La argentina Máxima Zorreguieta había logrado una exitosa carrera como banquera, formando parte del Deutsche Bank en Nueva York y Bruselas, cuando conoció a su prometido, el príncipe Guillermo. Y desde aquel entonces, la joven se convirtió en la mujer perfecta para encajar en la Casa Real holandesa.
De a poco, con dedicación y sin perder su estilo propio, la princesa logró convertirse en una de las mujeres más elegantes de Europa. Sus outfits suelen ser halagados por la prensa especializada y muchas veces se destacan por sobre el resto de la realeza.
"El secreto de Máxima es que ella deja prevalecer su estilo personal. Si bien tiene una imagen protocolar y muy correcta, no deja de elegir colores que hacen lo que es ella, auténtica. Lo genial de ella es que en todos sus looks mantiene esa frescura", destacó la asesora de imagen Carolina Aubele.
Y agregó: "Uno no nace entrenado para ser quien es hoy Máxima Zorreguieta. Fue construyendo su imagen a medida que la fue necesitando. Creo que ella lo fue construyendo, fue buscándolo y lo más importante es que siempre fue dando pasos sólidos. De a poco, pero bien. Sin dejar de ser ella".
Su buen gusto por la moda siempre fue una característica de Máxima. Pero con el tiempo fue perfeccionando su estilo, desde la paleta de colores que mejor le sientan hasta los diseños que más la estilizan. Pasó de un estilo corporativo acorde a sus funciones como agente de inversiones en Nueva York a ser una de las mujeres con más charming de la monarquía europea.
Trajes sastre de corte clásico, chaquetas entalladas y faldas a la rodilla son algunas de las prendas claves que incorporó Máxima de Holanda mientras se desempeñó como princesa.
"La elección de vestimenta de una mujer perteneciente a la realeza es, sin duda, formal.
Prueba de ello fue la
que llevó en la Misa de Inicio de Pontificado de S.S. Francisco", resaltó
Karina Vilella
Pero cuando se trata de estar al aire libre en un paseo informal, los jeans, las pashminas y las camisetas se vuelven protagonistas en su outfit, algo que no siempre se ve en el ámbito de la monarquía.
Ser princesa impone varias obligaciones y, entre ellas, cumplir al pie de la letra con el vestuario que indica el protocolo. "No sé si Máxima usaba, por ejemplo, minifaldas que, dentro de un vestuario protocolar, no son aptas. El largo indicado son dos centímetros debajo de la rodilla, situación que no cumple de manera continua", indicó Vilella.
En las imágenes de más joven, se la ve con colores más bien sobrios como el beige o el ocre. Pero con el tiempo, fue incorporando más tonos y es una de las pocas mujeres de la realeza que se animan a los colores aun en los eventos más protocolares. El rojo es uno de sus favoritos, pero también apuesta a otras propuestas más osadas como el amarillo, naranja, fucsia y hasta el turquesa.
"Lo que más me llama la atención de ella es el color, es lo que la distingue y lo fue incorporando cada vez más. Y también las texturas, a veces elige texturas que no son del todo armadas, típico de lo protocolar. Recurre a telas livianas que no es tan convencional", agregó Aubele.
En ese mismo sentido, Vilella consideró que los tonos llamativos, el uso de estampas florales y hasta el uso de cuero como textura que incorporó en su guardarropa son propuestas "muy osadas para los cánones reales".
"Siempre fue una mujer muy sobria, distinguida y muy elegante. La elegancia no sólo tiene que ver con la elección de la vestimenta. No es sólo lo que se usa sino lo que le queda bien y cómo lo lleva", resaltó Susana López Zavaleta, quien trabajó más de una década como docente de ceremonial y protocolo en el Centro ex Becarios de la OEA.
La especialista también hizo hincapié en que no hay registros de que Máxima alguna vez haya fallado al protocolo. "Siempre con una actitud corporal impecable. Una presencia maravillosa. Siempre respetó el protocolo, pero siempre con esa espontaneidad tan de ella. Hasta de vacaciones siempre mantiene la postura, la elegancia, aun estando informal o de paseo, porque es así, es natural", concluyó.