Pese al enojo sudamericano, principalmente de la 'despechada' y ausente Argentina, la FIFA le volvía a dar a Europa la organización del Mundial. Mientras de fondo resonaban los bombardeos españoles por la cruenta Guerra Civil que le terminará dando la victoria al nefasto Francisco Franco, en Francia se 'distraía' a la gente con espectáculos futbolísticos. Con el Brasil del goleador descalzo regalando la Copa, una Selección arrancando en Cuartos y un arquero rival feliz por recibir cuatro goles y salvar la vida de once 'tanos'; la 'Azzurra' volvía a consagrarse, aunque esta vez con el fútbol como bandera. Sin las 'ventajas' que recibieron de local, bajo la atenta y asesina mirada del 'Duce'.
El clima político que se vivía en Europa era verdaderamente aterrador. A la vuelta de la esquina ya se podía apreciar la Segunda Guerra Mundial que atormentaría al planeta durante seis sanguinarios años. Pese a esa irrespirable atmósfera, la FIFA decidió que el Viejo Continente volvía ser el lugar apropiado para acoger la tercera edición de la exitosa y ansiada Copa del Mundo. Y Francia fue el país elegido, pese a que allí retumbaba más que en ningún otro lado los cañonazos de una fragmentada España que luchaba contra el avance a pasos agigantados del régimen totalitario, que duraría 40 años.
La elección de la sede despertó un gran malestar en los países de América, que esperaban que dicho privilegio se fuera alternando entre el Viejo y el Nuevo Continente. Mientras la más indignada fue Argentina, que reclamaba la organización, y no demoró mucho en desistir de participar; la gran mayoría de los americanos se sumó al boicot y provocaron un récord de renuncias (Colombia, Costa Rica, El Salvador, Estados Unidos, Guayana, México y Uruguay fueron algunas de las que desistieron). Brasil fue quien no se acopló a la medida por dos motivos: contaba con un gran combinado que le hacía pensar que éste era 'su' Mundial y porque pretendía organizar el siguiente.
Tras superar las Eliminatorias, a las 16 privilegiadas se le 'bajó' una participante precisamente por el abrumador contexto político: cinco meses antes del inicio se produjo el anexo de Austria a Alemania (la Anschluss, 'unión' en alemán) y nadie ocupó el lugar vacante que dejaron los austríacos. Así las cosas, 15 fueron los participantes, obligando a que una de ellas hiciera su debut directamente en Cuartos (fue Suecia, que en Octavos debía medirse con Austria y se le dio esa fase como superada). Con la nueva disposición de la FIFA de que el organizador (Francia) y el vigente campeón (Italia) ocuparan plazas de oficio –medida que se mantiene hasta la actualidad-, el resto de los lugares fueron cubiertos por: Alemania, Bélgica, Brasil, Checoslovaquia, Cuba, Hungría, Indias Holandesas, Noruega, Holanda, Polonia, Rumania, Suecia y Suiza.
Todo estaba listo y el puntapié inicial se dio el 4 de junio con un duelo que daría un claro indicio de lo emocionante que sería el fútbol de esta tercera 'edición mundial': cinco de los siete duelos fueron a tiempo suplementario y en dos de ellos hubo que jugar un segundo partido. Precisamente ése primer acto que tuvo como protagonistas a Suiza y la repudiada Alemania nazi (los hinchas no dudaron en hostigarlos y volcar su total apoyo al rival) fue uno de los que terminó igualado en primera instancia (fue un 1-1 que no pudo ser quebrado ni en la prórroga) y hubo que jugar otro encuentro cinco días más tarde. Allí se daría la primera sorpresa –o fracaso- de la competencia, dado que la 'ensamblada' selección alemana (había acoplado a futbolistas austríacos que no lograron combinar nunca dos estilos de juego muy diferentes) vencía por dos tantos antes de la media hora de juego y terminó perdiendo increíblemente por 4 a 2. Muchos tomaron dicho resultado como una victoria de sobre el temerario régimen totalitario.
Más allá de esto, el encuentro más vibrante y que fue señalado como uno de esos partidos que no deben faltar en el archivo de cualquier fanático de la redonda fue el que llevaron a cabo Brasil y Polonia. Dicho encuentro contó con dos goleadores temibles: los sudamericanos contaban con 'su diamante negro', Leónidas, quien se despachó con un triplete; mientras los polacos se lucían con Wilimowski que convirtió ¡cuatro tantos! Pero no se adelanten señores lectores porque de dichos gritos no salió el resultado final, dado que muy cambiante –así como vibrante- fue el trámite: la 'Verdeamarelha' se fue al descanso venciendo por 3 a 1 y en los segundos finales del partido Polonia empató el choque en cuatro. El escenario parecía haberse armado para la ocasión porque se desató una intensa lluvia que tiñó todo de barro. Fue entonces cuando Leónidas sorprendió a todos haciendo algo que para él era lo más común del mundo: se sacó los botines en pleno duelo y jugó descalzo (le duró poco la libertad, ya que cuando el árbitro lo advirtió lo obligó a calzarse). Con sus pies ya cubiertos, el brasileño marcó los dos tantos que le permitieron a Brasil imponerse por ¡6 a 5!
