Hizo historia al ser una de las pocas personas en escaparse de un centro clandestino de detención. Sus memorias están recopiladas en un libro, Pase libre: la fuga de la Mansión Seré, que a su vez inspiró la película Crónica de una fuga, protagonizada por Rodrigo de la Serna y Pablo Echarri.
Pero, además de todo esto, Claudio Tamburrini es filósofo en ética y deportes, graduado en Suecia. Es que, al momento de ser secuestrado, Claudio era jugador de fútbol del Club Almagro y estudiaba Filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Profesionalmente, pudo unir ambas pasiones.
-¿Qué explora la filosofía de la ética y del deporte?
-Se trata simplemente de reflexionar sobre distintas cuestiones morales vinculadas con el deporte, qué es lo correcto y que es lo incorrecto en el deporte profesional y de elite, como la trampa, en general, o en particular el dopaje. También el nacionalismo deportivo, si es un fenómeno positivo o negativo para la sociedad, y el género.
-¿Cuáles son los temas vinculados con el género?
-Me interesa principalmente la discriminación sexual, como la económica, porque las mujeres cobran menos que los hombres. El tratamiento a los deportistas homosexuales es un tema difícil. La cuestión de los atletas intersexuales, como es el caso de la corredora sudafricana, Caster Semenya, que ganó el mundial de Berlín en 2008. Después de ganar la competencia, fue suspendida por la Comité Internacional de Atletismo, y se dispusieron nuevas normas para el tratamiento en 2010.
-¿Qué se plantea con respecto a las atletas intersexuales?
-Las atletas intersexuales son los que por diversas razones fisiológicas tienen hormonas masculinas, la testosterona, demasiado altas. Se determinó que está compitiendo con una ventaja deportiva en relación con sus colegas que no tienen esos niveles. A partir de la nueva normativa deben someterse a una cura de estrógenos para neutralizar los niveles de testosterona. Pero el deporte de alta competencia se centra justamente en las cualidades naturales. Y las mujeres intersexuales tienen esos niveles naturalmente, tal como otros tienen ventajas genéticas.
-¿Y con respecto a la separación entre hombres y mujeres en el deporte?
-La segregación sexual del deporte es importante. Mientras en todos los ámbitos de la sociedad se buscan crear una mayor integración y que compitan igualmente en todas las áreas, existe todavía un dominio masculino en el ámbito del deporte, donde no se permite competir a las mujeres contra los hombres, ni siquiera en las disciplinas deportivas en las que las ellas son mejores.
-¿Por qué está en contra del control antidoping?
-Primero porque es una intromisión en la privacidad individuo, es decir, para realizar los test de dopaje se necesita controlarlo. Muchos deportistas de notoriedad, como Nadal y muchos más, han cuestionado la obligación de los deportistas de informar a la Asociación Mundial Antidopaje donde se encuentran para ser controlados a toda hora, porque el controlante se presenta a cualquier hora del día, en cualquier contexto. Pero hay otros argumentos. Hay que reducir los efectos negativos del dopaje, sacando a la luz la práctica. Es muy probable que una prohibición del dopaje genere más daño que lo que se generaría si el doping fuera permitido.
-Se acercan los Juegos Olímpicos, ¿a qué se debe la pasión con que se hincha por el propio país en estos eventos deportivos?
-El fenómeno del nacionalismo es palpable en el día a día, no solo en el deporte, sino también en el ámbito de la política internacional o de la reivindicación de las propias pautas culturas, hay un arraigo y un sentido de pertenencia. Y el deporte es cierto que lo exacerba, y lo hace muchas veces de forma negativa o exagerada. Es difícil decir el por qué. Hay un elemento psicológico, no solo sociológico, que tiene que ver con la transferencia de las expectativas y de las fantasías de los sueños de los aficionados en el deportista o en el equipo que triunfa. Hay una necesidad de ver a la propia nación o comunidad como superior a las demás para poder sentir seguridad.