El conflicto en Siria exacerba las tensiones religiosas en Oriente Medio

Los enfrentamientos desde hace más de un año oponen a una mayoría sunita a la minoría alauita en el poder. Varios expertos observan las repercusiones que podría traer en la región

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Más de 10 mil personas han muerto en la violenta represión llevada a cabo por el régimen de Bashar Al Asad de la rebelión que prendió primero en los barrios y regiones sunitas del país. Inicialmente pacífica, la protesta se ha militarizado progresivamente y ahora los combates más frecuentes son los que oponen a los "desertores" al ejército y a las milicias favorables al régimen.

El mundo árabe se muestra profundamente dividido frente a este conflicto. "La situación en Siria las acentúa", asegura Paul Salem, director para Oriente Medio del Centro Carnegie, con sede en Beirut. A su juicio "se combinan una escalada regional" entre Irán y los países del Golfo y "una tensión religiosa".

El analista iraquí Ibrahim al Sumaidai observa también una crispación entre la "media luna chiita" (Irán, Irak, Siria y una parte de Líbano) y "países como Arabia y Catar que quieren poner fin al régimen de Bashar Al Asad por motivos religiosos".

Siria está gobernada desde medio siglo por la minoría alauita, una emanación del chiismo. Arabia Saudita y Catar están dirigidos por wahabitas, quienes defienden una interpretación estricta de la religión y consideran herejes a los chiitas y a otras ramas del islam. Los dos países quieren armar a los rebeldes sirios mientras que los países de mayoría chiita como se oponen y rechazan la salida de Al Asad.

Estas tensiones se hicieron patentes en la cumbre árabe de Bagdad el pasado 29 de marzo. El primer ministro catarí Cheikh Hamad explicó que "el bajo nivel de representación de países del Golfo era un mensaje al gobierno de Irak". "No estamos de acuerdo con toda la política de Irak respecto a una parte (de la población) incluidos los sunitas, que están marginalizados", hizo saber.

Por su parte, el primer ministro chiita iraquí Nuri Al Maliki también se mostró firme ante Catar y Arabia Saudita. "Rechazamos el envío de armas (a la oposición) y todo proceso que lleve a un derrocamiento del régimen porque agravaría la crisis en la región", dijo el domingo. "Estamos en contra de la injerencia de algunos países en los asuntos internos de Siria y esos países tienen intención de interferir en los asuntos internos de todos los países árabes", acusó.

Al mismo tiempo, Catar, y luego Arabia Saudita, recibían al vicepresidente iraquí sunita Tarek Al Hashemi, reclamado por la justicia de su país y en conflicto "confesional" con Maliki.

Para Mahjub al Zuwairi, profesor en la Universidad de Catar, "la discordia religiosa empezó en 2003", cuando una coalición liderada por los Estados Unidos derrocó a Sadam Husein, poniendo fin a décadas de poder sunita.

Para este profesor jordano, los países del Golfo tienen "una postura unificada" respecto a Irak, que es considera como "secuaz de Irán en lo que se refiere a Siria". "Irak teme que un poder salafista (radical sunita) suceda a Bashar Al Asad y considera que su sistema laico es mejor que un régimen sunita", apunta Sumaidai.

Para el ex consejero (chiita) para la seguridad nacional iraquí, Muafaq al Rubaie, "al adoptar una postura confesional sobre Siria, los países (dirigidos por los sunitas) del Consejo de Cooperación del Golfo juegan con fuego y corren el peligro de provocar un incendio en toda la región".