Procesan a una banda que estafaba con certificados impositivos falsos

El juez Oyarbide procesó a diez personas que integraban una organización que se dedicaba a vender certificados de deuda impositiva. Fueron estafadas algunas empresas importantes. Varios de sus miembros fueron detenidos y luego liberados

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Departamentos en Puerto Madero. Billetes. Autos de súper lujo. Billetes. Una Ferrari que era de Leonardo Fariña. Billetes. Brindis con champagne. Y fotos en las que se sonreían mientras abrazaban fajos con cientos de miles de billetes. Dólares, para ser más precisos.


Falsificaban certificados de crédito fiscal que les vendían a empresas que con esos papeles se presentaban ante la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) para cancelar deudas impositivas. Cobraban sumas millonarias de las empresas que compraban los certificados de buena fe. Pero cuando les llegaban intimaciones de la AFIP por la falta de pago de sus obligaciones, se daban cuenta de la estafa. Para entonces la banda de estafadores ya había cobrado parte de lo acordado.


Así hicieron millones. Para muestra alcanza el procesamiento de los integrantes de la banda que firmó el juez Norberto Oyarbide en el que se descubrieron ocho estafas con certificados falsos. En la causa judicial se demostró que empresas importantes como Boldt, Isolux o Crónica TV cayeron en las garras de la banda que tenía como nombre de sus sociedades una expresión de deseos dedicada al dinero: Que nunca nos falte (QNNF).


Con esa sigla bautizaron a varias de las sociedades que Miguel Ángel Lamparelli y Adrián Gago armaron para mover la enorme cantidad de dinero que consiguieron estafando a empresas que, al comprar los certificados de deuda impositiva a un valor menor que el nominal, creían que iban a hacer un buen negocio. Los empresarios estafados hicieron denuncias.


Las denuncias se acumularon en una causa judicial en la que Oyarbide dictó el procesamiento de Lamparelli y Gago como jefes de una asociación ilícita dedicada a la falsificación de documentos públicos. Como Gago había trabajado en la AFIP tenía gente adentro que le servía para legitimar su estafa. Una empresa interesada en comprar los certificados se comunicaba con la AFIP para preguntar si la sociedad que los vendía tenía crédito fiscal. Desde dentro del organismo llegaba la respuesta afirmativa -que era falsa- y entonces se hacía la operación.


Lamparelli, un hombre humilde que se codea con los nuevos ricos de Puerto Madero, y Gago, estuvieron detenidos unos días por orden de Oyarbide. Cuando los procesó junto a otras ocho personas, el juez lo hizo sin prisión preventiva, por lo que ahora deben andar por la Ciudad en los mismos autos importados que lo hacían antes. Entre los procesados hay dos mujeres, una de ellas, Marisa Pomponio, era un eslabón importante de la banda. Tenía contactos en el sistema financiero para atraer clientes que luego serían estafados.


Lamparelli, Gago y Pomponio son las tres personas que aparecen en las fotos que acompañan esta nota. Una tarde de champagne, varios integrantes de la banda se reunieron en Puerto Madero y se sacaron fotos mientras tocaban encariñados los fajos de billetes de dólares comprados con los pesos de los estafados.


El centro operacional de la banda era el café AMMA y el restaurant  QNNF, ambos de Puerto Madero. Allí Lamparelli tenía su oficina de atención al público. Por las mesas de los dos lugares pasaban empresarios, funcionarios, e integrantes de la devaluada farándula local como el valijero Fariña. El arribista ex esposo de Karina Jelinek le vendió a Lamparelli una Ferrari con la que el nuevo rico paseaba por el barrio más caro de Buenos Aires.


En la investigación que el juzgado de Oyarbide hizo con la División Fraudes Bancarios de la Policía Federal hubo cruces de llamados telefónicos, intervención de cuentas de correo y un trabajo de hormiga que se volcó en la causa. Los diálogos telefónicos no dejan dudas: era una banda que estaba en operaciones, inclusive, hasta hace unos días. Los casos investigados por Oyarbide comenzaron en 2005 y no se descarta que hasta que fueron detenidos -y luego liberados- los estafadores siguieran cazando empresarios para venderles certificados impositivos falsos.


Según el procesamiento dictado por Oyarbide al que accedió Infobae, las siete estafas investigadas involucraron una cifra cercana a los 85 millones de pesos. Vale la pena recordar que las empresas-que dividían el pago total en cheques- , una vez que desde la AFIP les informaban que los certificados eran falsos, dejaban de pagar.


Para las estafas usaban sociedades con los siguientes nombres: Agerdam, Tordiva,  Grucan, Equs Vial, Pretensados, ABD, Master Model,  Acoplados Ricchini, entre otras. Oyarbide determinó el funcionamiento de la banda que estafaba y procesó a sus integrantes. Ahora queda por averiguar quiénes eran los funcionarios que dentro de la AFIP -y tal vez en otras dependencias estatales- colaboraban con la banda. Y si extendieron su modalidad por otros lugares del país.


El juez Oyarbide fijó un embargo de 220 millones de pesos para Lamparelli y Gago. Y de 100 millones para Pomponio. Bienes no les faltan. Autos, un yate y departamentos en los más costosos edificios de departamentos de Puerto Madero forman parte del patrimonio de esta banda de "vivos" que fue descubierta.


La banda se ufanaba de lo fácil que hacía la plata. Por eso bautizaron a su "grupo económico" con el nombre "Que nunca nos falte". Pero también se reían de los estafados. Un mail de 2010 que intercambió Lamparelli con otro integrante de la banda, decía después de cerrar otro de sus negocios: " De acuerdo al diccionario de sinónimos podemos seguir robando 15 meses más, a saber: estafar, timar, quitar, hurtar, afanar, mangar, atracar, sisar, despojar, desvalijar, defraudar, usurpar, malversar, sustraer, expoliar, limpiar". Se divertían mucho. Ahora están procesados.