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Dejar de ser el hijo único genera grandes cambios en la vida de un niño que hasta  determinado momento fue el rey de la casa. Sin quererlo ni pensarlo, los padres pueden llegara a quitarle la atención que tenía. Qué pasa por la mente del niño cuando llega el hermanito, cómo vive el verlo crecer en la panza de su mamá, que hasta hace unos meses no dejaba de consentirlo pero que ahora se muestra cansada y sin mucho tiempo para jugar.

      

Cuando el hermanito nace, el primogénito se convierte en el "mayor" y un sinfín de sentimientos contradictorios llegan a él: sus padres le dicen que deberá cuidar del recién nacido, que en el futuro se convertirá en el "ídolo", pero a la vez, el niño sabe que dejará de ser el centro de atención de la casa. Es entonces es cuando aparecen los celos a flor de piel.

"Casi siempre los hijos piensan que sus padres prefieren a uno de sus hermanos en particular. Al mismo tiempo, los padres afirman que quieren a todos los hijos por igual. Pero ¿cuál es la verdad?", se cuestiona la licenciada Florencia Torzillo Álvarez (MN 30.624), Coordinadora General de INEPA, Instituto de Psicología Argentino.

La especialista explicó que "ambas son verdad porque es muy frecuente que los padres favorezcan o prefieran a uno de los hijos. En algunos casos se le da más atención al más pequeño o más débil, o más tiempo a quien se encuentra más necesitado. En la mayoría de casos, el tratamiento especial hacia alguno de los hijos es de corto plazo, pero puede afectar a los otros".

Además, señaló que "también está el factor afinidad" en la relación que se estable con los hijos: "Es normal que haya mayor afinidad hacia alguno de los hijos, sea ésta por el carácter o por el género. Para los padres es difícil repartir equitativamente la atención, ya que los hijos van creciendo y surgen nuevas necesidades. Por eso, manejarlos con igualdad significa darle a cada uno lo que necesita de acuerdo a sus debilidades o fortalezas, y no lo mismo en cantidad". Pero, por otra parte sostuvo que sin embargo,los hijos entienden la igualdad como que todos merecen lo mismo: "Si ven que los padres permiten a un hijo acostarse más tarde, significa que lo quieren más. O ver que el hijo menor necesita ayuda para vestirse y al mayor se le pide que se cambie solo, para ellos podría ser un signo de preferencia hacia el menor y ahí radica una gran diferencia entre lo que sienten los hijos y los padres por cada uno. Cuando un hijo pregunta a alguno de sus padres si es él es el preferido, lo más común es que le respondan: 'Para mí todos son iguales', pero eso no es real, la mayoría de los padres lo tienen".

Algunas de las razones que llevan a los padres a preferir a uno de sus hijos

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Una de esas razones podría ser el sexo: siempre se dice que las niñas son las preferidas del padre y que los varones lo son de la madre. También se asegura que ese lugar lo lleva el primogénito varón, mientras que para el padre su debilidad estará en la hija de menor edad.

"Si se refiere al orden de nacimiento, los primogénitos tienen más posibilidades de ser escogidos como preferidos ya que son aquellos que recibieron toda la atención desde un principio porque fueron hijos únicos durante un tiempo. También los pequeños suelen despertar gran simpatía; sin embargo, los medianos son los más discriminados", afirmó.

Si la afinidad con el carácter y los gustos entre hijos y padres son parecidos, entonces aumentan y de forma considerable las posibilidades de favoritismo, pero "son todos supuestos de quienes estimamos que se puede elegir un hijo por sobre otro", defendió la psicóloga.

      

"El preferir a una persona sobre otra es una constante en todas las relaciones humanas. Todos los padres generan ciertas expectativas sobre sus hijos y, si las cumplen, es más fácil que sean admirados y aceptados por sus padres".

Pero, al parecer, hay además preferencias o rechazos que se originan en factores con los que los niños nada tienen que ver y por lo tanto está fuera de su alcance modificar. Un ejemplo de esto sería "Se parece a la abuela", y ello puede serle tan bueno como malo. El carácter que va formando o el aspecto fisico también inciden en la preferencia y, lamentable pero cierto, si la criatura llegó en un mal momento para la familia.

Finalmente, Torzillo aseguró: "Vale la pena que los padres se cuestionen y con toda honestidad examinen cuál es la razón de su preferencia. Esto les puede ayudar a darse cuenta de que quien necesita su apoyo no es quien tiene mejores particularidades sino precisamente quien está en desventaja. Algunos de los factores psicológicos dependerán de cada familia para que se den unos u otros patrones, e incluso las preferencias pueden cambiar a lo largo del tiempo". A ello agregó algunos de los comportamientos que suelen repetirse, a saber:

  • Verse proyectados en alguno de los hijos: el que se parece más a uno y en el que se ve una posible versión mejorada de nosotros mismos. Es una especie de cercanía emocional que hace preferir a ese hijo. Si el otro hijo se parece más al otro progenitor, puede que veamos en él sus carencias, proyectemos los enfados, las tensiones o que se le reste atenciones
  • Además podríamos proyectar en el hijo favorito a alguien que ya no está, a algún familiar ya fallecido y que el progenitor quería mucho.
  • También es posible que inconscientemente nos sintamos más preocupados por el hijo menos parecido a nosotros, porque buscamos entenderlo más, queremos gustarles más
  • Hay hijos que llegan en un momento vital determinado para "llenar un vacío" (un familiar fallecido, por ejemplo), porque son los primeros en llegar o por el contrario porque costó mucho que llegara
  • En ocasiones el hijo mayor es el favorito porque sirve como ejemplo de cómo son las cosas cuando llega el segundo hijo.
  • El menor también tiene posibilidades de ser favorito por una especie de compasión para intentar equilibrar y porque el pequeño es el que más necesita a los padres.

Según la opinión de la especialista, revelar que muchos padres tienen predilección entre sus hijos es un primer paso para lidiar con algunos de los sentimientos negativos como la culpa; por eso, aceptar que es normal que exista algún nivel de preferencia puede ser difícil para muchas familias, pero sanador. Para evitar estos sentimientos de injusticia, es importante dedicarle un tiempo especial a cada uno de ellos y estar atentos ante cualquier sentimiento de rechazo.

"Conversemos mucho con nuestros hijos y siempre digámosles cuánto los amamos y lo especial que es cada uno de ellos para nosotros", aconsejó.