Peñarol levantaba una Libertadores despreciada, increíblemente, por el 'Ciclón'

En 1960, cuando el certamen todavía se llamaba Copa de Campeones de América, el “Carbonero” le empataba a Olimpia en Paraguay y se alzaba el trofeo. En Semis, había derrotado en un partido desempate, a San Lorenzo, que vendió la localía porque tomó como una competición amistosa a la que sería la más prestigiosa del Continente con el correr de los años. El destino se vengó de los de Boedo

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El gran Peñarol de Scarone daba la vuelta olímpica en Paraguay, después de haber igualado 1-1 con Olimpia y tras haberse impuesto 1-0 en Uruguay, por la Ida. Con componentes como Luis Cubilla, quien más tarde daría qué hablar en Argentina y el argentino Carlos Linazza, alzaba la Copa de Campeones de América que más tarde pasaría a denominarse Copa Libertadores.


El dato curioso de esta primera competición entre conjuntos del Continente, fue que el argentino que la disputó (al igual que el resto, por haberse consagrado campeón en su liga en 1959), le restó importancia al certamen, al punto tal de tomarlo como una copa amistosa. Fue San Lorenzo, que había eliminado en Cuartos de Final al Esporte Bahía de Brasil, haciendo de local en cancha de Huracán ante 6 mil personas y jugando de visita con 35 mil brasileños, un dato que deja al desnudo la poca trascendencia con la que tomó la dirigencia este asunto.


El "Ciclón" empataría 1-1 en Montevideo frente a Peñarol y en la revancha (otra vez en el estadio Tomás Adolfo Ducó), igualaría pero sin goles. Como en aquel entonces no había definición desde el punto de penal, se tenía que disputar un tercer encuentro en escenario neutral. Sin embargo, los uruguayos realizaron una oferta económica que en Boedo aceptaron y el decisivo choque se llevó a cabo en el estadio Nacional de Montevideo, con triunfo charrúa.


Los otros tres participantes de esta primera edición (en total hubo siete) fueron Jorge Wilstermann de Bolivia, Universidad de Chile y Millonarios de Colombia. Con el correr del tiempo, la Libertadores fue tomando una jerarquía internacional total, al punto de convertirse en la mejor competición de América por excelencia. En San Lorenzo, que todavía nunca la pudo ganar, todavía lamentan no haberse podido consagrar en el '60, en donde además, se hubieran enfrentado con el Real Madrid de Di Stéfano.