Nuevos tratamientos para combatir la angustia

Muchas personas están eligiendo las recetas de videntes, libros de autoayuda y El arte de vivir para terminar con su dolor. Infobae América consultó a especialistas

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Muchas de las terapias alternativas ofrecen algo tentador: solucionar los problemas y señalar el camino de la felicidad. ¿Pero puede ser todo tan fácil?

"Con la farmacología y las terapias alternativas se difunde la ilusión de que la angustia se va a resolver rápido, aunque sea algo muy complejo. Son tratamientos que producen ciertos efectos, pero superficiales y transitorios. En cualquier momento las personas vuelven a sentir el mismo malestar o uno distinto. No se resuelve la causa de la angustia", aseguró Enrique Novelli, psicoanalista de APA (Asociación Psicoanalítica Argentina), en diálogo con Infobae América. ¿Por qué tienen tanto éxito entonces?

Respuestas espirituales

La literatura de autoayuda vende anualmente millones de libros en todo el mundo. Desde Osho en la India, hasta Paulo Coehlo en Brasil, casi todos los países tienen a escritores de este género entre los más leídos.

Los une la importancia que le dan a la espiritualidad y a la capacidad que tienen las personas de hacer uso de ella para superar todos sus malestares y frustraciones. Por eso los autores abundan en consejos y recetas que, suponen, cualquiera puede aplicar obteniendo grandes resultados.

En un estudio publicado en la revista Psychological Science, la psicóloga canadiense Joanne Wood contó cómo esos libros pueden producir un efecto contrario al que se proponen. Frases como "tú puedes" o "eres el mejor", que pretenden inflar el autoestima, terminan aplastándolo, porque entran en contradicción con la imagen que las personas inseguras tienen de sí, y las deprimen aún más.

Otro ejemplo es de El arte de vivir, la organización fundada en la India por Sri Sri Ravi Shankar. En cursos de siete días enseña técnicas de respiración para manejar las emociones negativas. "Uno puede eliminar todo lo que no quiera tener", aseguró Beatriz Goyoaga, coordinadora en la Argentina.

Lo que une a los libros de autoayuda y a El arte de vivir es que ofrecen respuestas express. Leer algunas páginas o asistir a un par de encuentros sería suficiente para solucionar las grandes angustias de una persona.

Otro es el caso de terapias como el yoga y el reiki, que también apuntan a eliminar el sufrimiento psíquico y físico cultivando la espiritualidad interior, pero no se presentan como soluciones rápidas. Son tratamientos que necesitan continuidad en el tiempo para producir efectos.

El malestar en las grandes urbes

"Las condiciones de vida en las ciudades desencadenan parte de las búsquedas espirituales. Las formas de trabajo, el tiempo que se tarda en llegar, la aceleración propia de la vida urbana. Las personas sienten que eso provoca enfermedad en un sentido amplio. Ansiedad, angustia, estrés y contracturas musculares", afirmó Mercedes Saizar, doctora en cultura y sociedad e investigadora del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, de Argentina), consultada por Infobae.

Entonces, una vida acelerada y carente de espiritualidad se busca compensar con terapias espirituales. "Las personas están impulsadas a ir más allá de las religiones tradicionales, donde todo está más pautado y uno se inserta en una institución. En las nuevas búsquedas espirituales no hay tantos marcos morales, ni tantas reglas a seguir, sino que hay un encuentro de sí mismo y una relación con lo sagrado sin mediación de las instituciones", agregó Saizar.

¿Por qué se rechazan las formas más institucionales? Porque otro rasgo de la vida en las metrópolis es la individuación. Las personas ya no se mueven en grandes grupos humanos, sino que buscan ellas mismas encontrar respuestas y organizar sus vidas. Los sistemas de valores colectivos que indicaban las máximas del bien y el mal ceden su paso a las éticas individuales.

Así se explica, por ejemplo, el éxito de la literatura de autoayuda. "Algunas personas -según Saizar- toman la lectura de esos libros como una forma de autotratamiento, como una terapia en sí, para buscar por ellos mismos el camino del bienestar".

¿Se puede vivir sin angustia?

Lo que muchos critican de algunas de estas respuestas a la angustia es que, apoyadas en la demanda social de supresión inmediata del sufrimiento, ofrecen efectos rápidos, pero sin preocuparse por las causas del fenómeno.

"Esto provocó la declinación de terapias como el psicoanálisis, que es considerado lento. Eso es cierto, pero se debe a que trabaja sobre las causas de la angustia", aseguró Novelli.

Otro de los aspectos más criticados de los nuevos tratamientos es que algunos buscan disminuir la incertidumbre diciéndoles a las personas lo que tienen que hacer. El mejor ejemplo lo da El arte de vivir, que expresamente se propone enseñarles a las personas lo que deben hacer para vivir mejor.

Por eso muchos sostienen que los resultados que se obtienen con esos cursos o con los libros de autoayuda son superficiales y de corta duración. En definitiva, no parten desde adentro de la persona, sino desde afuera.

"¿Qué es más adecuado -se preguntó Novelli-, que la persona bajo tratamiento siga determinadas directivas como mandatos o que vaya encontrando sus propias respuestas con la ayuda de un terapeuta?".

Más allá de cómo decida pararse cada uno frente a su propia angustia, de si decide iniciar un tratamiento, cambiar su modo de vida o no hacer nada, hay una serie de riesgos no se pueden obviar. Por un lado, es un problema que una terapia prometa más de lo que puede cumplir, porque puede aprovecharse de personas que están muy vulnerables. A fin de cuentas, ¿se puede vivir sin angustia?

Por otro lado, si se admite que el sufrimiento psíquico es algo que forma parte de la existencia humana, es problemático culpabilizar al angustiado por su dolor y sus dificultades para vivir, porque eso incentiva la frustración de quien sufre. Nadie es un fracasado ni un enfermo por angustiarse. Entonces, lo menos que se le puede pedir a un tratamiento que pretenda contribuir al bienestar mental es que sea honesto. No se trata de ser feliz todo el tiempo, porque eso sólo pasa en los cuentos. Bajando un poco las expectativas, el objetivo puede ser que el dolor y los miedos no paralicen. Se trata de aprender a convivir con la angustia.