La tragedia personal de un testigo de los vuelos de la muerte

Juan Molina era soldado cuando fue asignado para acompañar los "vuelos de la muerte" durante la dictadura de Augusto Pinochet. Consideró "un castigo de Dios" la muerte de su hijo

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 ElMundo.es 163
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Chile conmemora los 40 años del golpe militar que acabó con el gobierno de Salvador Allende. Más allá de la eterna polémica sobre las consecuencias que este acontecimiento tuvo sobre Chile, el punto más álgido y complejo es la impunidad de la que gozaron los militares que tuvieron directa responsabilidad sobre los desaparecidos y ajusticiados durante la dictadura, cuando las garantías constitucionales y los derechos humanos fueron erradicados de ese país.

Juan Molina era un soldado de 19 años cuando se produjo el golpe militar. En 1979 fue asignado para subir a un vuelo en helicóptero. En una entrevista concedida a un medio español, el ex militar recuerda: "Cuando estábamos preparando el helicóptero, llegó una camioneta de color crema y descargaron lo que teníamos que llevar a bordo". Se trataba de dos cuerpos, tapados y con un pedazo de riel atado a los pies.

Molina recuerda que tenía noticias de esos vuelos, que se realizaban desde 1973, y destaca que en las conversaciones con otros soldados y militares, se calificaban de "vuelos normales" en los que se lanzaba gente al mar.

En 1980, el soldado Molina debió participar en otro vuelo, donde se arrojaron ocho cuerpos, "que dejaron grandes rastros de sangre, ya que iban abiertos", recuerda el ex militar, según publica El Mundo.

Pero Juan Molina, un hombre que vive en una zona humilde de los alrededores de Santiago, siente que en todos estos años ha estado pagando con su dolor la participación en esos "vuelos de la muerte".

En 1981, el soldado sufrió la pérdida de su hijo de un año y siete meses, ahogado en la bañera tras un accidente doméstico. "Lo tomé como un castigo de Dios", dice el hombre, que conserva destacadas dos fotografías que le recuerdan siempre su pasado; una, vestido de militar, y la otra, de su pequeño hijo.

"Tenía un año y siete meses, estaba empezando la vida. Yo andaba por todos lados. Mi señora lo encontró caído dentro de la bañera con los dos zapatitos afuera. Fue un día domingo... Yo ya sabía que estaba muerto cuando lo saqué y quise darle respiración artificial. Entonces me vino de inmediato el recuerdo de lo otro", dice Molina.

El mismo día en que sepultó a su hijo, una carta anónima con recortes de diarios decía: "Para que te des cuenta de lo que se siente cuando se ahoga un ser querido".

Molina decidió pedir la baja del Ejército, aunque se la negaron y tuvo que esperar la denominada "baja 4", por la que no recibió ningún tipo de indemnización.

Juan Molina es uno de los tantos militares chilenos que participaron en la represión ilegal de la dictadura. Nunca fue a la cárcel, como ninguno de los principales actores del golpe, pero vive su infierno personal con el recuerdo de lo que hizo y la experiencia traumática de la pérdida de su hijo.