"La sociedad moderna nos empuja a ser individualistas"

Gustavo Ferreyra, el escritor argentino ganador del Premio Emecé en 2010, habló con Infobae sobre su última novela, "La familia", una ambiciosa saga que tiene a un clan de la oligarquía criolla en el centro

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Y cuatro años después llegó. Ese tiempo hubo que esperar para leer a Gustavo Ferreyra después de haber ganado el Premio Emecé 2010 con "Dóberman". El autor de "Piquito de oro" despliega en "La familia", su octava novela que acaba de publicar Alfaguara, un texto que admite lecturas diversas: abre puertas hacia la reflexión, introduce al lector a la filosofía, a las contradicciones del amor, a la idea de lealtad, de entrega, de compasión pero también a los pliegues de la historia Argentina a través de una familia tradicional y, sobre todo, a poder detenerse a pensar en que sociedad se construye cuándo se consolida el individualismo.

La historia se edifica alrededor de Sergio Correa Funes, un filósofo que trabaja como un rutinario empleado bancario y al que la muerte de sus hijas lo lleva a un quiebre que lo hace vivir entre la tensión de imaginar un movimiento que se proponga destruir a la familia o de formar una nueva. Así, en capítulos que narran distintos años y en los que no hay un recorrido cronológico, Ferreyra invita a conocer a los Correa Funes y con ellos a las peculiaridades de un clan familiar de la oligarquía criolla.

"La familia" tuvo un recorrido sinuoso propio de las peculiaridades de la industria editorial: Ferreyra la escribió durante tres años, la entregó y esperó su publicación varios meses en los que incluso escuchó sugerencias de acortarla. Mientras esperaba, no se detuvo y siguió con su rutina diaria de escribir tres horas con birome bic negra sobre un cuaderno cuadriculado. En su escritorio esperan tres novelas inéditas.

Sí, es como un pináculo en cierta forma. Sería mi noveno libro, la octava novela. En cierta forma cuando empecé a escribir más seriamente a los veinte años, tenía idea de una especie de ciclo de novelas hasta llegar a una que fuera más extensa, más compleja, una suerte de pináculo y en donde también hay bastantes cosas autobiográficas, cosas que en general en las otras no existen. Lo pensé como un final de un ciclo hace bastante tiempo, de todas maneras ahora estoy dudoso de que lo sea, sino que es más bien un círculo que se amplía.

Sí, seguro que es la más ambiciosa. Por la complejidad de la trama, porque termina con un ensayo que escribí antes de la novela y que va escribir el protagonista, no es que yo asumo el ensayo, el autor es el protagonista. Es la que más tiempo me llevó escribir, estuve tres años.

Puede ser. El protagonista está en esa encrucijada de rehacer la familia deshecha por el infortunio o emprender un movimiento contra la familia. En esa encrucijada va la novela y también va en ese pasado de saga familiar que él de alguna manera es el embalse final, una suerte de dique para esa locura familiar que viene por parte paterna, de los Correa Funes y su historia a lo largo del siglo XX. Hay algo profético en él: o rehacer su familia o ser profeta de la antifamilia.

Él pertenece a una familia tradicional de estancieros cordobeses pero que a la vez intentan la originalidad. El sello de estas familias es la originalidad, no cuadrar en el molde, por eso ya el abuelo empieza a hacer muy mal las cosas en ese intento y termina siendo una familia en decadencia. El padre de Sergio lleva una vida trashumante en donde termina haciendo de todo y yendo voluntario a la Segunda Guerra Mundial porque ya lleva una especie de vida vagabunda.

Sí, terminan teniendo esos clichés de gente pudiente pero la infancia de Sergio Correa Funes es en una planta baja en la Avenida Libertador dentro de un departamento muy minúsculo en donde él duerme con la abuela. Una decadencia en la que él se supone que debería ser el punto final, pero estudia filosofía y termina siendo bancario.

