Los inversores habían puesto sus esperanzas en el "modelo Dilma", cuando ésta comenzó su gestión, a inicios de 2011: una reforma centralizada y bien planificada por una economista profesional con un estilo CEO autoritario, una diferencia de 180 grados con el encanto campechano de Lula da Silva, que nunca terminó la escuela primaria.
Pero los especialistas aseguran que hasta ahora el resultado ha sido una lenta expansión de la economía, una excesiva intervención gubernamental y un gasto público en crecimiento.
"A diferencia de Lula, ella tiene sus propias ideas sobre cómo funciona la economía y lo que el Estado puede y debe hacer", afirmó un economista brasileño.
El desencanto con Brasil comenzó a tomar forma durante el año pasado, cuando el Gobierno le dio a las compañías generadoras de energía un ultimátum para reducir sus tarifas o correr el riesgo de perder sus concesiones cuando lleguen a su vencimiento.
PUBLICIDAD
Además al Gobierno también se lo ve como excesivamente intervencionista, incluso cuando intenta hacer lo que es debido. En las fases iniciales de los paquetes de infraestructura se lo acusó de tratar de "microadministrar" la tasa de interés, según publica el diario Financial Times.
El otro desafío para Brasilia es administrar el entorno macroeconómico cada vez más complicado. Se espera que el crecimiento suba en forma paulatina hasta el 3% este año, con la ayuda de recortes fiscales y subsidios. Sin embargo, esto está generando inflación, y el próximo año podría llevar a un aumento de la deuda pública neta.
PUBLICIDAD