¿Furcio?: rescatan a deportista que salvó judíos "a pesar" de ser "católico devoto"

Gino Bartali, ciclista italiano fallecido en el 2000, fue declarado "Justo entre las Naciones" por el gobierno de Israel. Pero un diario español trató como antagónica su fe con esa actuación en la Segunda Guerra

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El deportista, que murió a los 86 años, fue distinguido de modo póstumo con ese título que las autoridades israelíes reservan a quienes contribuyeron a salvar a sus conciudadanos del Holocausto.

Al dar cuenta de la distinción, la corresponsal de El Mundo escribió: "Bartali era un católico devoto. iPero/i (...) eso no impidió que formara parte de una red secreta para salvar judíos, liderada por el entonces rabino de Florencia, Nathan Cassuto".

En efecto, el deportista, apodado "el Piadoso", actuó como correo en la organización clandestina montada para sacar de Italia a judíos perseguidos durante la ocupación nazi. En concreto, bajo cubierta de estar entrenando, Bartali llevaba, de una ciudad a otra, ocultos en el caño de su bicicleta, los documentos falsos con los cuales muchas familias pudieron eludir los controles de identidad y ponerse a salvo de la deportación a campos de concentración.

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Bartali fue un destacado campeón de ciclismo, que en los años 30 y 40 ganó tres Tours de Italia y dos de Francia, además de muchas otras carreras. Ahora, Israel quiso destacarlo también como campeón de la solidaridad y el coraje.

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Pero lo llamativo es la forma en que cierta prensa dio la noticia. Como si la condición de católico "piadoso" estuviese reñida con el sentimiento humanitario. Es decir, dando por sentado que la solidaridad de Bartali con los judíos perseguidos fue ejercida "pese" a su fe y no precisamente debido a ella. Más aún, el mismo artículo informa que el arzobispo de Florencia, Elia Angelo Dalla Costa, codirigía la red clandestina con el rabino.

"El Piadoso tenía una gran afinidad con la derecha católica y puritana italiana", dice el diario. Lo que lo convierte en una oveja entre lobos. Se devela de este modo aun más el preconcepto.

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Un prejuicio que nace de la ideología pero también de la ignorancia histórica. Se asocia a la izquierda –si agnóstica, mejor– con el humanitarismo y las causas justas, y a la derecha –si católica, peor– con el autoritarismo, la dictadura y la guerra.

Según este clivaje, no habría dictaduras de izquierda, como las hubo por décadas en la Europa del Este en nombre del marxismo, hasta que un Papa –Juan Pablo II, que para estas mentalidades fue "de derecha", hizo caer el muro del miedo–; o como las hay en la actualidad –caso de la socialista Cuba.

Se sorprenderían seguramente estos prejuiciosos al saber, por ejemplo, que la Resistencia francesa contra la ocupación nazi se alimentó esencialmente de dos vertientes: el Partido Comunista y los monárquicos –y muy católicos– franceses.

O que los simpatizantes de Pol Pot, el genocida camboyano, se encontraban a la izquierda del arco intelectual europeo, con Jean-Paul Sartre a la cabeza.

Pero parecería ser que las matanzas cometidas en nombre del comunismo tienen mejor prensa que las otras.

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