Vuelta de Obligado: por qué se sabe tan poco sobre "la 3ª invasión inglesa"

La enemistad hacia Rosas oscureció un episodio de nuestra historia que tiene sin embargo todos los ingredientes que hacen atractiva a una trama: heroísmo, traición, intriga, diplomacia y romance 

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El debate en torno al establecimiento de nuestro último feriado nacional (el 20 de noviembre, trasladado este año al 25, para facilitar el miniturismo) reactualizó la polémica en torno a la naturaleza del combate de la Vuelta de Obligado (20 de noviembre de 1845) originado por la intervención anglo-francesa y su incursión invasora por el río Paraná.

Lo cierto es que la Vuelta de Obligado, la posterior guerra del Paraná y las largas negociaciones (5 años en total) a que dio lugar la intervención anglofrancesa en el Río de la Plata han sido no sólo motivo de polémica sino sobre todo de olvido, principalmente por la acción de los opositores al gobernador de Buenos Aires y cabeza visible de la Confederación Argentina, Juan Manuel de Rosas, que, desde su exilio en Montevideo aplaudieron la invasión y hasta colaboraron con ella. Más tarde, triunfantes sobre Rosas, se ocuparon de desvirtuar este acontecimiento, y sobre todo de minimizarlo al punto de volverlo casi desconocido.

Sin embargo se trató en la práctica de una tercera invasión inglesa y, de haber prosperado, seguramente el mapa sudamericano contaría con una república más, integrada por las provincias mesopotámicas, todo a fin de garantizar el "principio" de la "libre navegación de los ríos".

Como señala el historiador Mario "Pacho" O'Donnell, presidente del Instituto de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego, "el conflicto internacional se sobreimprimió a la antinomia nacional entre unitarios y federales". En un libro enteramente dedicado a esa intervención anglo-francesa, La gran epopeya. El combate de la Vuelta de Obligado (Norma, 2010), texto al cual en buena medida debemos el actual feriado, O'Donnell señala: "El expansionismo imperial solía aprovechar las divergencias internas o externas de las naciones a dominar: se arrogaba un supuesto rol como 'mediador', cuando en realidad buscaba inclinar la balanza a favor del bando más dócil a sus intereses".

Ingredientes de novela

Este es un tramo más de los tantos en nuestra historia, enseñados de un modo tan fragmentario que impide dimensionarlos en la importancia –local, regional y mundial- que tuvieron, por la multiplicidad de intereses en juego. De haber sucedido en otro país, en la propia Inglaterra o en los Estados Unidos, sería materia de poesía laudatoria, novelas y cine. Los elementos para la "ficción" están todos: heroísmo, traición, intriga, diplomacia, romance (con Manuelita Rosas seduciendo y poniendo a sus pies al enviado inglés), aventurerismo (pensemos en Garibaldi, unos años antes, y su deslucida incursión en el Río de la Plata, contraria a la que lo cubrió de gloria en su Patria), etcétera.

Toda la historia de la conformación de las repúblicas sudamericanas puede ser leída en clave de los intereses en pugna en este episodio, incluso proyectando el análisis a la etapa anterior a la lucha por la Independencia: desde los primeros tiempos coloniales hubo un permanente expansionismo portugués a través del Brasil que, no respetando lo establecido por el Tratado de Tordesillas, buscaba siempre ampliar sus dominios a costa de España primero y de los primeros gobiernos patrios luego. Y, detrás de portugueses y brasileños, Gran Bretaña, cuyo interés principal era la fragmentación política de los nuevos territorios para evitar el surgimiento de una sola gran Nación y facilitar la penetración de su comercio. Una tarea para la cual siempre contaron con facilitadores locales.

Si se quiere saber más, es interesante apelar también a Jorge Abelardo Ramos, un revisionista no rosista –que los hay-, y a su obra Revolución y contrarrevolución en la Argentina. El capítulo referido a esos hechos se titula "Los mercaderes del opio bloquean el Río de la Plata", para recordar que se trataba de los mismos que forzaron la "apertura" de China al mundo enarbolando la bandera del libre comercio.

Méritos y responsabilidad de Rosas

Sin embargo, Ramos toma distancia de la figura de Rosas, al decir: "Si los unitarios rivadavianos y algunos jóvenes de la generación de Mayo radicados en Montevideo pudieron llegar a un convenio con los agentes de las potencias imperiales contra Rosas, fue precisamente porque contaban con el descontento y la inquietud de las provincias litorales argentinas. Rosas, de la misma manera que los gobiernos unitarios anteriores, mantenía el control del puerto, negándose a nacionalizar los recursos aduaneros".

El historiador acusa incluso a esta actitud de haber empujado a Paraguay a la independencia. Pero no desconoce los méritos del Restaurador en esta coyuntura, ni el carácter de invasión extranjera que tuvo el acontecimiento, algo que algunos historiadores niegan, aduciendo que la Nación aún no se había organizado, como si no hubiese existido ya el sentimiento nacional. Ramos cita por ejemplo a John F. Cady, un historiador norteamericano, que en su libro La intervención extranjera en el Río de la Plata sostiene que "la consecuencia más importante fue exaltar el patriotismo del pueblo argentino hasta un grado sin precedentes".

