Toda construcción puede interpretarse como una estructura. Tiene objetivos bien definidos en cuanto a diseño, lugar y momento. Desde las pirámides mayas y las egipcias hasta las casas de Le Corbusier y Frank Lloyd Wright y la ciudad de Oscar Niemeyer, entre tantísimas otras, todas poseen un lenguaje que forma parte del proceso de comunicación social. "Sabemos que existen edificios hermosos y que algunos de ellos son verdaderas obras de arte, pero no sabemos de construcciones que hayan sido erigidas sin algún fin determinado... No existe diferencia entre construcción útil y creación de imagen" (Gombrich, 1995). Ante estas maravillas del ingenio, entendemos de lo que el hombre es capaz y, a la vez, del daño que puede ocasionar cuando "el hombre se transforma en el lobo del hombre" (Hobbes, 1980). En esta lógica, el artista (el constructor) "transforma sus pretensiones irreales en fines alcanzables...se traslada con sus satisfacciones imaginarias a un mundo ficticio de una manera tan peligrosa como aquellos que padecen psicosis" (Hauser, 1961).
Existen también "construcciones invisibles" que afectan también el orden social. Es impactante en estos tiempos cómo, mediante acciones coloridas y atractivas para las necesidades humanas básicas, se promueven ideas facilistas y carentes de contenido. Este artista (pseudoartista, en adelante), "crea un mundo de realizaciones que no es exclusivamente de su dominio particular, sino que él comparte con otros y en el que otros encuentran también satisfacción (Freud, 2012). La instalación se viabiliza mediante mensajes que potencian fantasías (sexuales, por lo general), donde un pseudoartista (acongojado porque lo desplazaron de un negocio) lanza proclamas que confunden los sentidos de un espectador abrumado por la realidad quien, luego, impulsivamente, vota sin fundamentos en ámbitos políticos y económicos.
En ese contexto social, el economista trata de entender y explicar la razón del estancamiento de la inversión (el motor de la actividad productiva para John Maynard Keynes), la ausencia de demanda de líneas de créditos (incluso con tasas de interés real negativa) y el estancamiento del empleo pero, llamativamente, no pondera el irating/i televisivo. La necedad también ocupa lugar cuando, elegantemente, sólo se utiliza terminología de manuales (como los de Brealey y Myers o Frederic Mishkin, entre otros) para responder el interrogante que surge de una realidad compleja y bastante diferente de la que estos autores estudian. Es indudable que "la dominación ha sabido encontrar estrategias más suaves, menos trabajosas, menos incómodas y menos coercitivas que el antiguo modelo de vigilancia" (Bauman, 2002). Las construcciones televisivas y literarias anidan en el concepto de libertad (como en el mercado del economista clásico), capitalizan el contenido de ideas primitivas y egocéntricas y forjan enormes estructuras junto con las cuales la sociedad luego, inconcientemente, deberá convivir. Se promueven insensatas dosis de individualismo en personajes sin memoria y atrasados en el conocimiento de la "vida social" y la "cultura institucional". La estampida hacia el a href="http://www.infobae.com/temas/dolar-a1" rel="noopener noreferrer" dólar/a paralelo es el monumento y la obra de arte (la construcción) más perfecta y maravillosa de ese individualismo, diseñada e impulsada por pseudoartistas especializados (potenciada con independencia de los innegables desequilibrios económicos). De nuevo, la teoría microeconómica respalda cuando, el economista descontracturado (traje negro sin corbata) argumenta sólo que si se asfixia el funcionamiento de mercado es lógico que las transacciones pasen "por el costado" sin aclarar la manera en que ese razonamiento trata la ilegalidad y la inmoralidad.
Desde el pseudoarte, afirman que viajan pero que tienen inconvenientes con los dólares. Con tono de risa, se lamentan porque debieron abandonar sus idílicos lugares de veraneo y, luego, porque quedaron afuera de una preselección resultante de la dimensión desconocida de las interacciones políticas (como ocurre en cualquier parte del mundo). Por la valoración que promueve el rating, su ocasional fracaso económico individual es comunicado con contenidos contaminados y dolorosos, recibidos por un espectador pasivo y permeable. Oleadas de insultos adornados en bromas superficiales y de contenido soez, erosionan los innegables avances de la YPF nacionalizada y el relativamente lento progreso de a href="http://www.infobae.com/temas/aerolineas-argentinas-a1499" rel="noopener noreferrer" Aerolíneas Argentinas/a, mientras buscan "avivar el incendio cambiario". Cual estructura imperfecta de mercado, siempre dominada por unos pocos, la gestión que se hace desde el micrófono deplora conocimientos, logros y desconoce la academia. La idea que transmite el pseudoarte es que siempre retrocedimos porque los funcionarios se equivocaron sistemáticamente y se dedicaron a hacer mal por su inmanente corrupción moral (análisis más que resumido). Marginado de "la jugosa tajada", el pseudoartista construye obras que perdurarán tanto como las de Frank Lloyd Wright pero que, a diferencia de éstas, siempre serán aceleradoras de crisis.
Más allá de todas las correcciones necesarias que urgen (y que se pueden ser resumidas en la ausencia de un combate a la inflación), el trasfondo es la disputa de espacios entre una heterodoxia desprolija y jactanciosa y un orden conservador social secular y perimido. En ese espacio "trabaja" el pseudoartista de turno, quien, por lo general, actúa para que nada cambie (del lado de los intereses tradicionales), estrategia que se fortalece porque el plan de la heterodoxia con frecuencia es deficiente. "Los ganadores" de la decisión "no positiva" de hace 6 años, muchos de ellos en veloz carrera hacia 2015, llamativamente nunca resultan citados por el pseudoartista. Es una enorme masa, el movimiento de contenidos que maneja a discreción y que le reporta cuantiosos recursos que, gracias a las bondades de la providencia, resolverá el futuro económico de varias de sus generaciones futuras. En su eterna construcción, seguirá demoliendo ideas (perfectibles, por lo general), presionará investiduras institucionales (y la noción de ley) y continuará devaluando la noción de arte. Del otro lado, cual personajes de Matt Groening, siempre encontrará individuos dispuestos a sonreír y celebrar la mega a href="http://www.infobae.com/temas/devaluacion-a3916" rel="noopener noreferrer" devaluación/a futura que nos merecemos, la súper inflación que "cocinará" nuestros salarios y las abruptas subas de tasas de interés que nos alejará irremediablemente del crédito hipotecario sin tener en cuenta la salud de su empleo o el futuro de sus haberes jubilatorios.
La sociedad debe soslayar sus aristas violentas y abandonar el antiguo régimen. El proceso de entendimiento y compromiso social necesita trabajo para evitar estar a merced de individuos que construyen su futuro y que, con disponibilidad de poder, siempre moverán "la aguja" de la inversión, el mercado de cambios y el de créditos. Es necesario comprender que si se continúa atentando contra el capitalismo nacional, la calidad del empleo empeorará y la herencia será más débil que la de nuestras generaciones precedentes (a diferencia de lo que legará el pseudoartista). Las situaciones imposibles de revertir seguirán ganando terreno y, finalmente, prevalecerán. Cuando ello ocurra, las soluciones no estarán disponibles.
(*) In memoriam de la arquitecta Adriana Lucía Pasqualini (1970-2004).
Gustavo Perilli es economista, socio en a href="http://www.amfeconomia.com/" rel="noopener noreferrer" AMF Economía/a y profesor de la UBA