Miami Heat y San Antonio Spurs esperan el partido decisivo de la final por el campeonato de la NBA, cada uno a su modo, acomodando en su psiquis errores y virtudes de cara a un encuentro que marcar el destino de muchos de sus jugadores.
Con la serie empatada 3-3, ambos quintetos saltarán la noche del jueves a la cancha del American Airlines Arena para definir la historia de los playoffs finales más disputados de los últimos años.
"No hay ningún juego 8", expresó con rotundidad 'Manu' Ginóbili sobre la importancia de la próxima cita para los dos clubes. Ginóbili y los Spurs estuvieron a cinco segundos de coronarse campeones de la temporada 2012-2013, pero un triple milagroso de Ray Allen le cambió el final a la película y ahora tendrán que reescribir el guión desde otra óptica.
Los Spurs llevaban ventaja de 95-92 cuando, faltando 5,2 segundos para ganar su quinto título como franquicia, el veterano Allen encestó un triple desde un costado para mandar el partido a un tiempo extra, donde Miami logró imponer su ley y ganar 103-100, para forzar el séptimo juego el jueves.
"Miami jugó un gran partido. Ha sido una larga temporada para los dos equipos, pero ambos preferimos estar aquí, y no en casa viendo la final", declaró el técnico de San Antonio, Gregg Popovich.
Los Spurs estaban ya casi descorchando el champagne y las camisetas y gorras que se dan al campeón de la final estaban ya en su vestuario, cuando Allen puso a correr al personal de apoyo de la arena de Miami con un tiro que ya ha pasado ser parte de las grandes leyendas de la NBA.
San Antonio y sus veteranos Tim Duncan, Tony Parker y Manu Ginóbili están a punto de perder su último tren por el campeonato, mientras Miami y su Big Three de LeBron James, Dwyane Wade y Chris Bosh no quieren bajarse del carro triunfador por un buen tiempo, y buscan repetir el título ante su propia gente.