"La hostilidad general, la ausencia de fuerzas de tierra y el carácter de guerra nacional que la descarada intervención internacional otorgaba a la resistencia de Rosas obligaron a los piratas civilizados a retroceder primero y a negociar después", escribe Ramos.

El combate de la Vuelta de Obligado propiamente dicho, duró toda una jornada, desde la mañana temprano hasta media tarde, en condiciones muy desparejas, que vuelven aún más admirable la resistencia local. Con su victoria, franceses e ingleses creyeron ganada la guerra, señala O'Donnell, "pero lo cierto era que la feroz resistencia argentina había sorprendido a los invasores, convencidos por los unitarios de Montevideo de que su acción iba a encontrar unánime y vigoroso apoyo, en un pueblo teóricamente ansioso por liberarse del restaurador".

O'Donnell destaca también que no todos los antirrosistas se plegaron a los invasores extranjeros y cita por ejemplo la carta que el coronel Martiniano Chilavert, héroe de la independencia, escribió al presidente uruguayo Manuel Oribe en mayo de 1846: "Considero el más espantoso crimen llevar contra (mi país) las armas del extranjero. Vergüenza y oprobio recogerá el que así proceda (...) ¡Traidor! ¡Traidor! Conducido por estas convicciones me reputé desligado del partido a quien servía".

Y, en una muestra de que tenía bien en claro de qué se trataba, agregaba Chilavert: "Vi también propagadas doctrinas que tienden a convertir el interés mercantil de la Inglaterra en un centro de atracción, al que deben subordinarse los más caros de mi país y al que deben sacrificar su honor y su porvenir. La disolución misma de su nacionalidad se establece como principio".

 

Segunda Guerra de Independencia

O'Donnell describe a continuación los otros combates que siguieron a Obligado, a lo largo de la costa del Río: Tonelero, San Lorenzo (el mismo escenario del primer combate de San Martín en las Provincias Unidas, 32 años antes), Quebracho, y así río arriba, en lo que llama "el calvario de los interventores". La Gran Epopeya contiene un relato detallado de todos los acontecimientos previos a Obligado, desde el primer bloqueo francés, el análisis del contexto internacional imprescindible para entender la apuesta de París y Londres, la crónica de la Guerra del Paraná y las idas y vueltas de los cinco años de negociaciones que le siguieron.

"La batalla de Obligado es una segunda guerra de la Independencia", le escribió a Rosas el general San Martín –cita O'Donnell- que fue todo menos un testigo silencioso de estos acontecimientos. Tanto en esta ocasión, como en el anterior bloqueo francés de 1838, el Libertador no sólo se solidarizó con Buenos Aires y ofreció sus servicios militares, sino que también hizo gestiones diplomáticas antes las autoridades de Francia, su país de asilo, tendientes a señalarles la inutilidad de su empresa, porque sabía que sus compatriotas ofrecerían una resistencia tan tenaz como eficaz.

En carta a Tomás Guido, que reproduce O'Donnell, San Martín escribió: "Tentado estuve de mandarle a Rosas la espada que contribuyó a defender la independencia americana, por aquel acto de entereza en el cual, con cuatro cañones, hizo conocer a la escuadra anglo-francesa que, pocos o muchos, sin contar con elementos, los argentinos saben siempre defender su independencia". Años más tarde, concretó el impulso, legándole a Rosas su sable a través de su testamento.

Disraeli y la colonia de "segundo orden" que ultraja a Inglaterra

Después de dilatar lo más posible las negociaciones, los ingleses deciden acelerar las cosas en 1850. O'Donnell cita las declaraciones del célebre político conservador Disraeli, como síntoma de la exasperación de Londres: "La Confederación Argentina, una colonia de segundo orden recientemente rebelada contra España, ha repelido seis misiones, algunas del más alto rango y últimamente ha hecho el ultraje a Inglaterra de no recibir a su ministro y rechazarlo poco menos con insultos". Y el primer ministro, Lord Aberdeen, decía pocos días después, el 22 de febrero, ante el Parlamento: "Hay límites para aguantar las insolencias y esta insolencia de Rosas es lo más inaudito que ha sucedido hasta ahora a un ministro inglés". El enviado de la corona se encontraba en Buenos Aries desde el 2 de octubre y Rosas se negaba a recibirlo.

Ramos sintetiza la terminación del conflicto, de este modo: "En 1849 los intervencionistas firmaban con Rosas un tratado por el cual se reconocía que la navegación fluvial argentina está únicamente sujeta a sus leyes y reglamentos; las potencias se obligaban a evacuar la isla de Martín García, devolver los barcos argentinos apresados y saludar la bandera nacional".

Más allá del acuerdo o no con el establecimiento de un nuevo feriado, y por encima de los intentos poco disimulados de recuperación de la fecha en nombre de cierto sectarismo militante actual, esta es una etapa riquísima de nuestra historia que hace visibles las contradicciones y tensiones que atravesaron todo el largo proceso de conformación de nuestra Nación y por eso es lamentable que no sea mejor estudiada y, sobre todo, mejor difundida y enseñada.