Nacho Ricci es autodidacta, no estudió en academias o escuelas de fotografía, sino que para él la mejor forma de aprender fue trabajando como asistente. Su escuela es la experiencia del día a día. ¿Su secreto? Saber combinar la sensibilidad con la dedicación.
Nacho ya participó en las campañas más importantes del país, pero él siempre recuerda a su trabajo en Diesel como lo mejor que hizo. Una de sus fuentes de inspiración es la música: Richard Ashcroft, The Doors, Snoop Dog, Marley, Gorillaz. Nacho escucha de todo, según la energía con la que quiera conectarse. Casi sin emitir palabras, se comunica con el cuerpo. Baja la cámara, mira a la persona a los ojos, y no se esconde detrás de la lente
Es dejar ser a la persona real que se esconde detrás de las formalidades y juicios mentales. Es un flujo de energía, un dar y recibir... soltar la mente y que aparezca la belleza interior. Antes de empezar a retratar a alguien le pido que trabaje sin mente, sin control, sin posar. Les pido que expresen lo que viene y que no lo repriman, trabajo en comunión con el otro doy para recibir y me entrego a ese momento profundamente. Hay que sentirla para que aparezca, vivir ese instante intensamente para que la foto trasmita y llegue.
Busco plasmar la belleza de lo imperfecto, creo que estamos habituados a ver fotos perfeccionistas y entiendo que la gente ya no las compra. Nadie se siente identificado con una mujer con la cara de plástico o con una expresión tan controlada que pierde espontaneidad y credibilidad.
Me propongo disfrutar de cada experiencia sacar lo mejor de cada día, por eso intento disfrutar mi vida y cada shooting al que me enfrento. Creo que si se vive con amor es todo mucho más fácil. La histeria y el mal trato solo generan cosas negativas. Soy flexible y busco adaptarme a lo que va surgiendo, porque si uno se apega a una idea o un resultado pierde la capacidad de fluir y dejarse llevar.
Me inspiro en lo que sucede y no en una referencia o una imagen. Confío en actuar desde ahí. Me doy cuenta por donde ir desde la intuición y no desde la mente. Así es como desemboqué en la fotografía... fluyendo y sintiendo... no fue una decisión mental... nunca estudié fotografía ni fui a la universidad. Mi escuela es la experiencia de cada día. Casi que no emito palabras me comunico con mi cuerpo, bajo la cámara y miro a la persona a los ojos. No me escondo atrás del lente... Estoy presente.