El legado de Lee Kuan Yew

Guardar

Uno de los sucesos más trascendentes de la semana que pasó fue sin dudas la muerte de Lee Kuan Yew, fundador y padre del Singapur moderno. Han sido numerosas las notas publicadas en la prensa internacional, repasando su historia y la de su país, destacando o criticando al uno y al otro. Sin embargo, existen dos hechos no controvertidos. Primero, que Lee Kuan Yew fue una de las figuras políticas más relevantes de Asia y del mundo de la segunda mitad del siglo XX. Segundo, que fue capaz de convertir un país pobre en uno extremadamente rico, multiplicando por veinte el ingreso per cápita en menos de medio siglo.


No es el objeto de esta columna destacar sin más las virtudes o los defectos del estadista ni de su pujante país. Lo que interesa es hacer hincapié en aquellos rasgos del modelo singapurense que representan lecciones que, en muchos casos, nos interpelan especialmente a todos aquellos que vivimos en países que pretenden desarrollarse y ser prósperos.


Sobresale, entre las bondades del modelo, la apertura económica, basada en pocas pero claras reglas, que permitieron a los actores económicos desempeñarse con libertad y crear riqueza. No en vano todos los años los índices de libertad económica tienen a Singapur entre las economías más libres del mundo. Ello fue acompañado de seguridad jurídica y una carga impositiva reducida, que fomentaron los negocios en vez de ahogarlos. De esta forma, no ha de extrañar que las inversiones extranjeras se hayan abalanzado sobre el país y que el crecimiento anual promedio de su PBI entre 1960 y 2014 haya sido de 6,7%.


La libertad económica influyó notablemente en la política comercial de Singapur, que eligió crecer abriéndose al mundo y no cerrándose, como otros países lo han intentado sin éxito. Desde sus inicios participó en la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), y fue uno de los mayores promotores de la libre circulación de mercaderías entre los países que la integran, objetivo que recién alcanzó en la década del 90. Fue también uno de los primeros países en ver las dificultades que enfrentaría la Organización Mundial de Comercio después de su creación en 1994, y así llevó a cabo una decidida política de tratados comerciales con la mayoría de los países asiáticos y las principales potencias mundiales. Todo ello fue determinante en convertir a Asia en lo que es hoy, la fábrica del mundo.


Pero difícilmente su política aperturista podría haber dado semejantes réditos si no se hubiese enfocado en mejorar las condiciones de competitividad de su población. La educación se volvió universal, altamente meritocrática, las clases se imparten en inglés en todos los niveles y varios centros educativos son referentes en numerosas especialidades. Así, por ejemplo, los habitantes de Singapur, en su mayoría de etnia china, se encuentran bendecidos con hablar a la perfección tanto inglés como chino mandarín (su lengua materna), es decir, los idiomas reinantes en las dos economías más grandes mundo.


Y dicho proceso transcurrió en un contexto de guerra abierta contra la corrupción. No sólo a través de la imposición de severísimas penas. Sino que se aumentaron considerablemente los sueldos de los funcionarios, intentando atraer al servicio público a las mejores mentes de la región y del mundo. He tenido el placer de conocer a varios de ellos y puedo decir que resulta difícil encontrar personas tan capacitadas, que en la mayoría de los países tendrían empleos sobresalientes en el sector privado, trabajando a gusto para el gobierno singapurense. Y que ello sea la regla y no la excepción.


Algunas de las críticas que ha recibido son justificadas. Pero los países en desarrollo deben aprender, por sobre todas las cosas, de las virtudes de su modelo. La apertura económica y comercial, la educación como base del desarrollo y la necesidad de un gobierno honesto y altamente calificado son el principal legado de Lee Kuan Yew.


El autor es abogado y LLM por la University of Hong Kong. Director del Centro de Estudios Legales y Políticos de Asia de la Universidad Austral. Profesor especialista en derecho internacional y asuntos asiáticos.