París le declara la guerra a los candados de los enamorados

La alcaldía instalará vitrinas de vidrio en los puentes para terminar con esa tradicional costumbre en la ciudad del amor. Las autoridades reportaron daños al patrimonio histórico y riesgos para los turistas

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Después de que una baranda del mítico Pont des Arts se desplomara por el peso de los candados, la alcaldía de París se puso manos a la obra. Y es que la tradición de los enamorados de dejar su sello en la ciudad del amor está dañando el patrimonio histórico. Por eso, primero fue impulsada una campaña para reemplazar los candados por selfies mediante la campaña "Amor sin candados" (#LoveWithoutLocks).

Sin embargo, los resultados no fueron los esperados y las parejas siguieron dejando su huella no solo en el Pont des Arts, sino en muchos otros puentes de la capital francesa. Ahora, la alcaldía va por una segunda vuelta: probará si colocando vitrinas de vidrio en el pasamanos puede terminar con esa práctica que se convirtió en un problema.

 François Grunberg / Mairie
François Grunberg / Mairie de Paris 163

De acuerdo con la página de la Mairie parisina, si el experimento funciona, se extenderá a todas las otras estructuras tocadas por el fenómeno. Las autoridades remarcaron, además, que con 700.000 candados en los puentes, no solo se degrada el patrimonio, sino que también pone en riesgo la seguridad de los turistas. Algunas barandas llegaron a soportar 500 kilos de candados.

Algunas barandas soportan 500 kilos de candados

"Ligeras y transparentes, las barandas vidriadas ofrecen además la ventaja de no contaminar visualmente la vista excepcional" del Pont des Arts, indicó la alcaldía, que precisó que ya fueron colocadas dos y que una tercera será instalada en los próximos días.

La costumbre de inmortalizar el amor en París al dejar un candado con los nombres o iniciales de los enamorados y luego tirar la llave al Sena se popularizó a principios de 2000, aunque se inició en Hungría en el siglo XIX. Es una tradición que también puede contemplarse en el Ponte Vecchio de Florencia o en el Puente de la Academia de Venecia.