen". Por tal motivo, consideró que el apoyo psicosocial es muy importante y que esas personas necesitan sentirse acompañadas, ser escuchadas y exteriorizar sus sentimientos, pero también seguras de que tendrán respuestas.

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Potenzone explicó que entre los síntomas comunes del estrés postraumático está la irritabilidad, el estado de alerta permanente y una visión pesimista acerca del futuro. La frustración de depositar confianza en promesas incumplidas (obras hídricas, subsidios para la reconstrucción de las casas, obras que eviten nuevamente el suceso traumático) puede llevar a la depresión.

"El saldo que deja una catástrofe natural como una inundación es un constante estado de alerta y preocupación ante la posibilidad de que se repita el suceso. Percibir un futuro de pérdidas lleva a una situación de resignación y falta de sentido, con la consecuencia de sensación de abatimiento y desgano propias de un cuadro de depresión", precisó el especialista.

"La activación de una señal de alarma ante un estímulo que se percibe como amenaza es típica de los cuadros de ansiedad, como en el caso de las fobias a los animales. Sin embargo en el TEPT, esta situación vivida como peligrosa se desplaza hacia una sensación de terror más cercana a la muerte, reactivando de esta manera sensaciones de desvalimiento e indefensión primarias que colocan al individuo a una situación de extrema vulnerabilidad", amplió Potenzone.

Por último, Ventura contó que así como muchos afectados se resignan y se organizan por ser conscientes de que la lluvia puede ocurrir nuevamente, otros se vuelven indiferentes, niegan que el hecho pueda volver a pasar, se agitan, sobrereaccionan, se sienten atemorizados o en shock.

Por eso –insiste- es tan importante la ayuda de la población, la solidaridad y el contacto con profesionales especializados, pero sobre todo la presencia del Estado. "La autoayuda comunitaria permite contrarrestar las consecuencias negativas de un desastre u otro evento de crisis. Los factores de protección en la vida permiten a las personas protegerse psicológicamente y, por lo tanto, reducir la probabilidad de efectos psicológicos negativos cuando se enfrentan a situaciones difíciles o al sufrimiento", concluyó.