"La sonrisa de Mandela", un hombre único que también impactó en la ciencia

A través de valores como la justicia, la igualdad y el respeto logró dar fin al apartheid que dividió a Sudáfrica por décadas. El doctor Stamboulian reseñó a quien para él es un líder para la humanidad de estos tiempos

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No tan a menudo hemos tenido en la historia héroes y personas que hayan logrado destacarse de los demás e inspirar al mundo con su ejemplo. Recientemente, tuve el privilegio de leer la autobiografía de Mandela y el libro "La sonrisa de Mandela" de John Carlin en el que se enfatizan algunos de los atributos y hechos de su vida que lo convirtieron en el personaje histórico que todos conocen. La obra se centra en el período que comprende los años de 1990 a 1995, justo después de la liberación del líder sudafricano de su presidio en Robben Island y su vertiginoso ascenso hasta la presidencia de Sudáfrica.

Su nación, es un Estado donde conviven unas 50 millones de personas que durante tres siglos fue dominado y manejado por los habitantes de raza blanca. Buena parte de la segunda mitad del siglo XX estuvo marcada por la segregación racial en Sudáfrica, a través de lo que se conoció como el apartheid que imponía la supremacía de una minoría de raza blanca (15% de la población) por encima del resto, relegado a la condición de "habitantes de segunda". Desde su inicio, esto generó grandes conflictos en aquella sociedad dividida.

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Sufrir semejante opresión de un régimen totalitario llevó a Nelson Mandela, en la década de 1960, a justificar la lucha armada en defensa contra las matanzas en los guetos. Por este motivo fue juzgado y condenado a cadena perpetua en 1964, pero 27 años más tarde saldría de la cárcel y comenzaría un proceso que lo convertiría en presidente.

Robben Island

Durante los años que duró su presidio en aquella isla del sur del Atlántico dedicó su tiempo a pensar y estudiar cómo podría resolverse el principal problema de su país. Su objetivo apuntaba a lograr que, tanto blancos como negros, pudieran convivir en paz y armonía, de forma conjunta.

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El apartheid era terrible. Al leer la su autobiografía, escrita por Richard Stengel o el libro de John Carlin, es posible tomar cuenta de aquel flagelo. No poder tomar un simple té de la taza que usaban los blancos o concurrir a establecimientos y lugares reservados para esta minoría dominante son algunas de las características que ilustran lo aterrador de aquel régimen.

De preso a presidente

Luego de pasar 27 años privado de su libertad, entre el 11 de febrero de 1990 y el 10 de mayo de 1994, comienza una nueva etapa en la que Nelson Mandela pasó de ser el prisionero político más famoso del mundo a presidente de su país. Hasta entonces, su nombre era conocido y admirado por un gran número de líderes de Estados entre los que figuraban reyes y presidentes de todo el mundo.

Fueron cuatro años vertiginosos y fascinantes que dieron la talla humana y política de un líder excepcional. John Carlin, observador privilegiado de esa etapa, traza un emocionante retrato en el que demuestra que se puede ser un gran político sin dejar de ser una gran persona, y que la reconciliación y la convivencia son no solo deseables sino posibles incluso en las circunstancias más difíciles.

En noviembre de 1993, se firmó finalmente la primera constitución democrática del país, que consideraba a blancos y negros como iguales. Recuerdo que el 27 de abril de 1994 finalmente consiguió lo que siempre había soñado: que en Sudáfrica hubiese elecciones y que tanto blancos como negros tuvieran libertad de expresión. Para ese momento las leyes del apartheid se habían eliminado y se habían convocado elecciones democráticas por primera vez en las que el partido que Mandela lideraba, el ANC (Congreso Nacional Africano), ganó los comicios con dos terceras partes de los votos.

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Su gestión lo mantuvo cinco años en el poder. Hasta entonces y después tampoco he podido ver o leer las cualidades de un hombre generoso, admirado y preocupado por su gente como Mandela. Se refiere que cuando salió de la cárcel sostenía una mano en alto como señal y expresión del trabajo por la paz y hermandad tanto de blancos como negros que integran el pueblo de la "nación del arco iris", como él la llamaba. Luego, cuando fue presidente siempre mostraba ambas manos y la sonrisa que siempre lo destacó.

Rugby, motor de integración

Durante su gestión, Mandela comprendió que a través del deporte se pueden conseguir muchas cosas para unir a la gente. El rugby en Sudáfrica es uno de los deportes más importantes y los Springboks, su seleccionado, tenían como capitán a François Pienaar, un hombre blanco que admiraba a su presidente negro, con quien trabajo mucho por la integración.

Un año después de que Mandela asumiera la presidencia se celebró la famosa final del mundial de rugby de 1995 ante los "All blacks", el seleccionado de Nueva Zelanda, que fue aprovechada como instrumento político. Convenció a la población negra para que apoyara a su históricamente odiado equipo, y su victoria no sólo redimió a la Sudáfrica negra de la tiranía, sino también a la Sudáfrica blanca de sus pecados.

Luego de la victoria que los consagró campeones, el presidente y los jugadores se abrazaron en la cancha y destacó como reflexión que el deporte permite unir a la gente mucho más de lo que lo hacen otras actividades. A raíz de este suceso histórico, el director Cint Eastwood filmó la película "Invictus", basada en otra publicación de John Carlin, que muestra las características de este gran líder.

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Nelson, el hombre

Para trazar un perfil de Mandela, quienes lo conocieron señalan que siempre se presentaba ante todos como un hombre de una integridad inquebrantable y nunca traicionaba esa impresión inicial. La clave está en su constancia ya que la integridad debe medirse en términos de coherencia entre los valores que uno expone y el propio comportamiento en todos los aspectos de la vida.

Poseía una extraordinaria empatía que, como herramienta de liderazgo, vale el doble que cualquier otra, porque combina la generosidad con la habilidad de sacar réditos políticos. Según resume John Carlin en su libro, tenía cuatro cualidades fundamentales que fueron la clave de su éxito: integridad, respeto, carisma y empatía.

Estas características de su persona son la razón por la cual Mandela conquistaba las mentes y los corazones de todo el que lo conocía. No obstante, la transformación de esos atributos en éxito político es algo que se debe solo a la racionalidad con la que pensaba. En su autobiografía, su autor, Richard Stengel lo señala como "el más pragmático de los idealistas".

Con los pies en la tierra, sabía cuál era su objetivo y cómo alcanzarlo. Era demasiado consciente de los cambios que moldean la vida humana para atarse de modo inflexible a los implacables dogmas de la ideología.

Conciliación

Nelson Mandela es, por encima de todo, el personaje histórico que mejor resume las luces y las sombras del siglo XX. Sufrió la opresión de un régimen totalitario que lo llevó a justificar la lucha armada. Pasó gran parte de su vida en la cárcel, pero tuvo la generosidad del gran estadista. Logró contener el instinto vengativo de sus compañeros para poder abrazar a sus viejos opresores.

Hacer un reconocimiento a este líder excepcional es hacer una distinción a un tipo de hombre que de vez en cuando nace, como Churchill o como Roosevelt. En el caso de Mandela, se trata de alguien que consiguió que un país como Sudáfrica sea una nación donde tanto blancos como negros puedan expresarse y convivir libremente además de tener su presidente de acuerdo a lo que ellos voten. Sinceramente, agradezco este espacio para dar un reconocimiento a este héroe.