El resto de la llave se completó con la amplia victoria de Hungría por 6 a 0 ante la 'Cenicienta' Indias Holandesas; Francia 3-1 Bélgica (éstos fueron los únicos dos choques sin suplemento); Italia 2-1 Noruega (la 'Azzura' sufrió un agónico empate que la obligó a ir a prórroga); Checoslovaquia 3-0 Holanda (la otra finalista de la anterior Copa necesitó del tiempo extra para marcar todos sus tantos); y Cuba –en su primer y único Mundial- sorprendió al eliminar a Rumania en dos partidos (3-3 y 2-1).
En Cuartos no hubo mayores sorpresas. Los cubanos no pudieron estirar la hazaña y cayeron vapuleados 8 a 0 por la 'fresca' Suecia que hacía su debut en dicha instancia al no haber podido enfrentar a Austria en Octavos. Suiza pagó caro el desgaste que hizo para eliminar a Alemania en dos partidos y perdió 2-0 ante Hungría. Los galos se cruzaron en el camino con la campeona defensora y fueron derrotados duramente 3-1, convirtiéndose en la primera anfitriona que no podía quedarse con la gloria. En tanto, Brasil volvió a ser el gran protagonista de la fase, aunque en esta oportunidad no fue por su lujoso juego, sino por lo violento del mismo.
Tanta fue la violencia del duelo entre Brasil y Checoslovaquia que el mismo pasó a la historia como la 'Batalla de Burdeos'. Apenas a los doce minutos los checos ya tenían un 'soldado' con el tobillo fracturado (quien igual siguió en cancha porque en aquel entonces no habían cambios), mientras que su extraordinario arquero atajó durante la prórroga con la clavícula rota (dicha lesión terminó costándole el retiro). Entre lesiones y expulsados, sólo 15 de los 22 futbolistas terminaron el partido que acabó igualado 1-1 y obligó a jugar un segundo partido. En dicho encuentro todo cambió gracias a que el árbitro fue otro y no permitió tal 'carnicería'. Lo cierto es que los checos pagaron muy caro la baja de su guardameta y se despidieron al perder por 2 a 1.
Las Semis contaron con lo que todos denominaron como una final anticipada: Italia y Brasil se veían las caras. Sin lugar a las objeciones, se enfrentaban las dos mejores selecciones del certamen. Por un lado llegaba la disciplinada 'azzurra' y por el otro la habilidosa 'verdeamarelha'. Sin embargo, lo que se esperaba sea un gran espectáculo futbolístico fue frustrado por el entrenador brasileño. Mientras el DT italiano, Vittorio Pozzo, se desvivía pensando en la manera de frenar a la temible delantera rival, el soberbio Pimenta le facilitó todo: "Leónidas y Tim son los mejores y por ello los voy a reservar para la final. El partido ante Italia no es más que un nuevo paso en nuestro camino a la cumbre". Esto no sólo despertó el orgullo de la 'Azzurra' sino que le entregó el partido, que ganó por 2 a 1. Mientras a ellos los esperaba una final ante Hungría (que destrozó 5-1 a Suecia), Leónidas y Tim tuvieron que ir en busca del premio consuelo y jugar para quedarse aunque sea con el tercer puesto.
Era 19 de junio y los encargados de protagonizar el último acto de la Copa ya estaban listos para salir a escena. Claro que había un actor de reparto –vale mencionar que su papel era secundario sólo porque no corría detrás de la pelota, pero en realidad su participación no siempre estaba en los primeros planos- y se trataba del ya conocido Benito Mussolini. Aunque en esta ocasión no necesitó utilizar sus macabras maniobras para 'ayudar' a un seleccionado que ya no lo necesitaba para triunfar, 'Il Duce' se encargó que nadie olvide su presencia y lo hizo a través de un telegrama que recordaba una frase ya conocida por los 'tanos': "Vencer o morir". Esas escuetas tres palabras lo decían todo.
"No me importa cómo, pero hoy deben ganar o destruir al adversario. Si perdemos, todos lo pasaremos muy mal", fue el otro avisó. En este caso de Pozzo a sus dirigidos, quienes captaron rápidamente el mensaje y se despacharon con una inapelable victoria por 4 a 2. Mientras los tanos deliraban con su bicampeonato y los húngaros se marchaban entre lágrimas, hubo uno que se quedó sonriente pese a la derrota. Ése fue el arquero Antal Szabo, quien comprendía perfectamente que absolutamente nada merecía ser pagado con sangre y con una pura risa aún en su rostro esbozaba: "Nunca en mi vida me sentí tan feliz por haber perdido. Con los cuatro goles que me hicieron, salvé la vida a once seres humanos".
Con una Italia logrando limpiar su moral, la pelota se detendría durante el extenso lapso de doce años a causa de esa sangrienta y cruel Guerra que estaba golpeando la puerta tan intensamente, que logró derribarla para así instalarse y causar innumerables estragos en todo el mundo.
RESÚMEN ESTADÍSTICO
Fecha: 4 al 19 de junio
Campeón: Italia
Segundo: Hungría
Tercero: Brasil
Cuarto: Suecia
Selecciones participantes: 15 (Austria jugó anexada con Alemania)
Partidos disputados: 18
Goles: 84 (promedio 4.66)
Goleador: Leónidas 8 (Brasil)