De la corrupción presente a la impunidad futura

Con "El negocio de los derechos humanos", Luis Gasulla puso al descubierto la malversación del pasado desde la venalidad de hoy. Aquí, extractos de su nuevo libro sobre como se instrumenta un monopolio del dolor para amortiguar las tragedias

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Tras la notable repercusión de su anterior trabajo, en el que develó el uso de los derechos humanos para la corrupción presente, ahora Gasulla arremete contra la última y más importante construcción del kircherismo: garantizar su propia impunidad.

El negocio de la impunidad, la herencia K, (Sudamericana, 1/9/2014) es un libro basado en un trabajo de investigación descomunal, que revela quiénes son los intocables que se afanan por blindar su futuro; desde los nuevos contratistas del Estado a la elite de La Cámpora, pasando por Amado Boudou, el General Milani y Hebe de Bonafini. Y es también la historia de la transformación del Estado en "cosa nostra" y del deseo de que la justicia y un pueblo en apariencia desmemoriado garanticen la impunidad del futuro. Como si nada hubiese pasado.

Infobae publica aquí un anticipo sobre un negocio basado en el monopolio del dolor de una sola persona para amortiguar las tragedias y el intento de utilización de las víctimas de sus fracasos.


El negocio de la impunidad, la herencia K, de Luis Gasulla

Once y la sabiduría de la muerte.

"Vos no sabés lo que es el dolor" le dijo Cristina Fernández de Kirchner a Zulma Ojeda, en Casa Rosada el 6 de marzo del 2012. 12 días atrás, la mujer de 53 años había enterrado a su hijo Carlos Garbuio de 32. El encuentro se produjo luego de que la mamá del joven dijera en el programa televisivo AM, emitido por Telefé y conducido por Leo Montero y Verónica Lozano, que Cristina no sabía lo que era el dolor pues "nunca salió a decir que estaba con las familias de la tragedia". En la nota, Zulma pidió tener la posibilidad de enfrentarse, cara a cara, a la Presidenta a quien había votado y admiraba "terriblemente", mirarla a los ojos y "decirle lo que sentía". Ese mismo día, dos horas más tarde, a las 15:15, el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli la llamó personalmente. Zulma estaba tirada en su cama, no atendió la comunicación e intentó proseguir con un sueño imposible, el de dormir sin sentir más nada. Recién a las 20 horas, luego de insistentes llamados, habló con Parrilli: "La Presidenta necesita verla pero ahora no, la estaré llamando mañana temprano, aproximadamente a las 7". A esa hora, luego de otro llamado previo, un auto la pasó a buscar por su casa, en Villa Sarmiento, Ramos Mejía. La acompañaron sus dos hijas, Viviana y Miriam. En el viaje hasta Casa Rosada intercambiaron algunas tímidas palabras con Oscar Parrilli y Mariana Larroque, quien agilizó los trámites para ingresar raudamente al Salón Mujeres Argentinas. Al ingresar, Cristina le extendió su mano derecha marcando distancia. Luego la Presidenta se sentó en la cabecera de la mesa mientras charlaba y hacía chistes con Parrilli y Larroque sobre carteras y peluquerías. "Ni nos miraba", recuerda Zulma, "hasta que 'Ella' le repitió a Parrilli lo que había dicho yo en televisión". Con tono sarcástico, Cristina le decía al Secretario de su Presidencia que decían que "Ella" no sabía del dolor, justamente "Ella", que había perdido al hombre de su vida, a su compañero, hacía poco tiempo. "La fuerza del amor" fue el spot publicitario con el que cerró la campaña presidencial 2011 en la que obtuvo el 54 % de los sufragios.

- "¿Puedo hablar?", preguntó Zulma, mirando de reojo los hermosos sillones dorados en los que las cinco personas que la rodeaban, además de ella, estaban sentadas.

- ¡Claro Zulema! Si para eso estás, ¿no?, le dijo Cristina con una leve sonrisa en su rostro.

- Presidenta, yo no me llamo Zulema, soy Zulma, respondió la madre de Carlos Garbuio mientras Cristina le tomaba un brazo con firmeza y la interrumpía diciéndole que le diga lo que había dicho por televisión que tenía ganas de decir a la cara.

- Mirándola de frente, la puedo mirar a los ojos y no vine a pedir disculpas de lo que dije porque no estoy arrepentida y siempre seguiré diciendo lo que tenga que decir.

- ¡Está muy bien! Así tiene que ser –dijo Cristina, otra vez, sin permitirle a Zulma terminar la oración-. Estás en todo tu derecho porque lo que decís, lo decís sobre el dolor.

- Perdoname Cristina, porque en mi casa sos Cristina, para mí no sos la Presidenta, sos Cristina, como un familiar, como una vecina, como mi propia madre pero no por que tengas su edad sino porque yo te voté, te admiré, lloré la muerte de tu esposo y te sentí cerca cuando enviudaste como le pasó a mamá...

- ...Y nadie más me votó en tu casa... Ya lo sé, ¿viste que leo y veo todo?

