Todavía en éstos días asombra el modo en que Occidente y especialmente a href="https://www.infobae.com/" rel="noopener noreferrer" Estados Unidos/a encontraron la forma de reconciliarse con a href="URL_AGRUPADOR_162/japon-a1198" rel="noopener noreferrer" Japón/a, la potencia del Sol Naciente que debió rendirse el 2 de septiembre de 1945, firmando en una mesa colocada en la cubierta del acorazado norteamericano "Missouri".
Ni las dos bombas atómicas arrojadas en Hiroshima y en Nagasaki lograban convencer de rendirse a los militares nipones. Debió salir el emperador Hirohito a sugerir ese paso a su pueblo. Antes tuvo que sortear un pequeño golpe de estado de militares que se negaban a levantar bandera blanca, pero esos rebeldes fueron tomados prisioneros para ingresar en la lista de muertos. Hoy todos los países comparten la misma Sala de Decisiones mundiales, porque gran parte de los contendientes de la a href="https://www.infobae.com/" rel="noopener noreferrer" Segunda Guerra Mundial/a y Japón son la principales potencias del mundo.
Toda el Asia Pacífico y sus cementerios contuvieron a los muertos en el frente de ese inmenso Océano donde antes del conflicto bélico las grandes potencias occidentales tenían sus colonias y Estados Unidos sus bases militares conseguidas desde que vencieron a España en el enfrentamiento armado en Cuba a fines del siglo XIX. Según los recuentos parciales se pueden contar 20 millones de chinos asesinados o fallecidos o muertos en combate, 3 millones y medio de japoneses, centenares de miles de norteamericanos, un millón y medio de filipinos, 100.000 malayos, 60.000 birmanos y 30.000 australianos, entre tantos otros.
Para Estados Unidos que enfrentó bélicamente a Japón desde 1941 fue el escenario de guerra más dramático, casi apocalíptico, donde se utilizaron recursos militares, tecnológicos y humanos nunca jamás presenciados. Comparado ese escenario con el vivido por Estados Unidos en otros frentes, como los que surgieron en Europa, éstos últimos significaron menos esfuerzos.
Impacta la rapidez con el que se olvidaron daños, muertes y destrucción con una saña brutal a cargo de Japón. Como no hubo en el Extremo Oriente un Tribunal de Nuremberg para juzgar a los criminales de guerra, históricamente se ha divulgado bastante poco del sadismo que Japón llevó adelante en su conquista del Pacífico en parte de la década del treinta del siglo veinte y a lo largo de la primera mitad de la década del 40. Porque el silencio sobre los crímenes de guerra japoneses fue silenciado, fue taponado por orden del Interventor en el archipiélago, el general Douglas MacArthur.
Pero todo empezó en los años treinta con desentendimientos. con competencias, con búsqueda de mayores espacios y provisión de materias primas. Con la dinastía Fiji, en la segunda mitad del siglo XIX Japón logró convertirse en una potencia en el Pacífico. Su Armada venció a la Rusia Zarista, con la que mantenía ( y sigue manteniendo tensiones territoriales) en 1905 en un enfrentamiento por momentos colosal. No participó en la Primera Guerra Mundial pero creció, se fue industrializando a pasos agigantados, logró incorporar la mejor tecnología y la mejor educación existente. Un grupo de militares nacionalistas tomó el timòn del país, con el total y decidido respaldo del emperador Hirohito, una divinidad. Se aliaron con la Alemania nazi y con la Italia de Mussolini constituyendo el "Eje Berlín-Roma-Tokio".
Estados Unidos dejó de suministrarle petróleo en la primera mitad de la década del treinta.
Carente de recursos, sin insumos indispensables y sin petróleo, Japón se lanzó a la conquista estilo potencia-pirata en el Pacífico. Y lo hizo con criterio racista porque despreciaba a todo aquel que no fuera nipón, lo consideraba inferior, poco merecedor de la vida. Japón ocupó la Manchuria china e impuso un gobierno títere. Tras capturar Shangai avanzaron sobre Nankin a fines de 1937 donde cometieron atrocidades nunca vistas hasta entonces.
Masacraron, violaron a todas las mujeres que encontraron y fusilaron a más de 250.000 ciudadanos chinos, soldados y civiles. Ya en guerra, a partir de 1941 ocuparon las colonias occidentales y las bases norteamericanas y a los prisioneros los maltrataron o asesinaron o los encerraron en campos de prisioneros donde los fueron aniquilando por hambre y otros padecimientos.
