"Siempre tuve una mirada distante y crítica con la militancia"

Félix Bruzzone, uno de los escritores argentinos más aclamados de los últimos años, habló con Infobae sobre su esperada nueva novela, "Las chanchas", en la que vuelve a exhibir su estilo corrosivo y disparatado

Féliz Bruzzone protagonizó una irreverente doble irrupción en la literatura argentina, y pronto se convirtió en una referencia para leer y pensar las marcas que dejó el paso de la dictadura militar. Lo hizo a través de dos libros medulares: los cuentos que reunió en "76" -que el sello Momofuku acaba de reeditar con dos relatos nuevos- y la novela "Los Topos". Así, en 2008 Bruzzone ingresó sin pedir permiso con una voz personal, alejada de toda convención y –como le gusta decir- juguetona. Una hipótesis es que en Bruzzone hay también algo lúdico que le permite jugar con las palabras, divertirse y hacer reír para provocar la reflexión y convocar a un mundo propio en el que habitan la militancia, los medios de comunicación, secuestrados y secuestradores, hijos y padres con relaciones particulares, ámbitos familiares originales, grupos de cumbia punk o los deportes de la clase media alta: en su segunda novela "Barrefondo" fue el rugby, en el libro que Random House lanzó este mes es el hockey.

Félix Bruzzone hizo un alto en su oficio cotidiano de piletero y llegó desde Don Torcuato a la redacción de Infobae para hablar de su tercera novela, "Las chanchas", que tiene como punto de arranque el secuestro de dos chicas por parte de Andy, un cantante de Karaoke y "amo de casa" que cruza a las chicas y tras su pedido, las esconde en el fondo de su casa en "Marte" sin contarle nada a su esposa Romina, la protagonista de Los Topos que aquí regresa pero alejada de la militancia, con otro matrimonio y un nuevo hijo, el pequeño Omi al que Andy cuida durante el día.

Romina frente a lo que ve en televisión y de los comentarios que escucha de los vecinos, se siente convocada a una nueva militancia: el reclamo por la aparición de las chicas que en poco tiempo la convierte en una de las líderes. Ellos no son los únicos personajes de "Las chanchas": aparecerá Gordini, que guiará la acción de Andy y los ocultamientos del secuestro y en el que se podrán leer también pistas de las obsesiones literarias de Bruzzone, cierto léxico entre matón y policial que en este caso muestra violencia contenida. Gordini no tiene voz: la novela está estructurada en tres partes, una narrada por Andy, la segunda por una de las chicas, Mara y, la última, por Romina.

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Es así desde el momento en que me doy cuenta que el personaje que es la mujer de Andy, Romina, es el personaje de "Los topos". Hasta ese momento para mí era otra novela y de hecho a partir de ese momento que descubro que esa mujer puede ser Romina me doy cuenta que hasta podría ser el personaje central de Las Chanchas, incluso pensé en ponerle de título Romina a la novela. De alguna forma hay una continuidad porque se cuenta lo que pasó con Romina después y da algunas pistas de lo que significa la trama de militancia a través de los años, desde lo que hizo Romina en "Los topos" hasta ahora que tiene otra pareja, otro hijo y hace lo que hace con relación a esta situación en donde hay dos chicas secuestradas y ella es la que lleva adelante el reclamo por la aparición de esas chicas. Hay una continuidad de personaje y de temática, de lo que significa la militancia en la adolescencia de Romina y en la adultez.

Hay temas que se repiten con otra textura: hay secuestros, desapariciones, reclamos por esos hechos y hay una resolución. No son hechos de desaparición forzada como era en "Los topos" o en los cuentos de "76". Se refiere a algo que ni siquiera sea del todo real, uno puede relacionar lo que le pasa a esas chicas por cosas que ve en la tele a diario pero por como se va desarrollando ese secuestro se vuelve poco creíble, se va generando esa sensación de inverosimilitud que no coincide con algo que uno pueda ver en el mundo real.

Casi todos los personajes terminan atrapados en todo eso que les pasa. Ahora, hay un personaje que es justamente el que no habla, porque la novela está estructurada en tres partes: en una habla Andy, otra donde habla una de las chicas y la otra en la que lo hace es Romina. En ninguna parte habla Gordini, que es otro de los personajes centrales y que es el que lleva los hilos. Me gustaría saber que pasaría si Gordini hablara, porque él si tiene claro hacia donde va todo desde el principio. Yo tampoco lo sé muy bien, siempre me sentí más desde el punto de vista de Andy, ese era mi punto de vista como autor. El de Gordini remite más a la sensación de irrealidad que uno puede percibir en la novela, podría no existir, ser una contratara de Andy que él imagine. En concreto, Gordini existe pero en alguna forma funciona como ese vacío de sentido que es el que guía todas las acciones y no sabemos cuáles son los objetivos.

