Se define como un apasionado de la gestión. Su escritorio repleto de carpetas y papeles pareciera ser testigo de ello. Frente a su posición emergen dos grandes imágenes: una con el mapa de la Ciudad de Buenos Aires y otra con una vista aérea de la Autopista Illia. Hay tres televisores, dos equipos de aire acondicionado prendidos en 22°, seis sillas, cuatro sillones y una mesa ratona.
Sin embargo, los futboleros que ingresan a su despacho no pueden evitar detenerse en la extensa colección de
racinguistas que decoran la escena. Dos camisetas firmadas, varios banderines -uno de ellos con la imagen de Carlos Gardel-, una foto en blanco y negro de la formación titular de 1910, figuritas, bufanda y hasta una réplica de la medalla del título 2014 se entremezclan con recuerdos familiares.
Sueña con mudar su pequeño museo a otro despacho cercano que tiene una decoración más clásica. Para ello deberá imponerse en las elecciones Primarias de la Ciudad. El partido no es sencillo: deberá enfrentar a una rival que tiene tantas ganas de cambiar de oficina como él. La final se jugará el 26 de junio, pero los hinchas de la Academia sienten en carne propia eso del "paso a paso".