La propuesta de sanción de un código educativo en la Provincia de Buenos Aires nos llama la atención, en primer lugar, porque se anuncia en un momento en que se encuentra aún pendiente la puesta en marcha de sucesivas reformas educativas, entre ellas, la de la obligatoriedad de la finalización de la escuela secundaria establecida por el artículo 16 de la Ley Nacional de Educación N° 26.206 del año 2006. Es decir que se trata del anuncio de una nueva codificación en medio de reformas que no han llegado a consolidarse, en particular, las relacionadas con la adquisición de contenidos y competencias por parte de los alumnos.
Respecto del debate en torno a la evaluación, en este caso de los docentes, creemos necesario poner en el centro de la escena el interrogante sobre qué se espera de los resultados de esa evaluación. Por nuestra parte, siempre hemos considerado la evaluación como un elemento inherente al sistema educativo y una valiosa herramienta para que aquellos que aún no obtienen resultados acordes a los exigidos, sigan esforzándose hasta alcanzarlos.
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Esta idea va a contramano de muchas posturas demagógicas que sostienen que examinar puede dar lugar a estigmatizaciones o discriminaciones por parte del evaluador.
La cuestión es si del resultado se desprenderá un reconocimiento a aquellos docentes que se esfuerzan y capacitan o si sólo agregaremos un nuevo proceso burocrático. Conocer el sentido que se le dará a la evaluación será determinante para entender de qué trata esta propuesta y su utilidad.
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Asimismo, debemos señalar que una política educativa que evalúe adecuadamente a los protagonistas y sea concebida para lograr mejoras efectivas ya es posible con los instrumentos con que cuenta el sistema educativo de todos los niveles en la actualidad.
El autor es Rector de la Universidad Nacional Noroeste Buenos Aires.