Luego, desde Australia, que recibió entonces un aluvión de nuevas tecnologías armadas, el continente donde se instaló McArthur que había salvado su vida escapando de Filipinas, hubo que reiniciarse la reconquista de todas las islas del Pacífico ocupadas por Japón. Fue un gran esfuerzo hacerlo isla por isla.
Japón no dudó en valerse de todas las formas posibles de defensa y de ataque. Y para poder sobrevivir en las junglas apeló al canibalismo (en Nueva Guinea y en Filipinas) y a los experimentos humanos. Ya en sus instalaciones de China desarrolló armas bacteriológicas, que fueron probadas en más de 3.000 prisioneros chinos. Para provocar la peste negra, el tifus, el ántrax y el cólera. O para usar el gas mostaza y probar la congelación de sus víctimas. Entre 1940 y 1941 -comentó el historiador militar inglés Anthony Beevor- la aviación nipona lanzó por todo el centro de China cascarillas de algodón y arroz contaminadas con la bacteria de la peste bubónica.
En marzo de 1942, el Ejército Imperial planeo la utilización de plagas de pulgas contra los norteamericanos y filipinos que defendían la peninsula de Bataán, pero que se rindieron antes que esas armas estuvieran listas. Unos meses después se propagaron agentes patógenos del tifus, la peste y el cólera en la provincia china de Chekiang como represalia por la primera incursión de bombarderos norteamericanos contra Japón. Y se proyectó el bombardeo de Australia y la India británica con armas biológicas. En las bases de Truj y Rabaul, la Armada Imperial japonesa había realizado experimentos con prisioneros de guerra aliados, en su mayoría pilotos estadounidenses, a los que inyectaban sangre de individuos contagiados de malaria..
Un hecho sorprendente es que un Tribunal Especial por Crímenes de Guerra que se levantó en Japón, tras la victoria norteamericana casi no castigó a los verdugos. McArthur concedió inmunidad a todos los oficiales japoneses que participaron en esos programas bacteriológicos. Otros, figuras importantes durante la guerra fueron exonerados. Se impidieron acusaciones contra la familia imperial. Después de algunos pocos ajusticiamientos, entre ellos el de Tojo, líder de las fuerzas armadas, McArthur ordenó el cese de todas las investigaciones criminales. Sólo fueron procesados algunos médicos que habían anestesiado y luego diseccionados a los miembros de algunas tripulaciones norteamericanas.
Así, con el perdón o el olvido por tantas maldades comenzó la reconciliación con el Japón. La acción de McArthur consistió en desmilitarizar el archipiélago nipón. Cerraron las fábricas de material bélico. En la nueva Constitución se aprobó la renuncia para siempre a la guerra y a la violencia como medio para solucionar disputas internacionales. Se estableció una monarquía parlamentaria y una separación de poderes.
En la guerra de Corea en 1950, Estados Unidos, en medio de la guerra fría, apeló a la ayuda industrial bélica japonesa que había dejado sobrevivir y se rehabilitó a procesados como criminales de guerra insertos en la vida civil para ocupar cargos políticos o dirigir empresas. McArthur se ocupó, privadamente, de cuestiones específicas a la ocupación en 1945. Como los números de violaciones habían crecido exponencialmente se puso de acuerdo con las autoridades niponas y se abrieron burdeles , que fueron cerrados dos años después porque las enfermedades de trasmisión sexual crecieron sin control.
El Tratado de San Francisco, el 8 de setiembre de 1951 marcó el fin de la ocupación aliada y desde el 28 de abril de 1952 Japón fue, otra vez, un Estado Independiente. Si todavía permanecen 50.000 hombres en las bases cedidas por Japón en la guerra fría lo hacen bajo invitación del gobierno de Tokio. En 1960 se inició el milagro económico productivo de Japón, que se extendió 20 años, hasta 1980 donde el país creció a tasas entre el 5 y el 8 por ciento anual.
Tras la derrota firmada por los japoneses la prioridad para MacArthur fue la distribución de alimentos porque millones estaban al borde de la inanición. Esa red le costó a Estados Unidos un millón de dólares diarios. Para fines de 1945, más de 350.000 norteamericanos estaban estacionados a lo largo de Japón.