#MiHistoriaMundial: "Ketchup" Esquerra, el argentino que peleó contra los hooligans en el Azteca

Vivió la Copa del Mundo de 1986 desde adentro. Se enfrentó a los barras ingleses el día que Maradona hizo historia. Su experiencia en un momento doloroso para los argentinos después de la guerra de Malvinas

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"¿En el Obelisco? No señora, todos los argentinos quisieran estar acá adentro", le dijo Oscar "Ketchup" Esquerra a una mujer que se encontró en la tribuna del Estadio Azteca, el 29 de junio de 1986. En México, el Mundial llegaba a su fin con Argentina y Alemania como protagonistas de la historia. La desconocida mujer pensó que los ganadores de aquella jornada querrían estar apretados en el microcentro de la famosa Buenos Aires. Se equivocó. Estaban viviendo la historia.

Argentina se adueñó de la Copa del Mundo y dejó su sello en los libros de fútbol para toda la eternidad. Fueron tiempos de genialidades maradoneanas, ingleses humillados ante la calidad de Diego y triunfos encadenados que se repitieron en los televisores argentinos de un país que recién lograba ponerse de rodillas ante el dolor del pasado militar.

"Ketchup", como le pusieron sus amigos porque era similar a un dibujito animado de su juventud, fue protagonista de los hechos en México 86'. Uno de los tantos argentinos que invadieron las calles del Districto Federal vestidos de celeste y blanco. Hasta allí se trasladó con su memoria, para ponerle Play a la película del pasado y contar sus vivencias en un instante culmine de la historia argentina.

"Teníamos una bandera que decía "Santa Fe Malvinas Argentinas". Cuando estábamos por entrar a la cancha, la Policía nos hizo cortar la palabra Malvinas para que no se generarán problemas adentro". Cuatro años habían pasado de la guerra entre argentinos e ingleses en el fin del mundo. En ese instante había que jugar con los pies para aplacar el dolor que generó el daño de las armas. Pero la cosa esta fea todavía. Era muy reciente el dolor de la derrota.

Oscar llegó al partido entre Argentina e Inglaterra y se colocó atrás de uno de los arcos. Se juntó con el resto de los hinchas argentinos que combatían la espera y el calor. Mientras el equipo de Bilardo se preparaba para salir a la cancha, un grupo de hoolingas apareció en la tribuna para hacer valer su fama de violentos. "Vinieron a buscar roña. Se metieron en el centro de la tribuna. Les pegaban de todos lados. De arriba y de abajo. Yo me quedé con una bandera que tengo guardada en mi casa. Un recuerdo".

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El dolor del pasado y el fanatismo por el fútbol generaron una mezcla explosiva. La pelea con el ala más violenta del público inglés terminó en una hecatombe de barrio en donde los que perdieron se fueron por donde llegaron. Minutos después, el pitazo inicial le dio comienzo a la obra magistral de Maradona.

"Vos lo veías al Diego que iba con la pelota. Cada vez que avanzaba, la gente se paraba para intentarlo ver, estiraban el cuello para ver cómo corría", retrata, haciendo de cuenta que aún sigue parado en los escalones del Azteca, esperando a que Maradona logré dar la puntada final en el césped.

"Ketchup" va y viene por los pasillos de su memoria. Habla de la final con Alemania y del duelo ante Inglaterra. Son los dos encuentros que le quedaron marcados y, mientras recorre las fotos que tenía guardadas en un cajón, los ojos se le cristalizan. Su figura enorme se volvió pequeña cuando se vio en las imágenes del pasado. Cuando se dio cuenta que todo lo que está impreso solo lo puede sentir él en su cuerpo.

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"Es impresionante la cantidad de gente que había el día de la final. Cuando empató Alemania, explotó el Azteca. Los mexicanos hinchaban todos para ellos", dice. Pero Argentina pegó último y mejor. Pegó como Oscar a los hooligans. Porque, aunque no sea el mejor de los ejemplos, las piñas existieron en aquella tarde con aroma bien argento.

Después de 28 años todo cambió. Diego, Argentina, el fútbol, la Selección y hasta el propio "Ketchup". Los nombres propios se mantendrán eternos a pesar del paso del tiempo. Maradona en el recuerdo imborrable de un pueblo que lo discute pero lo ama. Oscar en la memoria de sus amigos, a los que les supo contar sus anécdotas mundialistas para que se mantuvieran vivas en la memoria colectiva.

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