Primero fue el turno de ganar el Torneo Final de la mano de un hijo pródigo de la casa: Ramón Díaz. Pero antes de pegar el portazo, el riojano dio otra vez la nota y se alzó con el trofeo de la Superfinal ante San Lorenzo. Llegó el turno y la posibilidad para Marcelo Gallardo, de poco historial como entrenador pero con gloria en la mochila (ya había sido campeón con Nacional de Montevideo). Y el "Muñeco" no defraudó a la dirigencia ni a los hinchas "millonarios".
Tuvo una aceptable actuación en la Copa Argentina, objetivo no tan mayor en el panorama riverplatense y peleó hasta las últimas consecuencias el Torneo de Transición que lideró por bastante tiempo y se le escapó de las manos por priorizar la Sudamericana, cediéndoselo a Racing. Pero claro está, la gran deuda de River era a nivel internacional, y nadie podrá olvidar que rumbo al título continental, estuvo nada menos que Boca. Sí, una especie de vendetta.
Todos los futbolistas se pelean por jugar, ganarse un puesto en el equipo titular y continuar defendiendo los colores rojiblancos. Si bien varios suenan como posibles candidatos a emigrar, se sienten cómodos y persiguen metas dentro del club. Así los quiere Gallardo y así se muestra el plantel en los primeros días de pretemporada en el complejo que los acoge en Punta del Este, donde realizan la parte física previa a los amistosos y Superclásicos -que no lo son tanto-.
Pablo Aimar se mueve de manera diferenciada junto a Martín Aguirre, mientras el resto suda la gota gorda con pruebas físicas de resistencia, fuerza y saltabilidad. Pero también hubo un rato para tocar la pelota y ahí todos se soltaron. Las risas no faltaron y la unión del grupo fue notada por las decenas de simpatizantes que se hicieron presentes en el lugar para estar cerca de sus ídolos. Sí, el técnico piensa en lo futbolístico y físico, pero también se fija mucho en lo mental.