El arte de la guerra y la III Revolución Industrial

Como ha acontecido desde el siglo XVIII con la primera Revolución Industrial, o del vapor, en la segunda de fines de la segunda mitad del siglo posterior, o la del hierro y el carbón, la tercera que nos acompaña embrionariamente desde la década de los 70 y a toda orquesta en los últimos 20 años, no dejará de tener profundo impacto en el campo de la Defensa y la política de poder. En todo caso, esta tercera revolución o la era del punto com, el GPS, el wi fi, los smart phones, las tablets y, pronto, los anteojos informatizados e inteligentes, se nutrió e interactuó con el campo militar desde sus orígenes.

Cabe recordar que la hoy masiva y cotidiana Internet tiene sus origenes en la Intranet del Pentágono y que si bien la red puede ser vista como global y sin código postal, sus principales servers están en territorio de los EEUU. Ni qué decir del servicio de GPS, un desprendimiento civil-comercial que nos brindan los 12 satelites del Departamento de Defensa de esta potencia. Podríamos remontarnos también al uso ahora popularizado del microondas y tantas otras tecnologías.

Este repaso por la más reciente revolución, nos ayudará a moderar o al menos matizar los diagnósticos catastrofistas o decandentistas que proliferan desde hace un lustro sobre el futuro del poder americano. Aun los activistas más militantes contra Washington y sus intereses, no dejan de usar seguramente la Internet, buscadores como Google, redes como Twitter, Facebook, productos Apple o Microsoft, el GPS, etc.

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Paradojas de la modernidad. Esta avalancha tecnológica que nos acompaña en cada momento del día y a algunos les hace creer que tienen "miles de amigos" se ve matizada por contrastes que nos deben alertar sobre generalizaciones sobresimplificadoras. Dos de las guerras más violentas y complejas que tuvieron y en cierta medida aun tienen los EEUU se dieron contra enemigos que usaron tecnologías en muchos casos de la segunda Revolucion Industrial y tácticas asimétricas más que tradicionales. Nos referimos a las campañas anti insurgentes llevadas a cabo en Irak y Afganistán. Así como el sistema de mensajeros que papel en mano permitieron a Bin Laden mantener contactos, parciales pero contactos al fin, con sus hombres post 11.9.

Desde ya que esta realidad no debe desorientar a los Estados de los desafíos de las nuevas tecnologías en su seguridad nacional. En este sentido, sobresale cada día más la capacidad de proteger y, llegado el caso, atacar la infraestructura informática y tecnológica propia y ajena. Todo ello ha abierto las puertas a intensos debates, estudios y programas referidos a la cyber guerra. La cual se desarrolla día a día de manera sigilosa y muchas veces no tanto. Basta leer medios de prensa internacionales para conocer casos de contundentes ataques con virus o gusanos contra el programa nuclear de Irán o la ola de ataques diarios que reciben los sistemas informáticos del Departamento de Defensa de los EEUU supuestamente provenientes de países como China y en menor medida de Corea del Norte y en algunos casos de los mismos países aliados de la superpotencia. El objetivo fundamental suele ser el robo de informaciones y datos y en otros casos el sabotaje y la destrucción de conocimiento.

Uno de los ejemplos mas difundidos de este mundo virtual ha sido el denominado caso Wikileaks en donde un suboficial desleal abrió las puertas para que el gran público tomara conocimiento de centenares de miles de cables reservados de agencias federales de los EEUU. Así como hackeos informáticos que han nutrido a Wikileaks de otra tanta información de diversos países, siendo el caso más reciente el del régimen de Assad en Siria. Todo ello, y lo que se vendrá, motivó que la Casa Blanca haya decidido crear un Comando especial para supervisar y coordinar las acciones en el campo de la defensa y el ataque de estos cyber conflictos, con un estatus similar a los otros Comandos militares más importantes del Pentágono.

Si en una época, y todavía hoy, lo central de un poder militar era entrenar y motivar a sus infantes, aviadores y marinos, actualmente cada día adquieren un rol más central los programadores y especialistas en informática y computación. Como escudos y o espadas del Estado contra enemigos y amenazas estatales y no estatales. A un país como Argentina, que ha descuidado tan agudamente la Defensa Nacional y el poder disuasivo en las últimas dos décadas, le parecería casi burdo preocuparse por los correlatos militares de la Tercera Revolución Industrial. No obstante, para bien o para mal, los decisores políticos que en un corto, mediano o largo plazo se dispongan a poner a la Argentina en una posición de capacidad creíble en el plano de la seguridad internacional, deberán preocuparse tanto de los aspectos más tradicionales y no por ello menos importante de la Defensa (calidad de los recursos humanos, armamento individual actualizado, suficientes reservas de munición, cadenas logísticas operativas, capacidad en operaciones urbanas, defensa antitanque y antiaérea, dotación de unidades de submarinos y de superficie operativas, radares que controlen el espacio aéreo, aviones para interceptar lo que se detecta, comunicaciones eficientes y encriptadas, etc) y combinarlos con una sinergia positiva con el plano del cyber ataque y la cyber defensa.

El hecho que la Argentina sea una creciente productora de software y que desde la década de los 80 ha demostrado tener una sociedad ansiosa por incorporar tecnologías informáticas a sus diversas actividades, da cierta esperanza de que se pueda avanzar en este sentido. Pero como sabemos, una cosa es tener el potencial para hacer las cosas y otras el hacerlas. De hecho, ese podría ser un logotipo luminoso de cualquier intento de etiquetar la historia Argentina de las ultimas largas décadas. Sin olvidar que reflexionar sobre este mundo digital, complicaría más de la cuenta el actual cliché de moda en ciertas esferas políticas y sociales argentinas: la decadencia de los EEUU. Seguramente el que hace esa reflexión usa toda la parafernalia tecnológica que nos brinda la innovación de los padres fundadores de Microsoft, Apple, IBM, etc. Paradojas de la era digital.

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