- Así es –le dijo Zulma a la mujer más poderosa de la historia argentina- Nadie más te voto porque mi marido no te quiere, no te quiere nadie en mi familia pero yo sí y es por esa razón que me dolió tanto lo que dijiste porque...

- ¡Sí! ¡Ya sé! Vos dijiste que yo te dejé abandonada- interrumpió nuevamente Ella- pero ¿Zulma, no? Vos tenes que entender...

Esta vez la que cortaba en seco la charla era la madre de Carlos Garbuio que nunca hubiese querido increpar a la Presidenta ni haberla conocido en persona.

- No. Yo no dije que me dejaste abandonada sino que me dejaste huérfana, como una mamá o un papá dejan a un hijo, así nos dejaste cuando saliste a hablar en Rosario, no dijiste "acá estoy". Vos no estuviste.

Pero Cristina jamás retrocede:

- Sí estuve, que yo no me haya mostrado no quiere decir que no haya estado, además de parte mía estuvo Juanpi.

Zulma tardó un instante en asociar el nombre de pila mencionado en diminutivo con el detestado funcionario que ya no formaba parte del gobierno nacional tras la siniestra conferencia de prensa en la que le había echado la culpa a los pasajeros y al destino de que, justo el 22 de febrero, no hubiera sido feriado. Cristina siguió hablando de Juan Pablo Schiavi: "Pobre, que ahora está internado" y Zulma deseó que se quedase allí para siempre, incluso que se muriera.

-"¡No digas eso Zulma! ¡Cuando uno tiene dolor no se tiene rencor!", sermoneó la Presidenta, como si fuese un escritor de autoayuda, a la madre del joven muerto por ir a una gestoría en el centro porteño, donde trabajaba de lunes a viernes. "Pobrecito, él vio todo el horror" continuó Cristina hasta el límite de la tolerancia de su invitada:

- Mi marido sí vio todo, vio a su hijo destrozado y ahora estamos destrozados, yo no creo más en nada, me duele el alma, me duele todo, no quiero saber nada ni con Dios.

Cristina la consoló de una manera singular:

-Lo sé porque pasé por eso pero vos no sabes lo que es el dolor, todavía no sabes lo que es el dolor, todavía no.

Zulma se dio por vencida (...)

Pero la charla continuó una hora más, pues Cristina le contó a Zulma cómo se había aferrado al rezo y a sus rosarios que atesoraba en su mesita de luz para buscar la paz interior. Estaban acompañadas por las hijas de Zulma, Oscar Parrilli y Mariana Larroque, quienes no alcanzaban a escuchar lo que hablaban esas dos mujeres casi en forma confidencial. En la charla, Cristina le contó a Zulma sus supuestos secretos íntimos. Zulma jamás traicionó ese pacto de silencio que suscribió con la Presidenta de todos los argentinos. Pero las paredes oyen y, más aun, en Casa Rosada:

-Zulma –le dijo la Presidenta de los 40 millones a la mujer que lloraba la reciente muerte de su hijo, mientras la tomaba de un brazo- he visto sufrir a mi suegra la muerte de un hijo. Nunca lo conté pero, hace muchos años, Néstor tenía un hermano, que fue a comprar cigarrillos y lo mataron. En sólo diez minutos, todo puede cambiar. Como le pasó a tu hijo que salió de tu casa y no volvió. Por eso te entiendo, lo mismo le pasó a mi suegra.

Zulma se identificó con su dolor y sintió que, por primera vez en todo el encuentro, la Presidenta era una mujer común, como ella, que se mostraba tal cual, como una más. La charla la escucharon, atentamente, las hijas de Zulma quienes, meses después comentaron los detalles del presunto hermano fallecido del ex Presidente y del dolor que provocó en la suegra de Cristina, María Juana Ostoic Dragnic quien falleció el 31 de julio del 2013.

- ¿No será que les contó que Néstor había perdido un gran amigo que era como un hermano?, le pregunté a la familia Ojeda.

La historia familiar de Néstor Kirchner es conocida pero vale la pena recordarla. El ex Presidente tenía dos hermanas, la mayor, Alicia Margarita Antonia y la menor, María Cristina. Rafael Flores, que conoce la prehistoria política de Kirchner asegura que, si es que no se trató de un malentendido, lo que confesó Cristina es "una macana grande como una casa" ya que "eso es falso. Jamás nadie, tampoco Néstor, mencionó el asesinato de un familiar cercano ni tampoco de un amigo tan cercano que hubiese salido a comprar cigarrillos y no volvió".

El tiempo transcurrió. Zulma no volvió a ver a la Presidenta. Ella tampoco volvió a hablar de la tragedia excepto en Tecnópolis, horas antes del primer aniversario del 22 de febrero del 2012, mientras inauguraba el canal de Televisión Digital, DeporTV y, mirando a Estela de Carlotto le preguntó cuántos años había esperado por justicia y, sin esperar respuesta, le dijo: "Cuantos años pidiendo, 35 años y recién ahora está llegando". Para Cristina, tampoco Néstor había hecho justicia durante su gobierno (...)