La producción de Canal + de España analizó la actuación de Neymar en la derrota de Brasil por 1-0 ante Colombia en la segunda jornada de la Copa América. La conclusión después de ver el video es que la mezcla de frustración y el suplicio que le hizo sentir la defensa cafetera fue tal que no pudo evitar la rabieta final y, con ello, la tarjeta roja.
Mientras se espera por la sanción definitiva que el Tribunal de Disciplina le impondrá -se sabe que será al menos un partido por la doble amarilla, pero además fue expulsado, lo que ha generado un expediente aparte-, vale repasar una noche de las más complicadas que haya vivido la estrella del Barcelona con la camiseta de su selección.
Todo empezó cuando no encontró los espacios que necesitaba en medio del marcaje de Camilo Zúñiga, el mismo que en el Mundial 2014 arremetió contra su espalda y le fracturó una vértebra, sacándolo del torneo en los cuartos de final.
La frustración de Neymar hizo que propinara el primer golpe, un manotazo a Zúñiga
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"Camilito" fue un imán demasiado potente, y Neymar, metálico, no tuvo armas para despegarse de él. Ni siquiera un manotazo a la cara, corolario de un forcejeo clásico de este tipo de partidos. Ante la queja de "La Roca", Neymar mostró más descontrol.
A los roces siguió el diálogo y, para su pesar, el enojo hizo que Neymar se olvidara de la regla que los jugadores han adoptado cada vez que dialogan en la cancha: taparse la boca para que les lean los labios.
Sus palabras quedaron expuestas y sus gestos no dejaron lugar a dudas: en lo más caliente de la discusión se acordó del golpe de "La Roca" en Fortaleza: "Luego me llamas para pedirme perdón... ¡Hijo de puta!", le repite dos veces.
La furia ya está desatada, y el brasileño no tendrá alegrías ni consuelo. Cada falta le duele como si fueran tres; un pisotón de Cuadrado en su mano, casual pero muy molesto; "Payaso, payaso", le cantan desde la tribuna; una amarilla inmerecida tras una atajada monumental de Ospina que evitó el empate; y un abrazo tras otro de Zúñiga.
Aun faltaba el broche del final: su pelotazo en la espalda de Jeison Murillo, desencadenará las reacciones que provocaron las expulsiones del mismo Neymar y de Carlos Bacca, que le dio un violento empujón en la espalda. Ahora sólo le queda esperar la sanción. Le guste o no, se ha puesto en manos de la Conmebol.
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