Son rasgos un poco aristocráticos de la burguesía criolla de doble apellido. Hay algo en la figura de Sergio un poco del Che, un poco guevarístico, porque termina siendo una especie de profeta en el futuro, en el siglo XXII de un movimiento contra la familia que encarna en Nueva York y que no viene por el lado comunista, sino totalmente opuesto: por el lado del liberalismo individualista. La familia termina jaqueada como institución mucho más por el individualismo liberal propio del sujeto que por una visión comunitarista, que sería el comunismo. La exacerbación del individualismo liberal termina con todo lazo comunitario y la familia termina siendo el último bastión que el liberalismo termina por derribar.

Como la novela tiene esa impronta filosófica de Sergio Correa Funes y un poco nietzcheana, tiene una mirada en la que el sujeto y la vida estarían muy por encima de las mezquindades o minucias de la política. Hay algo en la novela en ese sentido un poco mesiánico, de que todas las minucias de la política no tienen gran importancia frente a los grandes movimientos históricos o frente a la vida de la especie. En Nietzche la política ni aparece porque está totalmente subordinada a algo muchísimo más grande y superior que es la especie. Pero, por otro lado, es verdad que en la vida concreta de los personajes se filtra la situación del momento y aparece Perón, sobre todo porque el padre de Gustavo después que vuelve de la guerra, termina en las filas antiperonistas por una situación de familia, esa familias agrarias antiperonistas, sin que él sea un hombre politizado, lo enfilan en la lucha contra Perón y en particular en el golpe de Menéndez del 51.

Claro, él venía de la guerra de luchar contra el nazismo en las fuerzas francesas libres y la familia lo toma para organizar milicias civiles en el golpe de Menéndez, pero es descubierto y queda un poco a la intemperie, lo persiguen porque está prontuariado como comunista. Tiene esa reunión con el Comisario que le da 48 horas para salir del país y él sale en un barco sacado por los servicios secretos franceses. Todo esa parte es real, es mi padre. Mi papá fue a la guerra, luchó en Africa, tuvo esa actuación contra el peronismo y escapó del país en circunstancias como esas.

Algo de eso hay, pero hay mucho de ficción. Es una mezcla.

Es un tipo de lenguaje o visión que en la profesión uno fue tomando y se filtrará. Uno cuando escribe es todo uno, en general mi yo escritor es muy fuerte. En general, mis compañeros sociólogos más contemporáneos, se asombraban bastante con mi literatura porque les parecía no sociológica, muy alejada y ellos esperaban algo más tipo Galeano...

Puede ser que aparezca algo del orden del juego. Cuando uno escribe juega con algunas metáforas.

Tiene que ver con esta ambición del sujeto. Es tratar casi desesperada y angustiosamente de definir un yo, mi identidad frente al mundo que es lo irrealizable. Lo irrealizable siempre es el yo porque uno siempre está imbuido del super yo, en términos freudianos, de la identidad que han construido en uno. Cada uno es en función de esa socialización en donde internalizó la sociedad y la vida social. La sociedad está dentro de uno y no la puede arrancar, pero siempre está en uno esa ambición, que la sociedad moderna empuja, de ser individuo. Es el liberalismo individualista del que hablábamos y que busca ser un sujeto. El sueño último llevado al extremo sería arrancar a la sociedad de uno, arrancarla de la cabeza.

Si, escribo con una bic negra en cuadernos cuadriculados. Eso me quedo del colegio industrial porque empecé a escribir de adolescente cuando iba a un industrial entonces mis cuadernos eran cuadriculados de espiral. Así escribí siempre y sigo escribiendo así, casi no puedo escribir de otra manera. Corrijo poco, en general no soy de tachar, por supuesto sí alguna palabra, algún renglón alguna vez, pero en general no releo todo lo que voy escribiendo, tengo la novela en la cabeza mientras la estoy escribiendo, así sea una novela como esta. Escribo todos los días dos o tres horas y estoy metido en el universo de una novela y no necesito releer. Esta la escribí todo de corrido, debe ser que tengo esa locura del escritor.

Sí, me voy llevando por un camino que ya tengo trazado como si fuese una araña que al fin formó una trama que salió. Es una tarea cotidiana que suma siempre. Cuando la termino la leo toda y corrijo pero suelen ser cosas muy ínfimas.