Es una violencia módica, volviendo a hacer la continuidad con "Los topos", lo comparo con el personaje El Alemán que aparentemente también es el que lleva los hilos de toda esa acción delirante y tampoco sabemos cómo es su pasado, con Gordini pasa más o menos lo mismo.

Romina se enfrenta a una nueva situación de injusticia después de haber estado apagada y se vuelve a encender.

Se vuelve a sentir vigorizada por militar otra vez. Ella no lo sabe pero la está tocando muy de cerca este secuestro, es como la idea de "militamos cuando nos toca de cerca, aunque no lo sepamos bien nos toca de cerca y militamos por eso". Lo que hace Romina tiene que ver con la puesta en escena de las cosas que hay en "Las chanchas", todo está mediatizado y de hecho después aparecen los medios, el grupo de cumbia punk que recrea de modo bailantero la tragedia de estas chicas y demás. La militancia de Romina es bastante distinta a la de Los topos, está como muy mediatizada.

Puede leerse eso, hay un momento en la novela en donde aparece la militancia por pequeñas causas que van sucediendo una tras otra y no tienen demasiada conexión, hay un trabajo sobre eso. Se puede militar por unas chicas desaparecidas, al día siguiente por una nena que mataron en un tiroteo y al otro por un preso en huelga de hambre, un montón de cosas que no forman un conjunto de nada, no significan mas que esa sucesión pero en realidad sí estén significando mucho más que eso.

Sí, las mismas chicas ya no participan del reclamo por su aparición, sino porque les sigan dando bola. Preferían estar secuestradas para ser famosas y un poco esto lo acicatea Gordini. También la cosa va por otro lado, en la última parte cuando habla Romina la idea era demostrar como en esa cotidianeidad que narra ella de sí misma se puede percibir todo lo que hay por debajo, que no es un afán de fama, ni una vigorización militante, sino que la vida pasa por otro lado, por eso la última parte es más seca y menos juguetona que el resto.

Son materiales que entran en todas partes, algo que está al nivel de otros elementos de la realidad. En "Los topos" también entran en los sueños. En la vida los medios están ahí operando y dándole forma a un montón de cosas.

Ese es un tópico que es recurrente, siempre hay relaciones entre hijos y padres que son raras. Es también el juego del destino que hay en mis novelas, una cosita mínima que sucedió tal día trastoca la vida de todos los personajes. Hay pequeños elementos que a pesar de toda la construcción de los personajes que tengan de su mundo, Andy piensa que vive en Marte, que es una construcción bastante potente, y podríamos decir osicótica, aún así ante un hecho puntual ve como toda su vida cambia totalmente. También hay un juego en mis novelas: una cosa es lo que piensan los personajes de lo que les pasa y otra es la que sucede por detrás.

No sé si hay tanto relato sobre los 90 y alrededor de lo que fue la militancia de HIJOS y demás, no lo tengo muy claro. Siempre mantuve una mirada un poco distante, crítica si querés o juguetona, tendiente más a focalizar en otros tipos de derivas que podían tener los personajes, no en la cristalización del discurso militante sino en lo que le pasaba a los personajes en otras zonas de su vida fuera de la militancia. A partir de ahí se arman ficciones que se van distanciado de lo que puede ser una mirada más militante. Incluso creo que dentro de la militancia pasa eso, es como que la militancia tuviera su lado B: hay una dinámica entre la militancia y la cristalización de una serie de conceptos y todas las críticas que –incluso siendo militante- uno puede hacer de eso, sobre su propia vida y reírse de uno mismo. Trabajar toda esa experiencia de militantes o cercanos a las militancias, permitiera pensar más que en un relato, en el inconsciente de ese relato, en las zonas menos esperables. Como si pudiese narrarse el inconsciente de la militancia, tapado por la militancia.

En realidad yo creo que es así: todos los discursos tienen su zona más inestable, lo que pasa es que quizás no aparecen en el discurso mismo y entonces la literatura busca a todas esas inestabilidades que ayudan a componer un todo.

Lo que me di cuenta con el tiempo es que ya que parece que se dan así las cosas, trato de seguir ese camino. En lugar de escribir "Los topos 2", que sería una alternativa, escribo esta novela que de alguna forma podría ser "Los topos 2" pero de un modo más derivante de lo que se podría esperar. Aparece Romina pero era un personaje que había quedado ahí tirada en Los topos. Mi idea es trabajar así, de un modo más aleatorio y sin estar pendiente de los temas y de la forma de trabajo con los temas que sería esperable. Siempre digo en mis talleres que cuando encontrás el tema de lo que estás haciendo, lo más oportuno sería olvidarlo lo antes posible y a partir del trabajo con los detalles y con lo que les pasa a los personajes logres dar cuenta de ese tema pero sin ser del todo consciente de eso, es ahí donde trabaja la literatura, en las zonas inseguras. Sacarle el jugo más a eso que a un posible tema que uno haya encontrado.

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