"Gao kao" o gran examen. En China, los estudiantes que salen del colegio secundario se enfrentan a este examen de admisión a las universidades superiores en el que se juegan todo. Y todo significa su prestigio, su status social y su carrera profesional.
Este junio, casi nueve millones de jóvenes chinos se enfrentarán a situaciones de angustia ante la alta exigencia de sus profesores y familiares: desde pequeños fueron educados para vivir el día "más importante de sus vidas".
Los hospitales se preparan para atender más casos de estrés y pánico que en cualquier otro momento del año. Según el sitio China Files, muchos médicos prescriben pastillas de control natal a las mujeres, ya que sus padres consideran que las hormonas pueden afectar su estado de ánimo. Las internaciones por depresión y los desmayos son comunes horas antes y durante la prueba: el cansancio puede ser el peor enemigo.
Bajo el consejo de sus padres, los estudiantes consumen pastillas para dormir y para la concentración. También pueden contratar a las "niñeras gaokao", profesoras especializadas en entrenamiento para este complicado examen.
Las situaciones límites no escasean durante estos días. La tasa de suicidio por el estudio es común entre los jóvenes que no tuvieron éxito en el "gao kao". La presión se siente en el extenso territorio de China. El trabajo de brujos, metafísicos y magos aumenta en los meses previos al examen, pues los padres buscan que influyan en la capacidad mental de sus hijos, como así también en su suerte.
El caso más resonante se conoció en mayo de este año. A través de Weibo -el twitter chino-, un usuario subió una foto en la que casi 50 alumnos chinos se inyectaban aminoácidos en un instituto de la provincia central de Hubei mientras preparaban la prueba de selectividad. La presión aumenta para los jóvenes de familias campesinas, que tienen en sus manos la posibilidad de convertirse en la primera generación en acceder a estudios superiores.
Desde hace cinco años, existe una línea de atención especializada para ayudar a los estudiantes en estos momentos difíciles. Pero la tasa de suicidio por el fracaso estudiantil que sienten los jóvenes da cuenta de que la solución no es suficiente.
La competencia para entrar en una universidad china es mucho mayor que en las universidades occidentales por la cantidad de cupos, en relación con los nueve millones de postulantes. China sólo cuenta con 6,85 millones de cupos universitarios. Las universidades de Beida y Tsinghua aceptaron 800 nuevos estudiantes (600 de Beijing y 200 de otras provincias) de los 80.000 y 195.000 aspirantes respectivamente, según el Shanghai Daily.
Las escuelas de estudio superior no sólo tienen puntajes mínimos para poder ingresar al sistema de aplicaciones, sino que también responden a un cupo por regiones, para que haya una equidad de acceso entre todos los estudiantes de China.
Si no es aceptado en la universidad que aplicó, un joven chino tiene la posibilidad de acceder a las universidades regionales, si es que su puntaje se lo permite. El año entrante podrá presentar el examen nuevamente, aunque no está bien visto en la sociedad asiática porque quita prestigio y status social.
Más allá de los métodos legales e ilegales para mejorar el rendimiento, las innovaciones tecnológicas ya llegaron a las salas de exámenes. La policía detuvo a alrededor de 15.000 jóvenes sospechosos de vender equipos para hacer trampa. Audífonos de plástico, relojes y dispositivos con "Wireless" fueron reportados en el junio negro de 2012.