A Ramona Piris todos la conocen como "Caty". Tiene 46 años, es abogada y trabaja en el área de legales de un importante banco. Se define como una persona a la que le gustan los desafíos, por lo que siempre busca actividades para escapar a la rutina. Corre, hace remo, atletismo y natación. Hace menos de un mes sumó al tenis como una nueva actividad. El haber quedado ciega a los cinco años no es un impedimento para realizar las numerosas tareas que tanto disfruta.

"Caty" es una de las alumnas del Programa Tenis Para Ciegos de la Argentina,  una iniciativa pionera en el país y en América Latina creada en el año 2011 por el profesor de tenis Eduardo Raffetto, luego de una particular situación.

"Saliendo de mi centro de desarrollo, se me acercó una mamá con sus dos hijitas ciegas. Las niñas, de entre siete y ocho años, tenían sus bastones y la mujer me preguntó si podían hacer tenis. Ese fue el puntapié inicial del proyecto", recordó el director del programa, quien ese mismo día se puso a investigar para darle una respuesta a esa madre preocupada por el desarrollo de sus hijas.

Raffetto se sentó en la computadora y puso en Google "Tenis para ciegos", pero no encontró nada. Entonces, probó con el término en inglés ("Blind tennis") y así descubrió el caso de Japón.

"Ellos son el país creador de tenis para ciegos y hace ya 25 años que lo llevan adelante. Decidí contactarme con ellos para entender los parámetros de la disciplina y rápidamente me mandaron toda la información", contó el entrenador.

Con cuatro años de experiencia, el Programa de Tenis Para Ciegos de la Argentina se ha convertido en una referencia a nivel regional. A sus clases en el Centro Burgalés del barrio de Caballito hoy concurren más de 32 alumnos de entre 7 y 60 años.


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La práctica de esta disciplina tiene varias particularidades. La cancha tiene las dimensiones de una de bádminton, es decir, 12,80 por 6,40 metros. Las líneas perimetrales están marcadas con una soga de 3 milímetros de espesor, adherida al piso por medio de una cinta, lo que les permite a los jugadores ubicarse por medio del tacto con la raqueta, las manos o los pies.

La altura de la red es de 80 centímetros y los jugadores utilizan raquetas de tipo junior. La pelota tiene 9 centímetros de diámetro y está fabricada en goma espuma. En el interior tiene una pelotita de ping pong con municiones que generan sonido.

De acuerdo a las normas internacionales, existen tres categorías. La B1, que comprende a los ciegos totales, y las B2 y B3 en las cuales se dividen los jugadores disminuidos visualmente, de acuerdo al grado de esta condición.

Los partidos se realizan a tres sets. El ganador de cada parcial es el jugador o pareja de dobles que sume seis juegos, sin necesidad de sacar diferencia de al menos dos como en el tenis convencional. Mientras que en la categoría B1 se permiten tres piques de pelota, en la B2 se aceptan dos.

En febrero de 2014 se produjo la conformación oficial de la Asociación Internacional de Tenis Para Ciegos (IBTA, según sus siglas en inglés). El objetivo de esta entidad es dictar normas para la práctica de esta disciplina y conformar un cronograma de eventos que incluya torneos, exhibiciones, talleres y seminarios a nivel mundial. La meta más grande es lograr que el deporte sea incluido dentro de los Juegos Paralímpicos.





El tenis, una herramienta para sobrepasar obstáculos

A sus 46 años, Roberto mantiene una vida plenamente activa. Una retinosis pigmentaria hizo que perdiera la visión de manera paulatina a partir de los 14 años, pero eso no limitó su espíritu deportista. Este fanático de Boca, que por 20 años trabajó en el área de ventas, no solo practica tenis hace dos años, sino que también se destaca en Torball (un deporte de pelota desarrollado para no videntes) y en fútbol. Casado y con dos hijos, Roberto tuvo la posibilidad de asistir en el 2013 a la despedida de David Nalbandian, su ídolo en la disciplina. "Me encanta jugar tenis. Es muy importante tener esta oportunidad", dice al ser consultado sobre el valor de este espacio.

El profesor Raffetto explicó que los alumnos del programa son tratados de la misma manera que los jugadores convencionales, sin favoritismos ni contemplaciones.

"El poder brindarle a la gente la posibilidad de hacer un deporte y de creer que pueden jugar al tenis, para mí es una satisfacción enorme", remarcó el docente, con más de 30 años de experiencia.

Y respecto a las sensaciones que genera la práctica de esta disciplina en los alumnos planteó: "Veo en ellos la satisfacción de poder hacer un deporte. Acá hay chicos y adultos que son ciegos de nacimiento, a quienes nunca se les cruzó por la cabeza el poder practicar tenis. Tal vez lo seguían por la televisión o por la radio, pero no pensaban que podrían llegar a vivirlo".



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A pesar de que hoy no tienen ningún tipo de apoyo o subsidio estatal, la apuesta del Programa Tenis Para Ciegos de Argentina es por el crecimiento. Para eso, en abril realizarán el primer curso de capacitación argentino de tenis para ciegos y disminuidos visuales.

Las limitaciones económicas no comprometen la continuidad de este programa por el cual todos los alumnos acceden a las clases de forma totalmente gratuita y con la provisión asegurada de los elementos necesarios para la práctica del deporte. La voluntad y el trabajo incansable de docentes y colaboradores son el motor de esta iniciativa de integración.