¡Gracias, Muñeco! ¡Gracias, River por esta gran alegría!

Campeones merecidos: por el esfuerzo, por la propuesta ofensiva. Gran torneo del equipo, mérito enorme del "profesor Gallardo", que nos hizo recuperar la memoria del River que todos amamos

¡Qué grande es a href="https://www.infobae.com/" rel="noopener noreferrer" River/a! Otra vez campeones, otra vez campeones internacionales, sin discusión, el gran campeón, justo e indiscutible. Por primera vez invicto –y una de las pocas copas internacionales ganada en esa condición-, con todo lo que desea el hincha de River: ganar jugando buen fútbol, pero además con el agregado que siempre se nos reclamó: metiendo garra. En todo el torneo. Sin relajarse cuando se iba arriba en el marcador, ni cuando comenzábamos perdiendo. Fuerte de mente, como dice el gran "profesor Gallardo". Nos iban ganando, pero no nos quebraban. Y así lográbamos dar vuelta o empatar partidos que tal vez, "otros" River no podían revertir.

Y eliminando a Boca. En semis. Por eso "semi ra y no se toca" en las camisetas de los campeones. Porque esta Copa tiene otro sabor por eliminarlos claramente. No en penales, sino en los noventa, claramente. Y una final también clara, sin sufrir el último centro, con dos goles que nos dieron calma a los hinchas. Ocho (8) clásicos en el año sin perder con Boca, y con victorias resonantes como en la Boca en marzo y la reciente del Monumental.

Venimos de una secuencia inolvidable. Tanto por lo bueno como por lo malo. Con Almeyda comenzó la reconstrucción de River. Lo que todos los hinchas queremos olvidar, pero es importante recordar ahora, porque desde ahí comenzó este cambio que en tres años nos llevó del infierno a la gloria. Luego, Ramón Díaz hizo que River volviera a estar arriba, que se nos respete en nuestra cancha.

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Y, cuando casi ni lo esperábamos –por qué no confesarlo- apareció el Muñeco Gallardo, un hombre del club, un jugador elegante, que como técnico apostó como pocos a jugar hacia delante, a ser ofensivos incluso cuando muchos imaginábamos cambios más conservadores. Y además, con buen juego. Por abajo, de primera, buscando siempre el arco rival, desde el minuto cero, y aún cuando ya estábamos en ventaja.

Y además, manejando al grupo como pocos. Tanto en las positivas, como cuando tuvo que acomodar a Teo –que volvió una semana tarde de vacaciones- y Cirigliano –que no quería quedarse en el club. Gallardo tiene al menos la mitad de esta copa entre sus méritos.

Hay que reconocer a esta dirigencia, que empezó a poner orden en un club devastado por los dos peores presidentes de nuestra historia. El domingo, si Boca, a sacarlos de la Copa, y a ser campeón. Y salió muy bien. Gracias Muñeco, gracias muchachos

Cuando tocaba jugar con Boca, dije que quería ese cruce, por los chicos menores de 10 años, que no vieron lo grande que es River. Y ahora este título también es para ellos. Porque sufrieron las cargadas de la peor época, y ahora viene su revancha. Que lo disfruten, que se desquiten de las bromas, y que comiencen a disfrutar el placer de ser hincha de River.

¡Qué fiesta fue el Monumental y el Obelisco! Mientras escribo esta columna los hinchas celebran con alegría, en paz. Ojalá sea así toda la noche. Y mañana nos levantemos con el orgullo de ser hincha de River, para –sin soberbia- disfrutar de ser campeones internacionales, otra vez. Termino y me voy al El Banderín, un bar notable con un dueño gallina: Mario Riesco. Y que el domingo y en el 2016 no se corte.

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