Historia de la vida privada en Corea del Norte

¿Cómo es vivir en la tierra de Kim Jong-un? El diario español El País reconstruyó el día a día a través de los escasos testimonios de quienes han residido allí

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El embajador inglés John Everard, destinado en la península entre 2006 y 2008, contó al diario español que la peor amenaza que viven los norcoreanos es el aburrimiento en los actos políticos. Siempre que le preguntaba sobre lo que se hablaba en los actos y en las sesiones de adoctrinamiento, le contestaban "No sé", lo que pensaba que era una manera de preservar el secreto, pero luego descubrió que se debía a que habían desarrollado la habilidad de ponerse en estado catatónico al escuchar las letanías sobre las bondades del régimen.

En verdad el mundo occidental poco sabe de lo que sucede en Pyongyang y en el resto del país, salvo por boca de refugiados y por los pocos occidentales que han vivido allí.

Everard escribió sus experiencias en Only beautiful, please pero ni él ni otras fuentes diplomáticas quieren hablar sobre la vida en Corea del Norte. Sólo una fuente accedió a hacerlo, a condición de no revelar su nombre, señala El País.  

Viaje a través de la noche

La vida es gris, hermética y jerarquizada, cuenta. "Con todas sus limitaciones, Pyongyang es una especie de paraíso proletario. Vivir allí es un premio porque no hay hambrunas y tienes más oportunidades, así que al que deja de merecerlo le meten las cosas en un camión y se lo llevan al campo. Esa amenaza genera cierta paranoia agravada por detalles como el control de las visitas en casas. Una reunión de más de uno es una conspiración. En los sitios públicos se puede hablar, pero nada más. Nada de tomarse una cerveza después del trabajo. A ellos no les gusta intimar".

Cuando se rompe el cerco que imponen y se habla con cierta soltura, los temas más abordados son la infidelidad conyugal o la conflictiva relación con los mayores.

Everard por su parte desmiente el estereotipo occidental sobre "norcoreanos bajitos desfilando sumisos. Los peinados de los Kim son divertidos, el culto a su persona estridente y las canciones que le dedican, de un patetismo cómico, nadie lo duda. Pero es un país real, donde vive gente real, cuyas vidas no giran alrededor de la política nuclear, sino de sus familias, sus colegas y las preocupaciones cotidianas".

En el país hay grandes diferencias sociales, y a los que no pertenecen a la casta superior les ofenden los bolsos caros que lucen las mujeres de los cuadros del partido o los misteriosos coches de lujo bendecidos con la matrícula "2.16" (en referencia a la fecha de nacimiento de Kim Jong-il, 16-02-1941).

La dieta es mala, compuesta casi exclusivamente por arroz, y fuman y beben alcohol de manera exagerada.


Secretos y mentiras


Everard detectó que la omnipresente propaganda ha perdido influencia y que los ciudadanos compran solo una parte de la misma. "No se creen que las montañas bailaran de alegría cuando nació Kim Il-sung, pero les parecía de mal gusto que les preguntara por esas cosas".

No es muy divertido ir al karaoke, porque todas las canciones versan sobre los poderes del Gran Líder. A la noche está casi todo oscuro porque no tienen combustible.

El ilustrador Guy Delisle tampoco quiso hablar para El País, pero en sus historias describe autopistas  de cuatro carriles sin coches. Cuando le preguntó a su traductor porque no había minusválidos, este le contestó: "Porque todos los norcoreanos nacen fuertes, inteligentes y saludables". El ex embajador británico aclaró la situación: los disminuidos son enviados fuera de la capital por motivos de imagen.

Es un lujo darse una ducha caliente, incluso con temperaturas de 20 grados bajo cero.

Delisle era supervisor de calidad de una empresa de animación y dio algunas pistas sobre el mercado laboral. El mercado es libre y la gente puede cambiar de empleo. Son trabajadores devotos, con ganas de que su país funcione.

"No conocí a nadie cuya ambición fuera servir en la jerarquía del partido", escribió Everard. Trabajan seis días a la semana. El ocio no es una prioridad del régimen, pero los norcoreanos buscan huecos para divertirse, casi siempre en grupo mediante paseos comunitarios, bailes en la calle o juegos.

A Delisle le parecieron chocantes tres aspectos: los niños prodigios entrenados por el régimen, la escasez energética y el inquebrantable pudor de las mujeres.

Con una sola cadena de televisión, media hora semanal de información internacional y no tienen internet.

El servicio militar dura diez años. El subte está 90 metros bajo tierra para que sirva también como refugio nuclear; los viajes en escaleras mecánicas son tan largos que se sientan en los escalones para leer.

."El racionamiento de la comida es otra forma de control", explica la fuente diplomática anónima. "Al obrero le dan un sueldo bajo y lo completan con alimentos que garantiza cada centro de trabajo. Así que si no trabajas en algo aprobado por el Estado, no comés".

Casi nadie tiene ducha en su casa. No tienen mucho para leer y cuando se va la luz quedan bajo la penumbra de los faroles. Para bien o para mal, así es Corea del Norte, el disparatado y peligroso reina de una dinastía de líderes alucinados.