"Hablo solamente español, cierto, pero tengo una ventaja sobre el resto de los políglotas: hablo muy bien el idioma del fútbol. Y ese idioma no todos lo saben hablar". Conciso, irónico, dominante, hábil, político, negociador, estratega, dueño del segundo plano y amigo del mejor parado en los escalones del poder. Así fue Julio Grondona, el hombre que, con su muerte, sacudió al mundo del fútbol y dejó un vacío organizativo en la AFA que aún le duele a la pelota celeste y blanca.
El dirigente más importante del fútbol argentino se quedó sin aire apenas pasado el mediodía del miércoles 30 de julio. Y desde ese instante mortal hasta ahora, su segunda casa ubicada en calle Viamonte se desmoronó sin pausa. No alcanzó la buena voluntad de Luis Segura y su experiencia a la sombra de "Don Julio". El caos se apoderó de una estructura organizativa que siempre fue una atracción para los gobiernos de turno. El fútbol, se sabe, mueve multitudes y millones.