Nicolás "El Tecla" Farías, de 25 años, y Kevin Douglas Bais, de 29, fueron condenados a 20 años de prisión por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 6 de la Capital Federal al encontrarlos culpables del delito de "homicidio en ocasión de robo" en perjuicio de Laura Susana Bard, por el hecho ocurrido el 7 de septiembre de 2011 en el barrio de Flores.
En el caso de Bais, los jueces unificaron la pena en 25 años ya que tenía una condena anterior de seis por otro delito, por la cual gozaba de libertad condicional al momento del hecho.
"No tengo nada que ver con este hecho. Estoy haciendo las cosas bien, estoy estudiando en la cárcel", se limitó a decir Farías, mientras que Douglas Bais prefirió no hacer ninguna declaración al momento de concedérseles las últimas palabras a los imputados, en la audiencia que tuvo lugar el mediodía de este martes, con un tribunal integrado por los jueces Leonardo José De Martini, Guillermo Yacobucci y Ricardo Manuel Rojas.
"Estoy contento porque se hizo Justicia, pero mi mujer no vuelve más, me destruyeron la vida", dijo el viudo, Gabril Arroyo, minutos después de la lectura del fallo, que escuchó abrazado a sus allegados mientras lloraba desconsoladamente.
Arroyo afirmó que quiere "que estén presos todos los implicados, toda la banda. No voy a parar hasta que estén todos detenidos". Es que en la causa hubo otros tres procesados como "partícipes necesarios", Antonella Pantuso y los hermanos Juan Domingo y Juan Martín Cano, pero luego fueron sobreseídos.
El viudo de Bard también pidió que se condene al sitio de subastas por internet donde la víctima había publicado el LCD que vendía, "porque ellos fueron los encargados de meter a los ladrones en mi casa. Ellos también tienen que ser responsables".
De acuerdo al testimonio de Arroyo, junto a su esposa habían decidido poner a la venta por internet un televisor LCD y otros objetos personales ya que tenían planeado mudarse a la ciudad de Mar del Plata. Una vez acordada la compra, el 7 de septiembre de 2011, Farías y Bais se hicieron pasar como compradores y se presentaron en la casa de la pareja para llevarse el televisor, aunque una vez adentro, extrajeron armas de fuego, amenazaron a todos los presentes, los inmovilizaron con precintos plásticos y comenzaron a exigir dinero, en el departamento del primer piso de un edificio del pasaje Gustavo Riccio, a una cuadra y media del céntrico cruce de las avenidas Rivadavia y Carabobo.
Durante el asalto, Arroyo se zafó de los precintos, forcejeó con los agresores hasta el balcón, desde el cual se arrojó a la calle, cayó sobre el techo de un auto estacionado y, al resultar ileso, comenzó a pedir auxilio a los vecinos.
Ante esa situación, los dos ladrones tomaron unos pocos objetos de valor y se dirigieron hacia la puerta para escapar, aunque Bard creyó que su intención era atacar a su marido y corrió detrás de ellos, momento en que fue asesinada de un tiro en el pecho.