Luego de leer el fallo del tribunal del Tribunal de Casación Penal bonaerense por el cual se redujo la pena a un violador de un niño de 6 anos, me invadieron un sinfín de sensaciones que van desde el asombro, y el estupor inicial, para pasar luego a un profundo estado de indignación y de impotencia.
Desde cualquier punto de vista que se analice tal resolución, la misma resulta reprochable porque no respeta ni los más mínimos cánones del correcto tratamiento de un menor -incapaz jurídicamente- en un proceso penal, máxime cuando en este caso dicho niño resulta la victima de un delito aberrante al haber sido ultrajado sexualmente con el consabido daño psíquico irreparable que tales ataques tienen como consecuencia.
Queda claro que lo único que protege el fallo aludido son los intereses del delincuente violador y que poco le preocupan los graves padecimientos por los que pasó el niño y las consecuencias irreversibles que pueden tener en su psiquis y crecimiento. Se denigra la figura del niño, se lo vilipendia y estigmatiza antojadizamente. Los niños son sujetos de derechos, no son una cosa, un objeto.
Las causales esgrimidas por el tribunal para proceder a la reducción de pena encontrarían justificación, según la interpretación rebuscada y descabellada de los jueces Sal Llargues y Piombo, en el hecho de que existían antecedentes de abusos anteriores y por ende familiaridad en el "abuso", y asimismo colaboraría a la determinación de una pena menor la "elección sexual" del niño ante los "complacientes ojos" de los terceros.
Estos ítems impedirían aplicar el agravante del articulo 119 2do párrafo del Código Penal, es decir, la calificación de "gravemente ultrajante".
Esto significa ni más ni menos que, al existir abusos anteriores, el tribunal entiende que el cometido en esta ocasión tuvo un impacto menor en la psiquis y el físico del niño ultrajado... Una verdadera estupidez, que no resiste el menor análisis, y una conclusión que, lejos de ser inocua, resulta una invitación a los "degenerados" y "violadores" a proseguir con el camino de la delincuencia abusando a troche y moche de todos los niños que se les crucen, en especial aquellos que hayan sido "abusados" con anterioridad.
Es llamativo el desparpajo con que los jueces tratan a la figura del niño; nunca pensé que magistrados de la Nación podrían referirse en esos términos a una criatura abusada, es decir victima de delito.
Por otro lado, el siniestro fallo introduce de manera aberrante una supuesta elección sexual de un niño de 6 años que, amén de que resulta poco creíble por su corta edad, luego determinaría, en la inteligencia del decisorio, un elemento "facilitador" de los abusos y a la vez atenuante de los mismos.
Nos quieren hacer creer que una criatura de 6 años, que en palabras de los jueces resulta un sujeto "travestido", facilitaría el convite a que los degenerados lo violen sin consecuencias graves para los delincuentes atento a que ya se encontraba familiarizado con abusos anteriores...
Un disparate total que pretende tener técnica jurídica de sentencia, a pesar de que resulta a todas luces una aberración jurídica.
Como corolario de la barbarie, el juez Piombo tuvo infelices declaraciones en las que afirmó que "la tutela del chiquito no le importa"; un golpe de gracia a un niño que primero padeció una desintegración familiar, luego abusos y ahora una clara violación de sus derechos por parte de quienes deben tutelarlos. Los jueces, con su proceder, han echado por tierra la Convención de los Derechos del Niño -Tratado internacional incorporado a nuestra Constitución - y toda la legislación en la materia.
No es la justicia que esperamos tener.
No son los jueces que queremos.
¿Qué esperamos? Que de manera inmediata se inicie el proceso de a href="https://www.infobae.com/" rel="noopener noreferrer" Juicio Político/a de estos magistrados y se los aparte del ejercicio de la magistratura para luego se los juzgue por los graves incumplimientos de los deberes y responsabilidades en su carácter de funcionarios públicos.
¿Qué queremos? Que la Corte Suprema bonaerense enmiende los gravosos yerros incurridos en la sentencia cuestionada y que revoque todo lo decidido por el tribunal de Casación conforme lo expuesto, asegurando de manera fiel y cabal los derechos de una criatura que ya padeció demasiado...el máximo de lo que su inocente humanidad pueda aguantar...
El autor es abogado penalista, docente, con especialidad de delitos federales