¿Fue el desamor lo que mató a Ricardo Fort?

Logró la fama tan anhelada pero no alcanzó para sanar su corazón. Pudo más su esfuerzo desenfrenado por lograr amor y reconocimiento de los otros y sobre todo de su familia. Su cuerpo fue su refugio más preciado y doloroso a la vez. Fragmentos de la historia de un niño triste

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 Télam 162
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 Verónica Guerman/Teleshow 162
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Ricardo Fort no merecía morir así. Necesitaba aún más tiempo para sanar su corazón. Su corazón que quedó roto desde la infancia cuando - reconocido por él mismo- una y mil veces fue un niño malquerido. Un niño que se hizo grande y que arrastró la pesada mochila del desamor.

Su historia de vida tiene que ver con una infancia en apariencia normal, sólo en apariencia: el mismo escudo protector sobre el que Ricardo se reinventó a sí mismo cuando decidió que no iba a pasar desapercibido. Chico de barrio acomodado, pero chico de barrio al fin, su núcleo familiar y Ricardo nunca llegaron a hablar el mismo idioma.

Llegó el final

Fort murió a los 45 años por un  paro cardíaco, según el último parte médico, producto de una hemorragia digestiva masiva; y después de  27 cirugías  y 16 tornillos de titanio en su cuerpo.

Fort logró despertar la atención del público, logrando superar el arco bizarro y acarició  la popularidad multitarget. Y con el tiempo también vino el cariño de la gente.

"Todo el comportamiento en la vida de Ricardo Fort es una sucesión de síntomas reactivos al desamparo. Fort batalló contra el desamor  con las únicas armas que pudo, su imagen aquello que sí podía mostrar, lo más superficial de sí mismo. Hay mucho de Narcisismo en ello, pero por déficit. La falta de amor en la infancia, la ausencia de reconocimiento de sí mismo desde los primeros pasos, hacen que las personas busquen aquello que les faltó ", explica la licenciada Sonia Almada, psicoanalista y directora de Aralma, centro de investigación y formación en psicoanálisis.

"La muerte temprana de Ricardo Fort revela un niño deprimido, neurótico que continuó así hasta la adultez,  rindiéndose ante el desamor".

Historia triste  

Felipe Fort, abuelo de Ricardo, fundó la fábrica -hoy centenaria- de chocolates y golosinas FelFort en el año 1912. Supo hacer de ella una gran industria chocolatera y cuando Carlos -padre de Ricardo- la recibió en sus manos decidió hacerla crecer aún más.

Su madre Marta Campa de Fort exhibió interés y gusto por el arte, confesa cantante lírica y amante de la música clásica; se "codeó" con el espectáculo pero siempre de forma moderada.

Tras la muerte de Carlos Fort, en 2007, la fábrica quedó en manos de los tres hijos, Ricardo, Eduardo y Jorge, pero Ricardo siempre evitó hacerse cargo de los negocios y empezó a soñar con pertenecer a la farándula. Para iniciar su periplo por el mundo de la fama decidió instalarse en su lugar en el mundo, Miami.

"En la vida de Ricardo Fort la falta de deseo de los padres, la falta de registro y el abandono lo convirtieron en un hombre que parecía tenerlo todo; pero en realidad no tenía nada. Su vida fue un pedido desesperado de amor", refuerza Almada.

Y Fort encontró "su" manera para lograr que la gente lo admirara. " Las cirugías, los anabólicos, la transformación de su aspecto, su comportamiento  exhibicionista, su bisexualidad; son todas formas sintomáticas de expresar lo que no se puede decir", agrega la psicoanalista.

El cuerpo de Fort se transformó en el mejor testigo de su pena: autoflagelación, cientos de tatuajes y hasta una espalda rota, sobrecargada por el exceso de peso en sus rutinas de entrenamiento en el gimnasio.

Raíd mediático  

"Reality Fort" fue su irrupción en los medios como personaje excéntrico y millonario.  El  programa mostraba los placeres del empresario: lujo,  viajes por el mundo, dinero, fama, autos , relojes,  un séquito de hombres musculosos y aceitados estilo patovicas que oficiaban de seguridad privada; más fiestas, mujeres hermosas. Todo exceso y cargado de excesos. Ese fue el paradigma que instaló  el "mundo Fort".   Y todo ocurría en lo que parecía su propia meca - tan añorada por la farándula argentina-: la ciudad de Miami.

Su estilo de vida hedonista, ostentoso y con toques chabacanos  provocaban interés, amor y odio a la vez. Y siempre exhibió como carta de presentación su condición de  millonario. Fort resistió la irrupción mediática, pero todo fue fugaz como su vida

El pico de popularidad lo encontró  rodeado de complejos y anabólicos. Después para paliar tantas cirugías y transformaciones en su cuerpo vino la morfina, que no sirvió para curar tanto dolor.

En 2009 fue parte del clan de Marcelo Tinelli primero como participante del programa "Bailando por un sueño" y luego en 2010 como jurado.

Como expresaron médicos propios y ajenos de Fort, él fue un paciente díscolo y temerario. Nunca respetó la reglas de los posoperatorios y no fue fiel a ningún equipo médico por mucho tiempo. Esto no colaboró ni con el espíritu de un buen paciente, ni con una buena recuperación.


Gestos sanos

Fort tuvo "gestos" en su vida privada que tienen que ver con la perpetuidad y con cierta sanidad psíquica. Por ejemplo sus hijos: Felipe y Martita -hoy de 9 años- tienen que ver con su idea de formar su propia familia y lejos de pagar con desamor, les  dio en vida protección, amor y cuidados.

También supo  establecer relaciones de amistad perdurables y confiables como por ejemplo la de Gustavo Martínez, ex pareja, y con quien adoptó conjuntamente a los chicos. Y en algún aspecto, su madre que si bien pareció acompañarlo en su incursión por la fama y el éxito, tampoco alcanzó.

"Fort hizo mucho para correrse y no repetir con los demás su propio sufrimiento:  se rearmó a sí mismo,  decidió su sexualidad, sobre ese clan familiar que a lo mejor le exigía  que sea quien no era. Su gesto frente a la  descendencia es muy saludable: él sufrió maltrato y abandono, pero brindó amor y amparo a sus hijos. Fort pagó muy caro su búsqueda de reconocimiento de sus objetos primarios: sus padres", continúa Almada.

Y concluye: "La gente tiene que saber que con una adecuada  terapia psicológica se puede lograr hacer un viraje frente al desamor, y quererse a sí mismo. Lamentablemente a Fort le faltó tiempo".

A Ricardo Fort le faltó tiempo para amarse a sí mismo. Seguramente porque su entorno estaba más ciego y hambriento de fama que él. Y su entorno familiar más endeble que nunca.

Dicen sus amigos, que a él le hubiera gustado hacer un funeral al estilo Elvis, sin embargo la familia decidió no hacer  funeral.  Aquí la historia de un chico deprimido que vivió una carrera desenfrenada buscando el amor. Ahora que descanse  en paz