Cuando fue llevada al cine, en 1974, Emmanuelle causó un escándalo mayúsculo y por años estuvo prohibida en muchos países, Argentina incluida. Aunque hoy pueda parecer ingenua, en el momento de su estreno era la primera vez que el sexo casual, serial e indiscriminado, y con una mujer como protagonista, llegaba a la pantalla grande. Eran tiempos en que de "eso" poco se hablaba y muchas mujeres todavía conocían el sexo sólo al casarse.
Algunas de sus escenas –la actriz protagónica, Sylvia Kristel, teniendo relaciones sexuales en un avión con perfectos desconocidos- quedaron como clichés del género.
Pero antes de llegar al cine, Emmanuelle fue una novela. O, mejor dicho, varias: las aventuras eróticas de una joven y hermosa mujer burguesa que decide infringir todos los tabúes en materia sexual.
El libro, además, se adelantó varios años a la película. La primera edición es de 1959 y se entiende por qué se publicó en forma anónima, sin indicación de autor ni de editor. En la prestigiosa publicación especializada, la Nouvelle Revue Française (NRF), André Breton y André Pieyre de Mandiargues la elogiaron abiertamente: "Su concepción del erotismo es optimista, radiante, luminosa, como un edificio que afirma la gloria del hombre liberado de la gleba y de las servidumbres antiguas".
Salvando las distancias, literarias y de trama, con Emmanuelle pasó algo similar a Historia de O, novela cumbre del erotismo: hubo que esperar muchos años para conocer la identidad del autor (ver: La increíble doble vida de la autora de la gran novela erótica del s. XX). Y, también aquí, contra lo que pensaba la mayoría, se trataba de una mujer y no de un hombre.
En efecto, casi una década después, el libro se reeditó, esta vez con firma: Emmanuelle Arsan. Era el seudónimo de una joven franco-tailandesa, que había escrito esa primera novela a los 20 años y ahora daba a entender que se trataba de sus memorias. Su verdadero nombre es Marayat Bibidh, nacida en 1932 y casada a los 16 años con un diplomático francés, Louis-Jacques Rollet-Andriane. Cuatro años de vida conyugal en Bangkok parecen haber sido suficientes para recopilar el material literario -¿y la experiencia?- que Marayat volcó en su primer libro. La joven llegó más tarde a incursionar en el cine junto a Steve McQueen en The Sand Pebbles (1966), en castellano, El Yangtsé en llamas.
Las siguientes entregas de la historia no conocieron el mismo éxito que la primera: Emmanuelle –la de ficción- se entrega a todo tipo de excesos, en materia de alucinógenos y viajes exóticos, que no conmovieron como sus primeras aventuras, cuando una recién casada aburrida era impulsada por un señor a incursionar en todas las experiencias sexuales posibles. Ella obedece, como una buena alumna. Algo no tan visible en la película, el libro es un alegato en favor del rechazo a los tabúes y de relaciones de pareja libres de celos, casi una utopía sexual.
Ahora, alentados por el éxito de las Cincuenta sombras de Grey, la editorial Belfond vuelve a editar las Emmanuelle. Un primer tomo ya vio la luz, conteniendo los dos episodios iniciales: La lección de hombre y La Antivirgen. En mayo, saldrá otro volumen doble -Los debuts en la vida y Los soles de Emmanuelle- y en junio será el turno de Emmanuelle en Roma y Aurélie.
En todo caso, como bien lo señalaron los autores citados, el de Emmanuelle no es un sexo gris como el de las Cincuenta sombras. Y hasta tiene una filosofía libertaria, como se dijo, mucho más expuesta en el libro que en el film, a través de largos parlamentos de Mario, el amigo que lleva a la heroína por el "mal" camino, el del sexo como liberación y no como servidumbre.